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COBERTURA ESPECIAL

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Lunas de Octubre será el primer encuentro literario registrado en un cortometraje que promete ser toda una obra de arte, digno de ser difundido y presentado en festivales cinematográficos de México y del extranjero.

Jesús López, Rael Salvador, Karina ,EdMOONdo, Silvia Tomasa, Alanís, el Negro
y Daniel Sada

Ecos Lunares

Por Edmundo Lizardi

—Fundador del Lunas de Octubre, especial para Culturadoor.com—

Día de publicación: 25-Octubre-2008
LA PAZ, BAJA CALIFORNIA, SUR.- Con la explosiva carga de alrededor de 50 poetas y narradores, 35 de ellos procedentes de diversas partes del país y del extranjero, la nave de la V edición del Encuentro Nacional de Escritores, Lunas de Octubre 2008, llegó a buen puerto la noche del pasado sábado 18 en la terraza del ágora de la Casa de la Cultura de Cabo San Lucas, ubicada en el estratégico Cerrito del Timbre.

El evento fue inaugurado el jueves 16, en el patio del antiguo palacio municipal de La Paz, con la presencia de la directora del Instituto Sudcaliforniano de Cultura, Elsa de La Paz, quien pronunció un discurso de apertura y de bienvenida en el que deslindó la cultura, y a esta clase de iniciativas de la sociedad civil como Lunas de Octubre, de las veleidades políticas e ideológicas, rescatando así el espíritu original que llevó a la creación de los institutos de cultura estatales como organismos descentralizados, en coordinación con el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Las mesas de lectura empezaron a la hora del crepúsculo ante una muy buena asistencia, considerando la falta de publicidad en la prensa local que, como es su costumbre en esta clase de eventos, brilló por su ausencia.

Los primeros en lanzarse al ruedo fueron los poetas Raúl Acevedo Savín( nativo de Cedros, pero radicado en Hermosillo), Francisco Morales (Tijuana), y la dramaturga paceña, María León Berdejo.

El novelista e historiador tijuanense, Marco Antonio Samaniego, presentó su novela Tiempo imaginario(Premio Estatal de Literatura 2006, en BC), con los comentarios del escritor portilusino, Ramón Cuéllar Márquez, para luego dar paso a las siguientes mesas de lectura en las que desfilaron Lorena Durán(La Paz), Karina Balderrábnano(Tijuana), y el narrador nativo de Mexicali, de raíces coahuilenses, radicado desde los años 70 en la Ciudad de México, Daniel Sada, Premio Villaurrutia 1992, uno de los escritores mexicanos con mayor proyección en el plano internacional, que en unas semanas viajará a Barcelona para el lanzamiento de su más reciente novela: “Casi nunca”, bajo el globalizado sello editorial de Planeta.

Esta primera jornada culminó con el espectáculo- instalación narrado en cuatro tiempos: Bahía, “un remanso en vuelo de la memoria”.

Al día siguiente, las Lunas… se asomaron a partir de las once de la mañana, con la poesía y narrativa de Keith Ross(Los Cabos), Juan Pablo Rochín(La Paz), María Luisa Arriola(Tijuana), Fidelia Caballero( Hermosillo), Alejandra López(La Paz), Raúl Cota Alvarez(La Paz), Mara Romero(Hermosillo), Claudia Luna(Coahuila), Alejandro Campos Oliver(Cuernavaca), y Julieta Cortés(DF).

Alrededor de las dos de la tarde, el lunático poetariado inició la marcha hacia la Terraza del Perla, que fue tomada por asalto ante el azoro de mis amigos y camareros estrellas, el Hugo Ceseña y el Perico Amador, así como del siempre alerta Capi, que sudaron la gota gorda para acomodar las mesas y atender a tanto exótico personaje que ni Walt Disney, Corín Tellado, Steven Spielblerg, Kafka, García Márquez o Ernesto Alonso, hubieran inventado.

Un elenco de antología con el que el cineasta paceño, recién retachado de París, Josué Mendoza Alemán, se dio un festín. Lunas de Octubre será el primer encuentro literario registrado en un cortometraje que promete ser toda una obra de arte, digno de ser difundido y presentado en festivales cinematográficos de México y del extranjero.

Cervezas y cocteles de mariscos fueron devorados frente a un mar que poco a poco recobraba sus colores enturbiados por el paso de Norbert, para luego de un paréntesis en el hotel Araiza Palmira, regresar al antiguo palacio municipal a reanudar las sesiones de lecturas.

En la quinta mesa lunar estuvieron Marta Piña (DF), Lauro Acevedo(Ensenada),Gabriel Rovira(La Paz), Francisco Luna(Hermosillo), y Enrique Servín(Chihuahua).

Entró entonces en escena, el dramaturgo y poeta sudca, Christopher Amador, con la presentación de su libro de poemas, “El mar es el silencio que hace Dios para no pesar en la tierra”, comentado por el también poeta y ensayista, autor del célebre poema Balandra, Dante Salgado.

