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POESÍA

Por Oscar L. Cordero

DE CAMINANTES

Hoy de tarde,
inicié un viaje
por las tierras más extrañas.
Veía árboles,
hombres y costumbres,
gusanos y hierbas… arañas.

Vi obreros
construyendo casas.
Alzaban paredes
con ventanas
de vidrios borrosos
y pesados.
No se veía
para uno ni otro lado.

Armaban, después, buhardillas
y escaleras sin final,
alguien dijo que eran
de razón letal,
pero lucían de maravilla.
Vi tornados llegar
y destruir las casas que adoraban
pues ellos las levantaban.
Los vi llorar y enternecerse,
entre todos ayudar a levantarse
una vez más,
y a apoyarse en la verdad
la mano a darse,
pues no era de hombres
desanimarse.

Después, giré a la izquierda
en lontananza
y caminé a las montañas,
unas bajas, otras altas,
hubo algunas tan cercanas
a las nubes
que aspiraban algodón azucarado
con sabor a cielo endulzado.
Más abajo, en la vertiente,
también vi a mucha gente,
pero araban…
rompían chaparrales
y sembraban…
y escuchaban, y decían,
pero todos, uno a uno
se apoyaban.

Di vuelta
y me dirigí a otro sendero,
rocoso, intransitable,
pero por difícil y retador;
placentero.
No encontré las mieles de
mi tierra.
Por estos caminos a veces se yerra.
Vi hombres extraños.
No hablaban mi lengua,
los vi huraños, maldicientes,
pero grandes,
aunque alguna vez sonrientes.

Quise hablarles de la caña,
de la palma,
del nopal…
y la madera.
Les dije que yo
sabía labrarla.
Me dijeron que me fuera;
que en mi idioma no vibraba
la palabra,
sino que languidecía,
que en momentos carecía
de vigor.

Sentí un temblor y me alejé.
Eran tiempos de tribulación.
La vereda se hacía ancha
por donde yo caminaba;
era calle, avenida
y explanada.

La muchedumbre se unía,
gritaba y exigía:
¿Qué pretendes? Se escuchaba,
¿Que yo me vaya de aquí
y que deje de ayudarte?
Vine a darte y a vestirte
¿y tú quieres hoy herirme
y humillarme?
Vine a darte
para que fueras mi hermano.
¿Me sigues, me vigilas?
¡Pero aquí tienes mi mano!

Después, seguí caminando
sin entender lo que oía,
pues el uno ofendía al otro
y el otro se defendía.
Terribles eran las cosas
con que se herían.
Me dirigí calle arriba.
La ciudad no me agradó
y quise ganar la salida,
y mi camino se cerró.

Caí de bruces frente a un madero
que parecía barricada.
Yo pensé que la ciudad palpitaba
con suspiros de paz
no de alambrada,
con sonidos de quietud,
no con aullidos de fiera atrapada,
fiera herida…
y enclaustrada.

Vino un hombre,
y furioso, reclamaba:
¿Tú no odias? ¿Acaso eres feliz?
No estás en un lugar
donde vivamos en paz,
en amistad,
al contrario, yo, mi padre y mi
hermano
nos agredimos a diario,
porque así es menester
pues pelear se nos es dado.
“Haz lo que tengas que hacer”
le respondí, atribulado.

Vi en sus ojos
ese gran vacío profundo,
tan profundo y vacío
como un mundo.
Vi en sus ojos la razón
de lo agresivo.
Vi un gran odio,
pero vi desolación
y el temor.
Vi el gran miedo
que uno a otro se tenían.
Vi el coraje en sus caras…
y en sus corazones, ira.

Me sentí cansado y caí al suelo.
Esas tierras me han herido,
por tantas penas que vi,
he de dar gracias al cielo
porque con vida volví.
Hoy de tarde,
inicié un viaje
porque un caminante he sido…

DOLOR
(canción)

Vámonos que ya es muy tarde
te espera tu madre.
Tienes que volver.
Sé que lo que me dijiste
es razón suficiente
para no volverte a ver.
Conociste a otro.
Te sientes mejor.
Negar que me duele
es negar el sol.
Negar que yo siento
un dolor asesino
sería negar que un día fui niño.
Negarlo sería como el ignorar
ese gran dolor del pueblo palestino.
Conociste a otro y te hace feliz.

Él es divertido
y te hace sonreír.
Esta tarde vi en tus ojos
ese brillo extraño
que nunca antes vi,
ese fulgor hizo
que sintiera celos,
que nunca antes yo sentí.
Presentí algo malo.
Te vi muy feliz
Supe que eso no era
bueno para mí.
Negar que yo siento
un dolor asesino
es como negar
que un día fui niño.
Negarlo sería como el ignorar
el gran dolor del pueblo palestino.

Oscar L. Cordero es autor de Entre la Sed y el Desierto. Su obra más reciente es la colección de cuentos De mi Tierra al Espacio. Para adquirir sus obras llame: En Phoenix, Arizona: 602-977-0406 y 602-264-5011. En Hermosillo, México: 662-285-1080. En Internet: www.orbispress.com


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