Día de Publicación: 
Enviar a: 
  .
Compartir en:
  

Ensayo

El choque racial y económico acentúa la naturaleza contradictoria que se da no sólo entre Estados Unidos y México, sino entre Arizona y Sonora y hasta en la psiquis. Manuel Murrieta destaca en su obra la importancia de anteponer los valores mexicanos a la cultura materialista.

Por Charlie St. George

El espíritu aventurero de Manuel Murrieta Saldívar es evidente en el título de cualquiera de sus libros o artículos. Las crónicas de este “viajero incansable” relatan sus observaciones en México, en varios países europeos, en el Canadá franco parlante y en Estados Unidos. Sus percepciones del mundo son producto de su ideología —la de un mexicano, sonorense, hermosillense. La obra de Murrieta refleja la naturaleza contradictoria de la relación no sólo entre los Estados Unidos y México, sino entre Arizona y Sonora y hasta la contradicción dentro de la psiquis humana.
En su reseña de Gringos a la vista, Manuel Llanes afirma que: la relación amor-odio por excelencia ocurre entre Estados Unidos y México. Ambos han protagonizado [. . .] una accidentada amistad que se debate entre el compromiso ineludible y la conveniencia. Dicen que nadie escoge a sus familiares. Cabría decir lo mismo de los países vecinos.
Si metiéramos a estos dos vecinos tempestuosos en el show de Cristina, Estados Unidos haría el papel del vecino que se cree dueño del barrio—dominante, frío e indiferente hacia el vecino del sur. México haría el papel del vecino económicamente desaventajado, pero orgulloso en su oposición a los imperialistas del norte. Sería interesante ver si Cristina lograse que estos dos vecinos admitieran que se necesitan uno al otro.

De romance conflictivo

Murrieta, en su obra de crónicas De viaje en Mex-América, nota que el “infinitamente burlado” Servicio de Inmigración y Naturalización “lanza al sur de una frontera herida” a miles de trabajadores que representan sólo una fracción de millones de inmigrantes indocumentados de quienes depende el país para constituir la base de su economía. Y trata otras políticas, como las drogas o la educación bilingüe. La mentalidad estadunidense de que el consumo de las drogas sea un problema de seguridad fronteriza es tan ridícula como el no reconocer los problemas sociales internos que iniciaron aquel sistema de oferta y demanda. Murrieta cita a Carlos Fuentes para revelar la hipocresía de la política extranjera y doméstica norteamericana: “‘Ustedes pueden declarar la guerra a las drogas en Colombia pero es muy distinto hacerla contra su propia gente y dentro de sus ciudades que también necesitan auxilio'”.
El contradecir la realidad, se refleja también en la política concerniente a la educación bilingüe. En una entrevista con Marco A. Delgado, Murrieta afirma que “esas leyes de control lingüístico se topan con una realidad tan fuerte que el español sigue viviendo a través del uso que le dan las comunidades”. Murrieta va redefiniendo el sueño americano como una mentalidad nacional de fantasía de la cual se tiene que despertar antes de que se pueda resolver “el romance conflictivo entre México y Estados Unidos”.

