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CUENTO

Por Rosario Orozco

Como todos los días, Alma saca sus útiles, se dispone a seguir la clase, a continuar una vez más con el tedio dulce y ceremonioso de los maestros, represión y más represión: haz, siéntate, pon atención, guarda silencio y todo ¿para qué? Todos aquí sabemos en dónde es más fácil todo, en dónde y cómo se logra lo que ningún maestro de los que les da clases puede obtener, claro que para hacerlo se necesitan pantalones. Entre sus útiles, Alma saca su álbum, la maestra lo ve y pregunta:

–¿Qué tienes ahí?

–Es mi álbum profa.

Entre fotos de Alma con su hermana, con su familia, en sus quince años, en su infancia, apareció un recorte de periódico en una de las páginas, en otra una esquela mortuoria.

–¿Tu álbum? ¿Y por qué tienes esa foto?

–Es que… ¿a poco no sabe quién es?

–No, la verdad no se quién es

–¡Pos es el Chicho profa!

–¿El Chicho? ¿Y quién es el Chicho?

–Pos el Chicho profa, el que mataron, era amigo de la familia.

–¡Ah! El que silenciaron hace poco en el restaurante La Herradura… ¿Y por qué lo mataron?

–Pos es que decían que… pos usted sabe… digamos no trabajaba bien, andaba aquí y allá sin que se le conociera trabajo, ¡pero era muy buena persona!!

–¡Ah! ¿Y qué dice el periódico?

–Pos que fue un ajuste de cuentas, pero no es cierto, era muy buena persona, imagínese había ayudado a mucha, mucha gente. ¿Se acuerda cuando en la colonia 18 de Marzo se les quemó a una familia entera su casa? Pos él les ayudó, les dio todo el dinero para que la construyeran de nuevo, también les ayudó a unos viejitos que no tenían para comer y a unos niños que se quedaron sin papá porque se los mataron, ¡era muy bueno, profa!

Otros estudiantes escuchaban silenciosos, después salió que otro alumno del mismo salón era familiar del famoso Chicho, ¡tan conocido! Tan Robin Hood moderno…

Algunos otros adolescentes soñaban en ser como él, al cabo en lo que lo agarran a uno, ya hizo y deshizo en el pueblo, ¿a poco no?

A la mañana siguiente a la profa le toca un convoy. Se forma para esperar que pase el tren tan lento, tan seguro, ¡tan oportuno! Justo 10 para las ocho se le ocurre pasar…

Pinche tren, son fregaderas –piensa la profa–. Pero ¿qué pasa? ¿Por qué habrá tanto soldado y tanto carro militar? Parece que llega alguien ¿o qué será? ¿Estaremos en estado de sitio? ¿O ya nos están invadiendo los gringos? No, no, ya no necesitan para qué se molestan si ya están aquí, si ya hacen y deshacen; no, debe ser otra cosa.

Voltea al lado, ve muchos paquetes, envoltorios cafés, cubos bien resguardados por cinta canela, como esos que salen en la tele, cuando anuncian que queman… pero muchos…

¿Así será como la empaquetan…?

Es demasiada la que llevan –pensaba la profa. No sé qué será, pero da miedo, tanto soldado, tantas armas, tamaños riflezotes, tan cerca de mí. No, definitivamente eso no era real. Pero lo era, tan real como que hay adolescentes que pretenderán imitar al gran y buen Robin Hood moderno.

El mismo que muere a manos de un desconocido, sin que nunca nadie emita ningún resultado de la investigación al respecto. Cuando llegó a la escuela continuaba consternada por el suceso, nerviosa, pensando: tan cerca de uno que pasan tantas cosas, tan al lado de uno, tan sin importancia para muchos.

Cosas, causas, procesos naturales y reales de este espacio border line, justo en el borde de la cordura, frente al límite de la locura…

Contacte a Rosario Orozco: maram2525@hotmail.com


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  2. Oct 9, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 53
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