La sexta y última mesa cumplió con las expectativas del cierre en La Paz:

José Luis Martínez(DF), Armando Alanís(Coahuila), Marco Antonio Jiménez(Coahuila), Silvia Tomasa Rivera(Veracruz) y Efraín Bartolomé(Chiapas).

Y ¡CORTE!, DIJO EL Fellini de Chametla, Josué Mendoza Alemán, quien con el comundeño Giovanni siempre a su lado cámara en ristre, no perdía detalle de los acontecimientos.

Y fuímonos a continuar con el encuentro alrededor de la alberca del hotel, con la voz agarrosa del Paco Luna y su jarana, y el fino cantautor sonocalifórnico, Juan Pablo Aldaco, encendiendo la hoguera de la fiesta.

Claro, no faltaron quienes siguieron su propio rumbo en la húmeda noche porteña, por bares y congales ya famosos en el resto del país gracias a los más disipados cronistas lunáticos con valiosos espacios editoriales allende el Bermejo y el Paralelo 28 .

RUMBO A LOS CABOS

Al filo del mediodía del sábado empezó la procesión lunar hacia Los Cabos, vía Todos Santos, donde quienes íbamos en vehículos particulares y rentados, hicimos una escala para un refrigerio en el Hotel California, que nos recibió con el ya mítico tema de The Eagles…que, según el Enano Moyrón, aquí fue creado allá a principios de los años 70..

“In a dark desert highway/ cold wind in my hear/ warm smell of colitas/ rising up through the air/ good night said the nightman/ We are program to recieve/ you can check in any time you like/ but you can never leave…”

“Puedes entrar cuando quieras, pero nunca te podrás ir…”Pero el Cerrito del Timbre de San Locos, nos esperaba… y desafiando la sentencia de uno de los más acabados poemas de la cultura rockera, nos tuvimos que ir, pero sin llegar muy lejos, pues el llamado de la palapa del Art and Beer, pasando El Pescadero, fue ,como en años anteriores, irresistible.

Clamatos, cervezas y mariscos en diferentes combinaciones, frente al Pacífico y el desierto florecido. Una atmósfera que hizo aullar de felicidad sobre todo a los escritores procedentes de Tierra Adentro.

“!Alucinante, pelao!”, exclamó el gran poeta y amigo torreonense, Marco Antonio Jiménez, abrazado a su inseparable musa, la bella Susy. “!!Maravilloso!!”, secundó el políglota y erudito escritor de Chirusa(Antes Chuihuahua), Enrique Servín. “Súper chidooo!!!”, deliraron las chilanguitas Dulce Chiang y Julieta Cortés. “Wauuuuooo”, gritaron los fronterizos bajacalifornianos.”Ta cabrón”, corearon los sonorenses Luna y Savín.

Pero el destino era Lost Caos, y hacia allá nos dirigimos luego de disfrutar las de “la casa”. Con un poco de retraso, ya con la luna sobre el Faro viejo, abrieron fuego la paceña Ana Rosschandler, el sonocalifórnico, Juan Pablo Aldaco(a sus 19 años, el más joven de los participantes), la performera defeña, Dulce Chiang, el cronista sonorense y catedrático de la California State University, Manuel Murrieta, y su colega del Chandler-Gilbert College de Arizona, David Muñoz.

Y todo quedó al punto para el mano a mano entre la diva veracruzana, Silvia Tomasa Rivera, y el chamán chiapaneco, Efraín Bartolomé, de nuevo juntos bajo la luna sudcaliforniana en dos excepcionales noches consecutivas.

Y una vez apagado el último verso, se hizo la fiesta, el convivio, con la vibrante escenografía del paisaje urbano de San Locos, como telón de fondo.

!Corté!, volvió a gritar Josué Fellini Alemán…Pero luego recapituló y ordenó:”!!Acción!!. Y se fue al abordaje del barril de cerveza, la tequila y los bocadillos.

Algún tinaco observaba la escena con ojos de sabiduría, preguntándose cómo es posible que hayan llegado a nuestro país los gringos, esos seres que han tomado por el mango los controles que mueven a esta ciudad donde el modernismo se siente en las venas con sólo ingresar por sus entradas bloqueadas por bastimentos humanos que producen una vida artificial.

PRESENCIA

Extranjeros en su propia tierra

Por David Alberto Muñoz

—Enviado de Culturadoor.com—

Día de publicación: 25-Octubre-2008

Los Cabos.- La ciudad olía a dinero verde, de esos billetes que se fabrican detrás del alambre que mucha gente desea saltar. El diplomático, inventor y estadista Benjamín Franklin, junto con el presidente Ulysses S. Grant, bebían uno de tantos tragos exóticos ofrecidos por los cientos de bares, cantinas y restaurantes, que parecen ser la misma espina dorsal de este centro costero. Las construcciones se elevaban dando un aire de supuesta aristocracia; con altivez, con un peculiar engreimiento, este emporio nos miró directamente a los ojos para querer hacernos sentir menos. Era una mujer que se vestía quitándose la ropa, agarrando sus propios senos, intentado seducir los bolsillos de miles y miles de turistas que todos los días llegan como si fuera el patio de atrás de sus casas para hacer el desmadre que no se atreven en su propia tierra.

