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El mundo de los negocios millonarios no conoce fronteras. Lo demás son pamplinas o sueldos de a dos dígitos por hora, como el que devengamos, a cabal honestidad, usted y yo.

Por María Dolores Bolívar

Los mineros de Coahuila no tienen condiciones más difíciles que los mineros de otras partes de México o del mundo. Descender a una mina como sistema de vida es el más lóbrego emblema de la explotación. Las condiciones riesgosas, de suyo, se ciernen a manera de fatalidad sobre sus vidas. Ya en los años setenta Domitila Chungara consignó esa vida oprobiosa y sin salidas. En Bolivia a las minas se las llama “las entrañas del diablo”. El estaño y la plata se quedan como vetas de sangre y dolor. Venas abiertas de América Latina, se convirtió, el año de su publicación, en un best seller. Pero la situación de los mineros no cambió desde entonces. El promedio de vida es entre los mineros la mitad que en los países desarrollados. Consumidores de estaño, de carbón, de metal a niveles de dependencia, poco importa a los propietarios e industriales de los productos de la minería cómo y en qué condiciones se extraigan los frutos del subsuelo.

Pero pongamos la información vertida durante los pasados días en perspectiva. No sólo son mineros quienes reciben salarios de sesenta dólares a la semana. Para hablar claramente hay que puntualizar, cien pesos diarios es, de hecho, el doble de lo que ganan la mayor parte de trabajadores de otros ramos. Con el flotante (préstamo sobre su salario) agotado y el faltante mensual que el costo de la vida le propina a las familias, la vida y el trabajo son un fardo, cada vez más pesado. En esas condiciones, el estímulo semestral de diez dólares que la compañía minera de Pasta de Conchos otorgaba a sus trabajadores, más que una mísera limosna resultaba un insulto.

No hablo en el vacío. Las ganancias reportadas por la empresa no denotan un negocio en quiebra con dificultades para cubrir su nómina. Por el contrario. Nada me extrañaría que los dueños veraneen en Florida o en San Diego. Que posean sendas mansiones en Acapulco o de a una por playa para el descanso suntuario de sus distinguidas familias. Mientras, la masa de mineros, víctimas no sólo de la codicia sino también del azar, del abandono de sus autoridades y del nefando orden que pone a unos a ganar en miles de dólares y a otros en cifras inferiores a tres dígitos, de a peso, los envía tempranamente a un sepulcro bajo la tierra Y claro que hay distancia entre las perspectivas de unos y de otros. ¿Ya se nos olvidaron los gastos suntuarios de la pareja real, perdón, presidencial? A mí no. Martita decía gastar, modestamente, de a mil dólares para arriba por vestido. ¡Modestamente! ¿Qué esperábamos, dama que no supiese vestir? ¿Qué importa constatar que su nivel académico fuese escasamente de primaria y que el confundir los nombres de escritor por escritora fuese detalle para endilgar a la mala fe que le tienen los medios? Porque los medios tienen la culpa de todo lo que pasa en el país; las trapacerías del país, los lapsus de nuestra realeza, los entuertos que ponen al descubierto esa olla a presión que es la corrupción.

Lidia Cacho y los perros

El caso de la periodista Lidia Cacho no es sino un afortunado revuelo en torno a una persona agraviada sin mayores consecuencias. Ante las evidencias los políticos callan, los maleantes se agazapan, evitan el reflector. Sin consecuencias también balacearon hace algunos años a la periodista de TV Azteca Lily Téllez, con intención de matarla. El vehículo en el que viajaba mostraba tantos orificios de bala que era difícil creer que no fuese un milagro el haber escapado ilesa. En Tijuana, los sucesos relacionados con estos crímenes furtivos se repiten a diario. Francisco Ortiz Franco fue baleado, como muestra de este oprobioso orden, a plena luz del día, en una transitada calle.

Y que hablen quienes han recibido amenazas, constantes, indignantes. El manejo de los diarios en México se lleva a cabo con el más límpido descaro a favor de los gobernantes. Conocí en Zacatecas el modo, las prácticas. Un manotazo de mesa, un chasquido de dedos, el mensajero nocturno avisando solemne que las cosas no están para seguirle echando leña al fuego. ¡Vaya! Pero si la opinión que más recuerdo, en tiempos de los hoy llamados tiempos de izquierda, es la de una susodicha comunista que dijo en confianza, “entre nous” “todos los periodistas son perros y todos los perros tienen dueño”. A máxima de tan elevada sapiencia habría que argumentar: Se equivocó, comadre. Los perros de dueño son los perros mansos, los dependientes, los temerosos. En esa estirpe a la que usted infama con tanta ligereza, los especimenes son tan variados que no podríamos abordarlos en un solo escrito.¿Conoce usted a los perros callejeros de su Estado? Sobreviven a la miseria que los rodea, al polvo, a la fatalidad de morir aplastados sobre el pavimento de las carreteras. Y esos, los callejeros, suelen ser dignos, tenaces, echados pa´delante. Sin dueño ni cadenas van por la vida, ladrando sus denuncias personales, qué lástima que entre los perros la conciencia de gremio, en efecto, no haya podido consolidarse.

Colofón para una celebración del día de la mujer

El día de la mujer es un momento grave. En la diacronía austera de la memoria la alguna vez llamada “liberación femenina” ya es cosa del pasado. ¡No son estos los tiempos! Aunque hoy, en verdad, los ejércitos de reserva estén formados de un gran número de ellas, la mujer ocupa el más alto renglón del subempleo, tanto en México como en Estados Unidos. Las leyes no han servido para promover igualdad, por el contrario, la han sumido más en una vida de inequidades que parte, en gran medida, de su condición de madre, esposa, hija. En la familia del nuevo milenio la mujer ocupa el mismo puesto subordinado que el de lo albores del anterior. Hoy por hoy, no es dueña de su cuerpo, de su futuro, de su descendencia. Velada o no, se la ve como objeto de revista, baste ver a las damas de altos vuelos, en particular a las que ocupan el rango de esposa de político.

Y qué hacer, si esas mujeres no llegaron al cargo por elección popular. Laura Bush, Martha Sahagún, apenas si dan el ancho para una revista que plantee su concepto difusor en la apariencia. Y no es muy distinto en otros países. Acaso sea buena la hora de elegirles pareja a los candidatos solterones, para así garantizar el buen desempeño de las primeras damas.

Pero este colofón no quiere distraer de cosas de suma importancia como la ausencia de sindicatos honestos o acuerdos que globalicen para bien el futuro de los trabajadores. Lo demás es esa farsa en que las compañías contratan a su personal en la India para así evadir impuestos, beneficios, prestaciones. ¿Los mexicanos indocumentados? Esos reciben como usted o yo las migas del progreso, en los Estados Unidos. Con sueldos cada vez más lejanos a la realidad en que se muestra el lujo de los más encumbrados, vamos de asombro en asombro porque las telecomunicaciones nos revelan ese mapa desigual. Acabo de colgar el teléfono y la telefonista que me abrió una cuenta de ahorros para Citibank vive en Bombay. Quizás mañana corrobore con estupor que el interlocutor, que toma mi pago para una tienda departamental, lo hace desde Estonia o Lituania. El mundo de los negocios millonarios no conoce fronteras. Lo demás son pamplinas o sueldos de a dos dígitos por hora, como el que devengamos, a cabal honestidad, usted y yo.

Contacte a María Dolores Bolívar:
MDBOLIVAR@san.rr.com


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  2. Oct 3, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 51
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