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ENSAYO

El cerebro es un organismo flexible y autoajustable, se desarrolla y rehace, o readapta, a sí mismo en respuesta a los retos o cambios y, además, se marchita por la falta de uso.

Por René Díaz Lefebvre

En los pasados diez años ha habido una proliferación de libros, artículos, talleres y conferencias dedicadas al estudio, exploración e implementación de “comunidades de aprendizaje”, “ambientes centrados en el aprendizaje” y “organismos de aprendizaje”. Los educadores—desde la primera infancia hasta la escuela graduada—están involucrados en discusiones sobre cómo crear estos tipos de ambientes. Retomando la terminología empresarial y de la industria, los administradores de colegios y el profesorado están dedicando muchas horas en debatir si a los estudiantes se les puede definir como “consumidores”, “clientes” o “adquisidores”.

Como alguien que “está en la trinchera” lo que hago como rutina diaria—interactuando con los estudiantes dentro o fuera de clase—tiene muy poco qué ver con cualquiera de las teorías “de punta”. La mayor parte del profesorado, para la decepción de los administradores, estaría de acuerdo. Los miembros del cuerpo de profesores preferirían mejor discutir, dialogar y debatir (¡DE ACUERDO, confrontarse incluso!) algo más cercano y querido para ellos—el aprendizaje y, específicamente, el aprendizaje en sus respectivas disciplinas.

No existen malos estudiantes, existen los desmotivados…
Anónimo

Nuestro sistema de educación, en alto grado, es un sistema cerrado. A los estudiantes se les enseña, examina y clasifica en términos de dos tipos de habilidades: su habilidad para memorizar información y, en menor magnitud, su habilidad para analizarla. Como resultado, catalogamos a los estudiantes que superan o sobrepasan estas habilidades como inteligentes o capaces mientras que a los estudiantes que se desempeñaron menos en estas habilidades como que están en el promedio o, incluso, que son lentos, estúpidos o retrasados. Este método de clasificación de las capacidades de un individuo se inicia en una etapa muy temprana y continúa hasta la escuela graduada. Otras dos habilidades, creatividad y la aplicación práctica de la información—el sentido común ordinario o la “sabiduría callejera”—no se aprecia, pasa desapercibida o no se reconoce.

El ver mucho y el leer mucho aviva los ingenios de los hombres.
Miguel de Cervantes

“La educación superior se encuentra profundamente basada en un sistema que confía en el método de examinación de opción múltiple con papel y lápiz para la valoración y evaluación. Muchos de nuestros más brillantes y más capaces aprendices—desde estudiantes en la lista de honor hasta estudiantes “en riesgo”—de seguido fracasan en un sistema que pone demasiado énfasis en ser inteligente bajo el criterio verbal/lingüístico que proviene del “aprendizaje de libros de texto” y de la inteligencia numeral lógicomatemática y/o computacional.

Enfocarse únicamente en estos dos tipos de estrategias de aprendizaje con frecuencia promueve formas de aprendizaje a pura memoria que pueden fomentar baja motivación estudiantil y una participación o desempeño pobre o limitado. La estrategia para muchos estudiantes es memorizar para el examen, luego hacerlo, darlo por terminado y después no preocuparse acerca de lo que se ha aprendido, porque de todas maneras no significa nada o no tiene la mayor importancia. Muchos estudiantes considerados flojos realmente están enfadados y frustrados porque, aun cuando son “inteligentes”, ansían múltiples métodos de estimulación—métodos quizá más efectivos para auxiliarles a dominar el material de los cursos.

Suerte la del profesor a cuyos estudiantes les da por soñar durante el día.
Anónimo

He de proponer que el punto real a explorar y para establecer el diálogo, es buscar en el mismo centro lo que significa aprender y cómo sucede. En su búsqueda de respuestas, muchos científicos sociales dejan sus laboratorios para hacer investigaciones en las mismas escuelas. Un número cada vez más alto de científicos conocedores están captando que el ser humano aprende, no en un ambiente de “aspiradora” como en el salón de clases, sino a través de la interacción social. Otros investigadores estudian el fenómeno de la motivación, intentando comprender qué es lo que provoca que las personas quieran aprender. Los estudios en neurología hacen un reto a la metáfora común de que el cerebro es como una computadora lineal esperando a ser programada.

Los científicos nos indican ahora que el cerebro, un organismo flexible y autoajustable, se desarrolla y rehace, o readapta, a sí mismo en respuesta a los retos o cambios y que, además, se marchita por la falta de uso.

Nota del Editor: El Dr. René Díaz-Lefebvre, catedrático en el Departamento de Psicología de Glendale Community College, Arizona, es autor de la obra “Inteligencias Múltiples. ¡Despierte el potencial de aprendizaje!”, traducida recientemente al español y producida por Editorial Orbis Press. Este texto forma parte del capítulo primero que explica cómo se produce el conocimiento.

Para adquirir esta obra llame:
En Phoenix, Arizona: 602-264-5011
En Hermosillo, México: 662-285-1080.
En Internet: www.culturadoor.com

Contacte a René Díaz: r.diaz@gcmail.maricopa.edu



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