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Éxito en la pornografía infantil, más túneles en la frontera, asesinadas a diario, carteros going to kill, remesas y carteristas, rechazos a Univisión, más consumo de coca…

Por María Dolores Bolívar

SAN DIEGO, CALIFORNIA. Trivia para principiantes:

El paraíso de los exitosos: Un negocio de pornografía infantil, lucrativísimo. El sustituto del FMI: Los cárteles, con acento en la “a”. Tú y yo: Juan o Chana, o como se dice hoy con más taco, la sociedad civil. Los candidatos presidenciales: Esos quisquillosos príncipes de la palabra que sólo acusan fundamentalismo bajo el turbante ajeno.

De diásporas y túneles

Un túnel construido a 26 metros de profundidad, con extensión de poco más de un kilómetro y unos dos metros de altura fue descubierto en la zona de Tijuana y el valle de Otay. Sofisticados respirador, andamiaje y cableado eléctrico sorprendieron menos que la elusiva existencia que, desde ambos lados, daba a este pasadizo secreto la sombra de la impunidad, casi absoluta. Quizás nada del otro mundo para la arquitectura de controles digitales que uno imaginó para este siglo y milenio que nos tocó iniciar; epítome, no obstante, de la precaria calidad de las relaciones entre dos países que ni se abrazan ni se quieren, ni se entienden. Una envoltura, un periódico o un empaque darían idea aproximada de la fecha de su construcción. El uso no se conoce, salvo por el presunto hallazgo de droga y mecanismos manuales de su transporte al interior del pasadizo. Sobre la superficie, el bardeado metálico que hoy adquiere visos de afrenta histórica internacional, contrasta con esa tecnología del subsuelo. Alguien comenta con acierto a mi lado: —¡Qué bárbaros, si hasta serían capaces de hacer un ferrocarril clandestino… con silenciador!

Las tapadas

Amanecemos casi cada día a la noticia de una muerta más en Estados Unidos. Tienen algo en común esos rostros sonrientes, iluminados con la bendición de un crío—ya sea en el vientre, en los brazos—en los recuerdos. Son madres de las que sus propias madres aseguran haber estado casadas con el hombre de sus sueños. Junto a sus nombres, célebres por la tragedia, se apeñusca un montón de dudas procedentes del tiempo, de la historia, de nuestras líneas personales. ¿Por qué la muerte y no el divorcio? La respuesta no le viene a Larry King, no mientras reporta, al aire, el horror de la última madre, Rachel Entwistle baleada en su propia cama con su chiquilla, Lillian, en brazos.

En Estados Unidos, la celebridad lanza a mujeres anónimas al campo del espectáculo. Su resonancia alerta a cualquiera que se atreva a desafiar el dogma del final feliz y aparecer en el protagónico de la tragedia diaria. En Estados Unidos los perpetradores son cónyuge, vecino, colega, profesor.

No matarás

En México, las muertas célebres son anónimas; desaparecen de noche ya sea vayan o vuelvan del trabajo. Su existencia se inscribe en la línea de las maquiladoras—tú haces yo consumo. Los criminales de ambos lados están entre nosotros; su crimen no deja traza. Ya no es sorpresa ni conmueve a nadie que los secuestradores y asesinos sean a menudo tíos, novios, hijos, esposos de las víctimas. En México, los perpetradores son los secuaces de la corrupción y de la podredumbre de un sistema que ha hecho de la criminalidad mecanismo de supervivencia. El profiler bosqueja el rostro, lo intuye, lo imagina. Parecería que el dictum del sistema es ir en pos del crimen perfecto. ¡Dios mío! ¡Qué digo, qué escribo!

El síndrome going postal

Going postal es la apostilla de una humanidad sin límites definidos. El término, no sólo existe en la jerga diaria sino que aparece ya en el Merriam Webster. Sus contrapartes hielalasangre son killing spree, workplace rage, thrill killing—exceso, rabia, emoción. “Arrabiato”, concluyó mi amiga de Italia… ¡Y sí! Lleno de ira, incapaz de solucionar sus problemas mediante soluciones negociadas, el último furioso postal arremetió contra un grupo de empleados asiáticos que se debatía a diario las promociones y estímulos mínimos de una oficina postal, en Goleta.

En las escuelas un segundo de ira explotará en emoción de balas que saque a relucir la colección de armas o los dineros paternos que fluyen, con frecuencia, hacia el mercadeo negro de drogas—ya en las calles, ya en el salón de clases. Este mes cierran 75 almacenes de juguetes. ¿Cuándo dejaron de jugar los niños? ¡Cielos! El último crimen de odio del que tuve noticia se produjo en una preprimaria.

Los sin papeles

Mirar a otras realidades produce esperanza. “Comprueba que no estás solo” anuncia el círculo de Disfuncionales Anónimos que opera en la esquina de casa. En esa vena me interesé también en los suburbios madrileños y las pateras que avientan Magrebíes a la realidad de las drogas, los carteristas, las remesas… Corrijo, son rumanos, senegaleses, magrebíes, ’74amiles, pakistaníes, afganos…

La variable de hoy es el número de naciones que confluyen en la red ferroviaria de cercanías. En Estados Unidos la situación trasciende el abismo tradición modernidad. En California, por ejemplo, no hay permiso más difícil de conseguir que la apertura de una vía de acceso—¡Bienvenido a la era de la globalidad aislacionista!

Así y todo don Pepe acaba de asegurarme que hay más “quichés” o “chorti” del Copán en Mira Mesa que en San Pedro Sula; su fundamentalismo estelar es el trabajo. Los sobrevivientes no hurgan entre premisas existenciales. Para ellos mover montañas se traspone, íntegro, al mover fronteras. Hambre, aislamiento y corrupción nos han impuesto esa realidad sin bordes—the true global spirit. Las fabelas, los conventillos, los pueblos jóvenes o las ciudades perdidas de antaño hoy vibran y se mueven entre “las cercanías” de Chicago, Los Angeles, Detroit, Alabama, Houston.

Alto a la prensa espectáculo

“Se nos ha acabado el tiempo…” Evo Morales y Jorge Ramos de Univisión se enfrentaron en esa sentencia límite. Pero son los políticos de las democracias quienes censuran las preguntas. Queda claro que la demanda de coca—2da. materia prima luego del petróleo, o viceversa—excede la producción de la hoja en la paupérrima Bolivia.

Desde hace tiempo que el único acceso posible a la modernidad, desde el corazón de América, lo constituye esa planta de tintes mágicos para los ayamaras. Y pasará, mientras la demanda le imponga sus caprichos. El resto es, solamente espectáculo y cualquier fundamentalismo que se asemeje a estas realidades es mera coincidencia…

Contacte a María D. Bolívar: mdbolivar@san.rr.com


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  2. Oct 3, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 50
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