Baño del mundo
La percepción estadunidense torcida de la humanidad se refleja en la referencia que hace Murrieta varias veces al “baño del mundo” de José Vasconcelos. En una de sus crónicas desde París, Murrieta describe lo inevitable que es toparse con los “gringos aferrados a sus costumbres texanas”. Luego nota que “uno ve de seguido a esos seres privilegiados y a veces, intocables, no les merecemos siquiera un saludo porque ni en el mismo elevador de la torre Eiffel no dejan de creer que ‘el baño del mundo’ existe solamente para ellos”.
A pesar de estas contradicciones e hipocresías norteamericanas, Murrieta no fracasa en reconocer que México también es culpable de una mentalidad contradictoria. El mexicano es capaz de tener dos caras: “tacha a los gringos de imperialistas [. . .] pero se protege del sol con una gorra de los Diamondbacks y sus tenis Nike le son de mucha utilidad cuando en un día agitado tiene que corretear el camión”.
La bipolaridad mexicana se manifiesta en “Ciudad irremplazable” —la primera crónica de De viaje en Mex-América— donde Murrieta contrasta “el olor a gente” de Hermosillo con “el olor a dólar” de Estados Unidos; la “excesiva socialización” mexicana con la “soledad de la urbe computarizada”.
La ciudad en sí representa una contradicción para Murrieta —tanto, que en su descripción de Hermosillo aparecen dos cláusulas contradictorias:
[. . .] ciudad chiquita, precoz adolescente que ambicionas periódicos como en el D.F., hoteles y discotecas estilo Nueva York, tableros electrónicos, grandes tiendas al igual que Tucsón, [. . .] tan auténtica en tus imitaciones que vuelvo a enojarme y pienso en irme a las fuentes originales.

De raza blanca con blanca
Quizás la contradicción nacional más evidente en México sería la racial. México pretende haberse reconciliado con el mestizaje, cuando en verdad, muchos siguen con una mentalidad colonial en cuanto a la supuesta pureza de la raza blanca. Murrieta destaca esta contradicción en su crónica “El candidato regresa en parabólica”: Ahí, autoridades municipales y políticas escucharon que Rodolfo Emilio Félix Valdéz (con “zeta” según consta en acta de nacimiento) de raza blanca con blanca que nació en este lugar a las cuatro del día 22 de mayo de 1922, había sido postulado precandidato a gobernador de Sonora por “los tres sectores del PRI”. Y entonces se llenó el orgullo.
¿Por qué fue tan importante subrayar el color de la piel del candidato? ¿Por qué en las telenovelas mexicanas, los protagonistas son “de raza blanca con blanca” y los sirvientes y criadas son de raza mestiza con mestiza?

Sonora no termina en Nogales
En su crónica “Esperando a una gringuita”, Murrieta narra de parte de los millones de trabajadores migrantes que viven una contradicción a diario: “Somos aguantadores, como nuestros ancestros que levantaron pirámides y ahora lo hacemos en casas, freeways o rascacielos. Sí, somos hijos del maíz a la diestra del gran Dios blanco que siempre tiene demanda de fuerza laboral [. . .]”
El choque racial y económico se ve dramáticamente aquí en Arizona. Hace unos pocos siglos, la región entera llevaba el nombre de Pimería. Luego, la región se dividió en Pimería Alta y Pimería Baja. La contradicción regional llegó con los anglosajones invasores y el Tratado de Guadalupe Hidalgo y luego el Tratado de la Mesilla.
Murrieta trata la crisis de identidad que sufrieron—y siguen sufriendo— los sonorenses que de la noche a la mañana se volvieron arizonenses en Mi letra no es en inglés, un libro que analiza la resistencia cultural del periódico El Tucsonense. En entrevista con Mario Fernando Rentería, Murrieta dice que escribió este libro “con la idea de demostrar que Sonora no termina en Nogales, que el espíritu del sonorense no se limita al marco del estado en sí, sino que trasciende las fronteras”.