Los contrastes no se podían ignorar. Frente a edificios en estado de construcción, palmeras se doblaban con esfuerzo; caían como llorando su suerte, lamentando el haber recibido con palmas abiertas al extranjero que llegó para conquistar el suburbio. Estos entes están siendo consumidos por el urbanismo, un politiquismo disfrazado de bienestar que avienta literalmente a la naturaleza para forjar con cemento y barras de hierro su presencia, mientras una humilde marisquería intenta competir con los grandes latifundios comerciales, donde se venden las cervezas entre los diez y veinte dólares, sí, de los verdes, tomando en cuenta que hora del día es, total, ya que están ebrios no hay problema. Algún tinaco observaba la escena con ojos de sabiduría, preguntándose cómo es posible que hayan llegado a nuestro país los gringos, esos seres que han tomado por el mango los controles que mueven a esta ciudad donde el modernismo se siente en las venas con sólo ingresar por sus entradas bloqueadas por bastimentos humanos que producen una vida artificial.

—Aquí los americanos te miran como si fueras de otro planeta. ¡Te discriminan!—me comenta una joven muchacha que me hace recordar que mi hija ya es también de esa edad.

—Explícame—le pregunto.

—Cuando vas a los restaurantes en esa zona ni parece que estás en México. Todos son estadounidenses, te sientes como si estuvieras en el extranjero. A mí no me gusta venir a Los Cabos, se respira otro aire. Si vas más hacia las afueras de la ciudad vas a ver mucha pobreza. Los locales ni vienen al centro. Ahí encuentras nada más turistas.

¡Qué curioso! Se sienten extranjeros en su propia tierra.

En medio de toda esta urbanización levantada por el hombre, los cactus se endurecen convirtiéndose en un símbolo fálico que parece gritar:

—¡Todavía estamos aquí! ¡Nos estamos cogiendo a esta pinche ciudad!

En medio de este marco contradictorio, los escritores llegaban uno a uno después de haber visitado los bares locales, (aunque algunos se escandalicen), o haber pasado casi dos horas viajando en un autobús que tenía impreso: Unidos vamos por más CULTURA Gobierno de Baja California Sur. Y haber bebido dos o tres pócimas embriagantes, dicho nuevamente con el debido respeto, total, ya me mandaron al infierno más de cuatro, y lo importante aquí es describir el medio ambiente que existía la última noche de Lunas de Octubre.

La oscuridad hizo acto de presencia. Desde lo alto de la casa de la cultura observábamos un Los Cabos distante, lejano. Con cierta timidez se acercaba lentamente, como deseando asomarse para ver que estaba pasando en medio de lecturas que continuaban con un alto contenido poético. Edmundo Lizardi se movía con esa sagacidad que obtiene los escritores, saludando, carcajeando, estrechando manos e incluso poniendo un hasta aquí cuando alguno se pasaba de la raya. Murrieta leía con esa voz acentuada tan particular, disertaba sobre una visión muy bien delineada, sin utilizar contrastes, más bien, cambiaba los papeles para mostrar el otro lado de la moneda. Efraín Bartolomé, pronunciaba sus líneas con voz sideral, Juan Manz, con vocablo de hierro leía:

—Pueblo…país perdido/devorado por sus calles/Soledad de acera sin esquina ya posible…

Mientras que Paco Luna tomaba su instrumento comenzando a cantar acompañado por unos bongos en medio de una noche donde las letras perduraron, y a la distancia, solamente se percibían destellos de luces espurias convertidas en fuegos artificiales que dieron cierre a otro encuentro literario bajo las lunas de octubre.

Uno a uno los escritores fueron desapareciendo. Entre abrazos, besos, buenos deseos, promesas de correos, invitaciones hechas al punto pedo, con mucha sobriedad, canciones entonadas en el tono de RE, paradas obligatorias en un Oxxo, para limpiar las vejigas, y comprar más “soda” para no ir tan secos, mientras que los literatos no enviciados simplemente sonreían uniéndose a la celebración donde descubrimos, que en nuestra propia tierra ya somos extraños.

Fue Lunas de Octubre, y estamos anticipando la próxima.

© 2008 Fotos y texto
David Alberto Muñoz, Ph.D.
Faculty Philosophy & Religious Studies
Chandler-Gilbert Community College
2626 East Pecos Road
Chandler, Arizona 85225-2499
(480) 732-7173
david.munoz@cgcmail.maricopa.edu

Por varios años te daba miedo salir a la calle, porque pensabas que alguien te iba a preguntar algo, y tú no sabrías cómo contestar.

PRESENCIA

Texto leído en el V Encuentro Literario Lunas de Octubre 2008

Todavía no acabo

Por David Alberto Muñoz

Día de publicación: 24-Octubre-2008

Despertaste una mañana y fue cuando te diste cuenta. Ya no estabas en tu barrio. Las calles que te guardaban el sueño ya no eran cuarta de Cajamarca o Iquique; el Bosque de los Remedios ya no te invitaba a ingresar en aquellas cuevas, donde siendo aún adolescente, ibas con tus amigos de la prepa para jugar botella, y agarrar lo que pudieran, ya que todos estaban en la antesala de su propia sexualidad.

