Día de Publicación: 
Enviar a: 
  .
Compartir en:
  
Habiendo construido todo un imperio con sede en Quibira, el popular capo-cantante Rodrigo Zalástegui comete el error de su vida: enamorarse de una bella joven a la que rapta, poniendo en peligro su inmensa fortuna y su reino de las drogas…

El imperio de Martín Piña

Por Gerardo Francisco Bobadilla Encinas
La década de los 70’s marcó un parteaguas para la literatura escrita en Sonora. Influido quizás por esa tendencia a la profesionalización del arte que inició por esa época, quizás por las posibilidades de un diálogo e intercambio más directo que propició la contemporaneidad o quizás por la búsqueda de nuevos modelos que promovió la convulsionada década de los 60’s, en nuestro entorno comenzó a cambiar la concepción y la creación literaria; la obra de Leo Sandoval y Luis Enrique García así lo demuestran, pues marcaron pautas para esa búsqueda de nuevos caminos dentro del quehacer literario. Con posterioridad, hay algunos narradores que en lo personal, considero han llevado a sus extremos esas posibilidades que ofrece la contemporaneidad; aunque podría hablar sobre escritores como Guillermo Munro y Gerardo Cornejo, prefiero no mencionarlos para evitar susceptibilidades y centrarme en otro de ellos, en Martín Piña Ortiz y su último producto literario, la novela El imperio de Quibira. Texto novelesco editado por el Instituto Sonorense de Cultura en junio del 2002, con un tiraje de mil ejemplares, resultó ganador del “Concurso del Libro Sonorense 2001. Género novela”.

Piña aborda aquí un tema muy particular y muy polémico, me parece: el tema del narcotráfico, concretamente, la vida y las aventuras de uno de sus capos, Rodrigo Zalástegui. Menciono lo particular y, sobre todo, lo polémico del tema abordado en esta obra, el narcotráfico, porque pese a su reconocimiento como manifestación cultural y literaria, el escritor español Pérez Reverte ha trazado hace poco un somero bosquejo de sus particularidades éticas y estéticas; dicho tema despierta muchos pruritos en torno al carácter literario, a la literaturiedad del tópico; esos pruritos se basan en criterios de cualquier tipo: éticos, políticos, etcétera, menos en los que justamente nos interesan, los literarios, los referidos a la capacidad de inventiva, a la capacidad de plantear un tópico a través de específicos recursos considerados artísticos.

En este sentido, debo señalar que El imperio de Quibira, más que exaltar las acciones del narcotráfico y del narcotraficante, se dirige sobre todo a destacar la vocación musical y de casanova incansable del capo Rodrigo Zalástegui; su espíritu bohemio, en síntesis, condicionado, no debe soslayarse, a su circunstancia espacio-temporal del narcotráfico. Para ello, el narrador articula un discurso literario a través de específicos recursos y técnicas literarias que lo originalizan y lo proyectan como una posibilidad artística lograda.

En este contexto, debo mencionar que uno de los puntos que siempre me ha llamado la atención sobre la obra literaria de Martín Piña, en general, y en particular sobre El imperio de Quibira, es la utilización del lenguaje como vehículo de una percepción artística del mundo. Cuando me refiero a la utilización del lenguaje, a aciertos en el manejo del mismo, aludo primero a características lingüísticas (morfosintácticas y léxicas), que son indicadores de una recuperación y revaloración ética y estética de un lenguaje que expresa los intereses y problemáticas de esa forma socio-cultural de vida que es el narcotráfico. Y, segundo, a la capacidad del narrador para integrar un discurso artístico que, apoyándose en el vasto acervo que le ofrece la tradición literaria, se utilizan en El imperio de Quibira: Elementos de la crónica, del periodismo, del costumbrismo, del corrido, etcétera, logra establecer al testimonio como su dominante. Y es que el testimonio es, por antonomasia, la forma narrativa utilizada por aquellos sectores culturales que buscan un cauce de expresión y proyección a sus propuestas de ver y entender el mundo… situación en la que se encuentra el capo Zalástegui del reino de Quibira y su circunstancia social que busca un reconocimiento cultural.

Por otro lado, debo señalar la configuración del tiempo-espacio que ha logrado crear y proyectar simbólicamente Martín Piña en su obra: un tiempo-espacio mítico, el de la ya mágica “Quibira”. Como en sus otros textos narrativos: Historias de bárbaro amor, Los piratas del barrio y Otros cuentos y Relatos de Quibira, vuelve a aparecer la ubicación espacio-temporal, la referencia a Cíbola y Quibira, las míticas ciudades de oro que tan interiorizadas están dentro de nuestro imaginario cultural. Sólo que el mito es refuncionalizado, es dotado de la significación novedosa y controvertible que le otorga la actualización del “mito de (la existencia de) una ciudad de oro, de opulencia y maravillas, (que surge) a partir del narcotráfico con su violencia y sus placeres”.
Lo interesante y novedoso es que los dos elementos señalados, el lenguaje y el tiempo-espacio, al integrase y complementarse dentro de la totalidad artística que conforma El reino de Quibira, crean un discurso artístico mágico y surrealista, precisamente por romper con los parámetros de percepción y significación establecidos, hecho que al ser una constante ya de la narrativa de Martín Piña Ortiz, permite a los lectores acceder a una propuesta artística originalmente lograda.

Gerardo Francisco Bobadilla
Universidad de Sonora
Departamento de Letras y Lingüística. Hermosillo. México.
Informes sobre esta obra:
e-mail:mpina@guaymas.uson.mx
Tel: (662)285-1080 (México)
Tel: (602) 264-5011(USA)


  1. 1 Trackback(s)

  2. Ago 30, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 43
comenta

Deje un Comentario

Escriba el texto de la imagen

 

Derechos Reservados. Copyright 2010
- Número de Visitas desde 22 de agosto de 2010: 1,388,210
- Últimas 24 horas: 252