El destino manifiesto del multilingüismo
Además de haberla estudiado, Murrieta participa de la resistencia cultural a través de una editorial, con oficinas en Phoenix y Hermosillo. Marco A. Delgado, al presentar a Murrieta a los lectores del sitio internet www.quepasa.com escribe que “Murrieta creó la Editorial Orbis Press con el fin de satisfacer las necesidades de un mercado hispano que carece de diversas opciones para producir libros en castellano en un lugar donde predomina el idioma inglés” —lo cual se ve como hazaña en un Estados Unidos monolingüe.
Lo curioso y contradictorio de la frase de Delgado es que en estas tierras arizonenses se hablaba castellano mucho antes de que se murmurara una palabra en inglés. Entonces, ¿qué idioma predomina? La publicación de libros en castellano no es hazaña valiente, sino la continuación de una tradición local que algunos hispanos se niegan a abandonar. O, en palabras de Murrieta, “se niegan a reconocer que se ha perdido ese hábitat geográfico poblado originalmente por sonorenses [. . .]”
Los hispanos arizonenses no son los únicos que viven la contradicción. Los anglosajones arizonenses (recién llegados) también protagonizan la contradicción regional, pues con sus “pretensiones asimilacionistas”, se niegan a reconocer la herencia mexicana e imponen su lengua y su llamada cultura. Lo irónico es que la gran mayoría de ellos ni saben lo que son los Tratados de Guadalupe Hidalgo y de la Mesilla. Se nombran dueños de la tierra por su supuesta superioridad y destino manifiesto, pero se niegan a aprender nada de la historia de su nueva tierra.

Un tercer país llamado Mexamérica
El fracaso de los anglosajones en reconocer al Otro se observa en otra crónica de Murrieta, “Paul McCartney por fuera”, donde se encuentra fuera del estadio Sun Devil durante un concierto del famoso Beatle: “[. . .] me pregunto si conoce la existencia de miles de seguidores mexicanos a sólo unas tres horas hacia el sur, el inicio del tercer mundo que no ha visitado a pesar de…” A través de la obra de Murrieta se encuentra la propuesta que, como arizonenses—seamos hispanos o anglosajones— compartamos una responsabilidad cultural. Queramos o no admitirlo, somos ciudadanos del “‘tercer país llamado Mex-América” propuesto “en 1979 [por] el investigador Joel Garreau en su obra Nine Nations”.
Para Murrieta, el multilingüismo sugiere que superemos las fronteras lingüísticas y culturales tradicionales que supuestamente han separado lo hispano de lo anglosajón y que no sólo dejemos de contradecir la realidad arizonense en nuestra política estatal, sino que también gocemos de nuestra “biculturalidad, que acaba por definir una cultura propia”—una cultura arizonense que admite sus raíces hispanas y la realidad demográfica.
Sonora también sufre sus contradicciones, muchas de la cuales se encuentran a un nivel individual. Murrieta afirma que “en Hermosillo puede haber gente más americanizada que los hispanos de California”. Mientras muchos mexicanos critican el materialismo y desequilibrio de prioridades que caracterizan al “sueño americano”, algunos contradicen su superioridad moral mexicana. En la crónica “Era una fiesta en Kino” una fiesta mexicana exhibe características norteamericanas: Y, en toda esa geografía, durante las noches santas, mientras que los efímeros amantes del mar se ataban a su diversión, el cosmos estrellado e inviolado aún, se abría para todos. No obstante, casi nadie miraba hacia arriba ocupados en beber lo que había que beber, en tocar lo que había que tocar, olvidar lo que había que olvidar, y había de ser muy rápido, muy rápido porque llegaba el lunes…
La desconexión con los tesoros sencillos de la vida—esta rapidez, este temor deshumanizador del lunes, este “viaje cíclico”— es un fenómeno que típicamente se asocia con el “american way of life'”—no con lo mexicano.
La conexión entre la naturaleza y percepción humanas al viajar, aparece otra vez en la obra de Murrieta, pero en un caso invertido. Es el caso de un mexicano que justifica la americanización de su alma y su decisión de “Quedarse en Tucsón sin duda alguna” como se titula otra de sus crónicas en la cual se lee: “[. . .] cruzando la frontera, hasta parece que los cerros son más verdes”.
Encontramos lenguaje contradictorio en esta crónica cuando leemos que este mismo don José, “abandonó la ciudad dejando atrás su debilitada mexicanidad y años de tristezas alegres que hoy los soporta sobreviviendo en la flamante ciudad de Tucsón, Arizona”. Cada vez que surge este “american way of life” en la obra de Murrieta, se interrumpe el formato castellano y se impone esta terminología inglesa. Así se subraya la idea de que el “american way of life” es una trasformación monolingüe, innegociable e inhispanizable.
Las “tristezas alegres” siguen a don José a pesar de su mudanza física y espiritual, lo cual sugiere que la vida en sí es una gran contradicción. En varias crónicas Murrieta escribe sobre la “seducción” del “american way of life” y lo fácil que es dejarse unir “al coro” norteamericano y sus “insultantes riquezas” cuando uno es joven, pobre e impresionable.