Desde la esquina de tu casa se podía ver todavía al Popo y el Iztla. Muy temprano los volcanes despertaban con un cántico azteca, esa flauta emitiendo sonido autóctono, mezclado con el ronquido de violines, trompetas y guitarras, mientras el grito de dos borrachos que quedaron tirados en la zona verde del Fraccionamiento las Américas, acallaba el despertar de una urbe capital en plena madurez.

Es un México que ya no existe. Un territorio donde aprendiste a decir: “Con permiso, usted disculpe, tenga la bondad, de ninguna manera, después de usted, como usted lo prefiera…”

Se decía entre los barrios más bajos, que aún el bolerito más humilde mamaba educación proyectada en diptongos o pleonasmos mal construidos, pero eso sí, llenos de humanidad, ahogados con un respeto que con el paso del tiempo se convirtió en cinismo.

El ir al centro de la ciudad era toda una aventura. Tomar el camión en el periférico frente a Echegaray en dirección a Tacuba, donde el mentado metro ya existía llevando y trayendo gente, y te trasportaba al mismo Zócalo capitalino solamente cambiando de líneas. El poder ver en vivo y a todo color el Monumento a Cuauhtémoc, El Ángel de la Independencia, el caminar por la Zona Rosa simplemente con el deseo de entrar en los lugares prohibidos, con esa inocencia oliendo a pendejada que producía que tus pasos te llevaran al Castillo de Chapultepec, donde imaginabas a Juan Escutia envolviéndose en la bandera mexicana, y lanzándose al vacío antes de ser capturado por manos enemigas.

No podía faltar la taquiza que te pondrías a eso las de siete u ocho de la noche, una vez llegada la hora culinaria de unidad nacional. ¿Quién fue el que dijo: México es un país con cara de taco? Todavía sientes la salsa escurriéndose de tus manos, y ese incomparable aroma a carne, sesos, o tripita, que años después tanto anhelaste.

Aquella mañana cansada descubriste que habías cruzado la frontera. Los dioses de Tlaloc te habían guiado por la trinchera más vigilada del planeta. De pronto, el panorama cambió. Las calles eran amplias y bien diseñadas. Ni siquiera podías pronunciar bien los nombres de las avenidas. Los pobladores hablaban una lengua extraña, y aunque a ti te habían enseñado en la escuela cómo decir: “Good morning! How are you! My name is Rigoberto Pantoja Maldonado Nuñez.” Tú no entendías qué chingados te decían.

Por varios años te daba miedo salir a la calle, porque pensabas que alguien te iba a preguntar algo, y tú no sabrías cómo contestar. Te reías de todo. A lo mejor te decían: “Eres un idiota. You are an idiot!” Y tú simplemente sonreías ante tu incomprensión.

En la High School, hasta sacaste malas calificaciones porque para cuando tú entendías la pregunta, pensabas tu respuesta, la traducías, y la ponías en el papel, ya era hora de entregar el examen.

Todo cambió súbitamente. La gente no era educada como en tu tierra. Las familias no comían juntas, al contrario, te diste cuenta que la onda del otro lado de la frontera era vivir por separado. Todos se sorprendían que tú, teniendo 25 años, siguieras viviendo en la casa de tus padres. Eso te hacía sentir mal. Alborotaba tu ego construido por una cultura de machos donde todos se juntan los sábados por la noche a beber tequila, y a cantar Juan Charrasqueado, para a la mañana siguiente, llevarle serenata a la mujer, y con lágrimas en los ojos pedirle perdón.

Descubriste que los gringos son muy especiales. Recuerdas la primera vez que un agente de tránsito te detuvo. Estabas acostumbrado a darles un dinerito por debajo de la manga. El tipo se encabronó a lo máximo. Te pidió seguro del carro. ¿Seguro? ¡Casi gritaste! En los United Estates tienes que estar asegurado para todo, seguro de casa, seguro de vida, seguro médico, para los accidentes inesperados, si de pronto pasa una catástrofe natural tienes que estar preparado. ¿Qué vas hacer sin seguro? What if?

Por el amor de Dios, pensaste, en México lo qué le importa a uno es tener que comer, y por lo menos algo extra para salir con la novia, los amigos o la familia. ¿Quién se va a preocupar por lo qué “puede” pasar? Hay seguros hasta para que te entierren, tú compras tu propiedad de cementerio, y hasta te dicen: Buy it now use it later! ¡Compre ahora, úsela después! Con decirte que hasta puedes asegurar a tu perro o a tu gato. ¡Eso sí causa risa! ¡Imagínate nada más! ¿Cuántos perros mexicanos van a empezar a organizarse para obtener seguro médico en nuestro país?

Pero en fin, no sé qué pasó, pero poco a poco empezaste a cambiar. Te adaptaste al sistema. Lentamente, como no queriendo. Todos los fines de semana vas con tu familia al Mall vestido de shorts bermudas, con tu camiseta y gorrita de los Yanquis de Nueva York, y comes en Olive Garden, Red Lobster o Macayo’s, si es que quieres el sabor de tu tierra interpretado. Platicas con los locales sobre la economía, cuánto te costó tu troca, y hasta planeas tu cena de Thanksgiving recordando a los fundadores de tu nueva nación. Sí, ya tienes otra nación. Estás más apegado al norte. Te juntas con gente de Sonora, Sinaloa y Baja California, se te pega el acento, tu hablar confundido se manifiesta sobre todo cuando trabajas con gringos, chicanos, México-americanos, argentinos aristócratas, y muchos paisas, que te enseñan apreciar la música de banda, y si antes escuchabas a Enrique Guzmán y Angélica María, ahora te delitas con los Tucanes de Tijuana y los Intocables.

Todo cambió. Incluso tu persona. Tu cultura ha ido desapareciendo poco a poco. Aunque lo niegues, estás bien agringado. Te gusta que las personas respeten las leyes. Cuando llegas a una señal de Alto, te detienes completamente observando para ver si algún automóvil tiene el derecho de paso antes que tú. Guardas tus recibos en caso de que necesites devolver la mercancía. Además, recuerda que de joven anduviste con más de dos güeras que te introdujeron a un estilo de vida completamente distinto. You know what I mean! También te has achicanado de más, conoces a Miguel Méndez, y utilizas la metáfora de los peregrinos para darte identidad propia. Ves el show de George López con tu hija, y a veces saludas como el Pachuco mayor, Edward James Olmos: “Simón ese, la raza needs to know.” Has aprendido a valorar entes que no conocías, el orgullo del norte, el desierto de Sonora, poblaciones desde Tijuana a La Paz, cruzando por la avenida Revolución, parada necesaria para todos los turistas. Has caminado por esa grandeza cultural desde Yucatán hasta Nuevo León, pasando por Michoacán, Puebla, Nayarit y Jalisco. Has cruzado la frontera por Texas, Nuevo México, Arizona y California, has volando desde Las Cruces hasta Washington D. C. Has Tomando fotos de la estatua de la libertad y Times Square. Has saltado el charco para estar en Madrid, Paris, Gelsenkirchen, Londres y Roma, para regresar finalmente a la tierra que vio a tus hijos nacer.

Eres lo que eres, y no creo puedas ignorar lo que has vivido. Pero ¿sabes qué? Nunca olvides tu barrio, tus raíces, el suelo que escuchó el primer llanto que brotó de tus pulmones; eres hijo del maíz, bebiste del polvo de la tierra que brotó de la misma boca de los dioses, pero tampoco olvides lo que las tierras rojo azul te han dado, oportunidad en medio de escarnio, y siempre recuerda dónde estás y dónde has estado.

Eres lo eres, soy lo que soy yo, y todavía no he terminado.

© David Alberto Muñoz, Ph.D.
Faculty Philosophy & Religious Studies
Chandler-Gilbert Community College
2626 East Pecos Road
Chandler, Arizona 85225-2499
(480) 732-7173
david.munoz@cgcmail.maricopa.edu

La noche es ama y señora, la luna casi no se nota porque se confunde con la luminosidad artificial del centro paceño que empieza ya a inundarse de metáforas, historias crueles, humor ácido, regionalidades… ya brotan las voces magnificadas por las bocinas como llamando a La Paz a una asamblea eterna.

Con Daniel Sada, al centro

Encuentros que prometen un regreso

Por Manuel Murrieta Saldívar
California State University-Stanislaus

—Enviado especial de Culturadoor.com—

Fotos: Culturadoor y Mara Romero

Para Ramón Cota Meza, a la espera de estas palabras

Día de publicación: 23-Octubre-2008

LA PAZ, BAJA CALIFORNIA SUR, MÉXICO.- Si Hernán Cortés llegó a este puerto para propagar a la fuerza la hispanidad hasta la alta California, vanguardia de conquistadores y misioneros, uno hace el viaje de regreso más tranquilo. Porque desde San Francisco, quinientos años después, atravieso la California anglosajona que ya no lo es ni tanto, toda la península norte y sur, para traer letras mexicanas desde “el otro lado”. Esto significa bajar del avión de la United en San Diego, encontrar abrazos familiares con el compadre David que viene de Arizona, cruzar la frontera e instalarse en cualquier hotel cercano al aeropuerto de Tijuana.

Luego es el amanecer para mostrar el pase de abordar previo chequeo aduanal, acomodarse a todo dar en el avión Volaris y en hora y media ser cobijado ya con la amabilidad de los organizadores que de inmediato nos instalan en el hotel frente al malecón por donde nunca pasó un huracán, ni siquiera hace unas semanas. Por eso las palapas nos reciben con sus cocos bien helados, una serie de bares y restaurantes, tiendas, expendios que laten de vida como si fuera una muestra de la universalidad del planeta con, of course, el ritmo sabrosón norteño en las mariscadas y las voces de gringos y europeos extasiados con ese encuentro orgásmico del cactus sobre el mar bermejo.