Travesía a la otra dimensión
Murrieta alegoriza esta atracción en “Travesía a la otra dimensión”—su última crónica en De viaje en Mex-América. En un gimnasio de Hermosillo el sonido de rock, que es un sonido atrayente, “llora” metafóricamente, lamentando su propia atracción fatal. “Cuánto abandono de la raza para dejar las gradas baratas de la periferia y acercarse al altar, frente a frente con los ídolos de carne. [. . .] Integrarse al sonido infernal dueño ya del gimnasio”. El tono religioso de la narración continúa al describir estos sonidos seductores “tan graves que hacen bailar a los átomos del cuerpo aunque no quiera”. El simbolismo es tal vez más fuerte en la última frase de la crónica, donde Murrieta escoge una “G” mayúscula para referirse a este gimnasio, invadido por el rock norteamericano:
Y mientras se deja atrás el Gimnasio, simultáneamente se retorna al mundo tridimensional que se llama realidad. Pero quedan residuos, vibraciones de aturdimiento, de ese viaje inmaterial grabado en el recuerdo como una noche de vida irreal que para algunos es eterna. (144)

Falsas doctrinas de felicidad y el éxito
Las referencias a lo real y lo irreal son un eco del tema murrietense que hemos examinado: el sueño y la realidad. Como efecto residuo de la obra de Murrieta, se cuestionan la contradictoria política norteamericana y la fantasía en la que viven muchos estadunidenses en cuanto a su percepción de la realidad y del Otro. Se cuestiona también la moralidad del sueño americano y el “american way of life”. Se reconoce la realidad que es el “tercer país” de Mex-América y se trata de despertar a la conciencia humana del sueño seductor del materialismo y la avaricia.
La obra de Murrieta destaca la importancia de retener los valores mexicanos tradicionales frente a la dominante y atrayente cultura materialista, con sus falsas doctrinas de felicidad y éxito. De esta manera Murrieta susurra la gran pregunta—ineludible cuando se trata de un estudio cultural comparativo entre los Estados Unidos y México: ¿Cómo se define el éxito? ¿Cómo se logra la felicidad? La perspectiva de Murrieta frente a esta cuestión filosófica se ilustra por medio de Jesús Arvallo Salido—protagonista de la crónica “Sentirse rico para ser feliz”. El observador lo verá y “le preguntará [. . .] cómo le hace para ser pobre pero tan feliz”. Esta mera oración representa una contradicción incomprensible para muchos norteamericanos. ¿Cómo es posible la felicidad sin el éxito económico?…Este es el gran misterio mexicano cuya preservación es clave para la supervivencia de la humanidad.

Contacte a Charlie St.George:
themango@runbox.com

Manuel Murrieta es escritor nacido en Sonora, México. Obtuvo licenciatura en letras en la Universidad de Sonora y doctorado en literatrura en Arizona State University. Ha recibido premios de literatura y periodismo en su natal México y es fundador de la Editorial Orbis Press y de esta publicación. Obra suya puede ser consultada en www.orbispress.com.


  1. 1 Trackback(s)

  2. Sep 11, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 45
comenta

Deje un Comentario

Escriba el texto de la imagen

 

Derechos Reservados. Copyright 2010
- Número de Visitas desde 22 de agosto de 2010: 1,859,391
- Últimas 24 horas: 112