Pero uno no viene de turista, traemos textos amorosos producidos por ojos narrativos que relatan lo nuestro allende al México profundo, ese de mexicanos migrantes, vigorosos e irreverentes que rompen y unen fronteras colocando a los United States como la segunda nación de habla hispana, por arriba de la mismísima España poscortesiana. Entonces pones todo a buen resguardo en el cuarto de hotel y salimos a los encuentros, el de los escritores y el de la ciudad.

El antiguo palacio de gobierno, una construcción de ladrillo centenario, nos hace pasar al interior para encontrarnos la mesa que, aun antes de iniciar cualquier lectura, proyecta ya un aire mágico: está rodeada de un patio colonial con sus arcos desmoronándose, dándole un aire de antigüedad preservada; sobre todo cuando descubres en los muros una vegetación jugosa y húmeda de verde que contrasta con el calorcito playero colándose desde las playas cercanas.

Y sí, en efecto, ahí están los micrófonos en “on”, las botellitas de agua para suavizar gargantas, la manta enorme que confirma la presencia de a quienes estamos a punto de escuchar: “Lunas de octubre 2008” con poetas, narradores, cronistas de ambos sexos y distintas generaciones pero, oh grandeza mexicana, venidos desde distintos rumbos del país con su cargamento de imaginación. Desde la cercana Ciudad Obregón, la enorme Chihuahua, los hermanos tijuanenses, sinaloenses y los del sur sur, vaya, hasta los consagrados de la ciudad de México. Y, sí, también nosotros, los mexicanos peregrinos atreviéndonos a representar a los más de 25 millones de paisanos que también tienen su corazoncito literario desde California a Illinois.

La noche ya es ama y señora, la luna casi no se nota porque se confunde con la luminosidad artificial del centro paceño que empieza ya a inundarse de metáforas, historias crueles, humor ácido, regionalidades. Es que ya empiezan a brotar las voces magnificadas por las bocinas como llamando a la ciudad a una asamblea eterna: ¡vengan, “aquí está lo bueno, la palabra!” Así, escuchamos la carga de poesía barrial y los relatos llaneros que nos transportan a nuestras queridas calles de Hermosillo, bofetadas contra la uniformidad mundial. Capto la metáfora de la violencia que se padece a diario en el eje Tijuana-Ensenada, pero que es una necesidad registrar haciendo poesía a partir de lo inmediato. Y los poemas cósmicos que vienen desde, dígase Veracruz o Chiapas, como brújulas que orientan sobre el mapa de la poesía mexicana; catarsis del mar junto al desierto, flores de cactus, pensamientos de Dios sobre las olas incluyendo hasta el recuerdo de nuestra historia con los relatos sobre Pancho Villa que aún sigue produciendo inspiración casi cien años después.

Edmundo y Karina

Mientras, Edmundo Lizardi es una carga eléctrica materializada en cuerpo humano, es la muestra de que la omnisciencia existe: como creador e inspirador responsable, real y moral del evento, ejecutante junto con los directivos y hasta choferes del Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC), se desgañita: en dos segundos saluda a los que acaban de llegar, conecta a un autor de Ensenada con otro de Arizona, presenta a los funcionarios culturales con escritores claves; se sienta a escuchar lecturas en cualquier silla; consigue un auto de lujo para ir y venir, presenta a su pareja, diserta sobre las crónicas de los noventas, levanta y sube las gafas como identificándote y se atreve a solicitar enérgicamente el silencio sagrado cuando el vocerío de la puerta de entrada interrumpe la literatura oral de los protagonistas en turno.

Y ya en Los Cabos, desde las alturas de la casa de la cultura ubicada en la colina, el sonido no tiene límite, no hay paredes, revota en la bóveda celeste y en un lunón amarillento que penetra por el arco de piedra sentado en pleno mar, en la última punta de la costa peninsular. Nos escucha un gran público, sí, creo que sí, porque no es solamente ese que tengo frente mí, quizá también nos oyen en las callecitas de abajo, nuestras voces desde las bocinas del cerro, como si fuera la misma musa griega, o la Tonantzin, la inspiración que arrulla a los hijos terrestres y marítimos de abajo. Porque desde ahí y para el cosmos brota una poesía madura y seductora, y también otra precoz pero profunda, declamada por chavos locales y fuereños que casi “performean” sus versos hasta con música “new age”. Y luego nosotros, como diciendo, el gringo se amexicaniza, le gusta la taquiza, y también el mexicano se agringa no sólo en Monterrey, sino también adentro del imperio, por supuesto, con la diferencia de que allá uno se achicaniza… de eso leímos, sí, lo recuerdo bien, micrófono en alto y hasta de pie para que nos escuchen por todas esas fronteras que se han roto.

Estamos encantados, literalmente, cuando escuchamos y convivimos de verdad, un hechizo que nos lleva al túnel de la madrugada, tocamos su luna, para luego bajarnos a la hora de lo concreto, regresar a lo palpable al momento de cerrar las últimas lecturas. Nos encontramos entonces con autobuses institucionales que hacen trayectos en tres o cuatro horas, en lugar de dos, un barril de cheve que no alcanza—¿alguna vez alcanzan?— un botellón de tequila envuelta en plástico, un intercambio de comentarios y direcciones electrónicas para continuar la magia, no importa que la realidad económica destruya hoy por hoy al capitalismo tal y como se había conocido antes de la elección McCain Vs. Obama. Vete a checar la bolsa de valores…

Venga entonces la realidad tridimensional de la ciudad, el puerto, la carretera nocturna con sus astros de media noche iluminando las últimas virginidades, y ahora viene esa urbanidad que se te entrega, todita para ti. Y sí, Edmundo, La Paz es enorme y cosmopolita a cualquier hora con sus ostentosos visitantes siempre listos con sus trajes de baño para un chapuzón de alberca de hotel o de mar desde un yate. Si Lizardi, La Paz está en el mapamundi con su poderosa clase media recibiendo autos deportivos desde Tijuas; con sus chicas delicadas, antes y después de Las Varitas, look casi francés o Rodeo Drive, cigarros ligth en mano derecha y un celular rosa en la izquierda. Qué te puedo decir del malecón: microuniverso de la avenida Insurgentes sur del DF; la calle Mill de Tempe, Arizona; la Ocean Drive de Miami; la Marquet Street de San Francisco. Y, claro, reflejos de la ahora cada vez más solitaria Avenida Revolución tijuanense incluyendo tiendas tipo Oxxo, remedos del circle K o Seven eleven.

Sí, mi camarada, un encuentro de escritores es incompleto, ¿quizá inútil?, si nos quedamos restringidos en el comedor-bar-cuarto del hotel, rumiando nuestra grandeza o nuestros fracasos, si limito mi actuación e interrelación alrededor de la mesa de lectura. No, mi gran cronista Edmundo, por eso, aviéntame tu ciudad entera, la que te dio y da vida, la ciudad de los taxistas morenos gordinflones con su habla sonorasinaloense, derribando formalismos, revelando el infinito placer sensual de los paceños que salen del night club rumbo a las casas de citas, a los tacos nocturnos o al buffet mañanero. La ciudad de la marginalidad que también se globaliza, ya está aquí en las cadenas de club topless, imitación del Christie´s de Las Vegas o el Molino Rojo parisino, con sus hermosas chavas locales, bajapeninsulares, madres solteras en busca del sustento para uno o dos hijos; igual que la judía que me bailó en Los Ángeles tatuada con la Guadalupana o la mulata brasileña que entretuvo al Dr. Muñoz en la escapada nocturna de Nogales muy cerca de la línea.

La otra ciudad que completa su presencia en la globalidad que a todos nos atrapa, que destruye ya metrópolis decadentes y derrumba fronteras inútiles: esa misma señora morena que prepara un huevo estrellado, es la misma que hace el servicio en el hotelito de San Diego; ese mismo pordiosero de Modesto, California, lo veo en silla de ruedas a la salida de la tarde de La Paz. Esos mismos migrantes desempleados de la construcción en Phoenix, ahora están aquí de mozos en el restaurantito del aeropuerto o colocando bloques en el futuro Wall Mart que te construyen, La Paz, para que estés a tono, ya no con Tucson, por favor, sino con la mismísima San Juan de Puerto Rico, en español.

Los encuentros, pues, se han logrado, misión cumplida, pero creo sospechar que todo encuentro es el inicio de algo o el rompimiento definitivo: mi maleta está medio vacía por haber intercambiado nuestros libros, traigo textos nuevecitos para futuras correspondencias; ahora ya sé a quien hablarle y a quien nó de acuerdo a lo que traigo anotado en mi agenda; me he enterado de las editoriales sudcalifornianas y sus concursos; de otros encuentros de escritores que prometen; me puedo jactar de andar solitario en La Paz, con o sin taxi, ya sé cómo está el rollo. Los encuentros son así, bien lo sabemos, o son de una sola vez, o de varias, con sus promesas de regreso. En el caso de La Paz, como el mar con su vaivén, y como las lunas de octubre, me temo que éste será un encuentro de regresos…

Contacte al autor: manuelmurrieta@orbispress.com

Se autoriza la reproducción con los créditos correspondientes y notificación al autor.

Desde Los Cabos

Mientras tanto, el suburbio no detenía su rutina diaria. Los magnates locales se juntaban en los restaurantes donde vendían mariscos, cervezas, sin faltar por supuesto un tequila añejado por la gran humedad existente en este puerto cosmopolita…

La Baja Califa…

Por David Alberto Muñoz

—Enviado especial de Culturadoor.com—

Día de publicación: 21-Octubre-2008

La Paz, Baja California, México.- Una sirena nos recibió con una ingenua paz que por un momento imaginamos ser una altivez mal justificada. Desde el aire observábamos un mar tranquilo, una cuidad oculta detrás de las mismas complicaciones teóricas postmodernistas, como que estaba entercada en permanecer bajo el esquema de su propio nombre: La Paz. Desde el agente de aduana que revisó mis maletas más de una vez, ya que me vio tomar una foto del aeropuerto internacional, hasta la amable joven que nos registró en el hotel después de haber visto por primera vez las enaguas del paraje bajacaliforniano. Súbitamente nos percatamos que nos encontrábamos ante una nueva encrucijada surrealista empapada de naturalidad.

Al igual que todas las muchachas que se paseaban por el malecón cantando música de banda, esta población ni se percató del huracán que pasó recientemente. Al contrario, todos estaban bebiendo amenamente en bares que tienen música en vivo todos los días, cambiando de géneros sin pedir permiso para ir de música de trova a una melodía de banda sinaloense con todo el volumen en alto, siendo manchadas de esta manera por eróticas manifestaciones humanas que gritaban exigiendo consideración.

La ciudad despertaba lentamente, se negaba a ser apresurada, nadie puede imponerle mandatos, todo lo contario, desde sus taxistas que expresan seguridad pública hasta bailarinas que comparten con sus clientes su trágica condición humana, disertando sus deseos de tener independencia económica, poderío sobre los demás, y tal vez, un sencillo anhelo de borrar el sentimiento de culpabilidad, la urbe desmantelaba todo intento de apresurar sus veredas que se pueden airear desde kilómetros a la redonda.

Los escritores ya estaban reunidos. Ese gremio peculiar de individuos que van desde aquellos que se encierran en su cuarto de hotel durante todo el evento, hasta los que asisten a cada una de las lecturas, los que nada más se la pasan hablando de si mismos, los aventureros que se suben en camiones y todo medio de trasporte, acabando en una esquina oculta donde los mismos locales se sorprenden de ver tal atrevimiento, así como esos individuos con aires de divos, que se levantan para leer poesías llenas de imaginación que algunos juzgaron ser como un toque de mota literaria, te hace reír, pensar perezosamente, pero te deja al final de cuentas aturdido, porque la palabra escrita necesita tener vida, sangre, llanto, risa; si te rasga la medula del pensamiento, sabes que es el poder del vocablo, si te bloquea la vista del pensamiento neto, es meramente retórica sin el poder de enlace.

Mientras tanto, el suburbio no detenía su rutina diaria. Los magnates locales se juntaban en los restaurantes donde vendían mariscos, cervezas, sin faltar por supuesto un tequila añejado por la gran humedad existente en este puerto cosmopolita, población de ya más de medio millón de habitantes donde el tiempo se pierde entre el mar y la calle Independencia, donde encontramos una gran cantidad de travestis que pueden engañar al mismo Papa, dicho con el debido respeto, pero una vez quitado el maquillaje, extractado del mismo desperdicio nuestro, sólo quedan los cuerpos firmes de la juventud, las piernas mostradas tras falditas colegialas, pechos robustos elevados por pura dignidad, cigarros fumados detrás de Las Varitas, mientras algunos simplemente juegan voleibol en el malecón bajo las miradas de algunos transeúntes caminantes que limosnean un pedazo de pan, o se ganan la vida tomando fotografías con una cámara que en el otro lado, sería una reliquia arqueológica.

Por la noche el ruido no logra separar la quietud de La Paz de su propia espalda. Al contrario, entre más gritan los locales, más fuerza cobra esa peculiar habilidad de reciclar el dinero, abrir la garganta de una voz que parece no descansar, yace acostada junto al bufete de comida con sopa de chícharo, frijoles refritos, carne asada y un guiso de pollo casi igual al que hacía mi abuela hace ya muchos años.

Todos parecen ser músicos, todos dicen ser cantantes, cada uno de los pobladores de esta mítica entidad, armonizan un himno entonado al sosiego, en su acento característico parecen hablar a gran velocidad o pausadamente, evocan voces de un ayer jamás evidente, toda la comarca parece ser representada por los pajaritos a quienes se les permite comer las migajas que quedaron después del desayuno en el hotel Araiza Inn, centro de hospedaje para todos los asistentes al V Encuentro de Escritores Lunas de Octubre.

Las mesas continúan una tras otras, entre poesía, narrativa, presentación de libros y demás, había destellos de grandeza literaria, entre discursos existencialistas llenos de veracidad propia, frases engolosinadas de palabra seca, adverbios construidos al revés, complementos indirectos que nunca alcanzaban su propósito, dando la impresión de un poderío ya perdido encontrado por los desmadrados beodos, locos y adictos escritores, que se consuelan unos a otros llenos de su propia humanidad.

El encuentro todavía no terminaba, todavía se pronosticaba noches de parranda, lecturas, promesas, intentos de contactos, egos mal acabados, elogios sinceros, chispazos literarios que son la misma medicina que algunos buscamos.

Estamos presentes. Es Lunas de Octubre.

(Continuará)

© 2008 Fotos y texto
David Alberto Muñoz, Ph.D.
Faculty Philosophy & Religious Studies
Chandler-Gilbert Community College
2626 East Pecos Road
Chandler, Arizona 85225-2499
(480) 732-7173
david.munoz@cgcmail.maricopa.edu


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