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ENSAYO HISTORICO

LA DEMANDA DE MANO DE OBRA DIO PASO A MULTITUDES DE MEXICANOS EN LA POBREZA. ÉSTOS VOLVIERON A SU TIERRA OCUPADA “LEGALMENTE” A CAMBIO DE SALARIOS MÍSEROS. POR EL LADO GUBERNAMENTAL MEXICANO, EL ESCAPE DE LA POBLACIÓN ONEROSA, INCÓMODA, HA SEGUIDO SIENDO UN RESPIRO ECONÓMICO OFICIAL Y POSIBLE DESVÍO A MANIFESTACIONES DE PROTESTA…

Por Miguel Méndez

De verdad son los “coyotitos” los rectores del desmerequetengue desajustador fronterizo? ¿Qué razones ha generado el éxodo de desempleados mexicanos hacia Estados Unidos? Antes de los actuales coyotes ¿qué coyotones supremos han sido causa sistemáticamente de esta dolorosa situación común? Los coyotes impunes han venido siendo los presidentes de México y de los Estados Unidos. Desde el final del siglo XIX al presente, la esclavitud corriente de obreros indocumentados obedece a un pacto “tácito” entre los países en mención, de acuerdo a términos centrados en el concepto “Oferta y Demanda”.

La historia es un fenómeno al que no lo mata la sucesión de rotaciones terrestres. Se finca en un presente perenne. Por más intento de desvirtuar sus huellas eclipsándolas, resaltan nítidos sus recuentos. La cosa empezó con la invasión a México y subsecuente cercenamiento territorial. Como en las películas, todo es susceptible de legalizarse.

La prioridad inmediata de los Estados Unidos recayó en la urgencia de establecer vías ferroviarias, desarrollar la agricultura, explotar las minas del cobre, cría de ganado, etc. Esto en los territorios abarcados a fuerza de armas. El calorón, distancias y falta de carreteras, miedo a los indios, impedía el desplazamiento de anglos desde el norte al sur y demás rumbos. La demanda de mano de obra y las puertas abiertas dieron paso a multitudes de mexicanos en la pobreza.

Irónicamente, éstos volvieron a su tierra ocupada “legalmente” a cambio de salarios míseros. Doble fortuna para el imperio blanco y beneplácito a sus presidentes.

Por el lado gubernamental mexicano, el escape de la población onerosa, incómoda, fue y ha seguido siendo un respiro económico oficial y posible desvío a manifestaciones de protesta destructoras. El éxodo en cuestión ha significado a la vez, menos responsabilidad y gastos al gobierno, en muchos renglones relacionados a la ciudadanía, educación, salud, empleos, etc.

Además, desde el nacimiento de este fenómeno migratorio empezaron los envíos de dólares a familiares inmediatos de indocumentados, modestos pero significativos, en aumento al paso de los años, en la actualidad enormemente cuantiosos; vivo ejemplo a los super ricos magnates mexicanos.

La pirámide social de México, conformada feudalmente, herencia azteca y española, mandó a la base de la pirámide social a su pobrerío; a la aristocracia y oligarcas a la cúspide. El deshago constante de indigentes mexicanos en peregrinación a los Estados Unidos en busca de empleo dio pauta para que fluyera más dinero a los privilegiados en permanencia nacional.

En las últimas décadas los gobernantes mexicanos cimeros elevaron sus riquezas a grado cuantioso, según suposiciones de propios y extraños. Operan éstos en base a prestanombres, “mordidas” y estrategias depositarias astutas; camuflan sus propiedades a través de instituciones bancadas mundiales; son “sagrados”, intocables, tal emperadores aztecas; raras las excepciones.

Este fenómeno migratorio un tanto común por su carácter fronterizo,se inició entre México y los Estados Unidos a finales del siglo XIX; durante el XX y a principio del presente XXI, sigue vigente. Ahora todo este asunto es un solo desenfreno. Este caos tiene sus raíces. Al tiempo mismo de acelerarse la llamada explosión demográfica en los últimos cincuenta años, cobró auge el desarrollo industrial mecánico electrónico y demás aplicaciones técnico científicas, particularmente en los Estados Unidos. El automatismo deriva rápidamente en la invención y uso de los llamados robots. Como consecuencia lógica, la mano de obra innecesaria ahora mismo, se extiende a múltiples quehaceres desdeñados por la población local bien instruida. Además, desde Centro y Suramérica, Asia, etc., llegan y llegan también numerosas cantidades de indocumentados a los Estados Unidos. Los bienes a nivel mundial se monopolizan día a día, a la par aumenta el desempleo, la consecuente miseria y éxodo de gente desesperada.

Entre México y los Estados Unidos se impone ya un Programa Oficial Migratorio, que corrija una práctica esclavista supuestamente obsoleta.

El presidente actual, electo en verdad democráticamente y que ya va de salida, es un caso singular en la historia de México. Su nombre es Vicente Fox Quesada, faro y esperanza durante el lapso de las elecciones en que figuró su candidatura. Sin embargo, se le ha acusado ya en el poder, de obstruir el libre ejercicio democrático presidencial futuro, en favor todo de poderes transparentemente oligárgicos, en perjuicio de un posible candidato, vivo retrato en todo, de Benito Juárez, cuyo nombre es, Andrés Manuel López Obrador.

El presidente George W. Bush, dice ser justo y compasivo, fiel a los preceptos de Dios. El Verdadero, supuestamente, no el subteniente militarizado a capricho imaginario.

La respuesta del Todopoderoso, todo amor y justicia, dictaría obviamente, ante situación tan grave en daño al sufrimiento humano provocado negligentemente: “Hágase el Pacto Migratorio entre Estados Unidos y México. Explotar el dolor humano desvirtúa a la Democracia y a Mis preceptos Divinos”.

Es bien sabido que estos presidentes son también a su turno, por herencia gubernamental en continuación eslabonada, los verdaderos coyotes seudocristianos, ante este problemón migratorio aún subsistente. Dios quiere pruebas y actos estrictamente justos, no simbólicos, mucho menos demagógicos.

Las solas palabras no salvan. Sólo la acción constructiva redime. A las promesas vanas no las ignoran poderosos ni influyentes en alto grado.

Se murmura de constante a través de la voz común que varios señalados expresidentes de México, poseen gigantescas fortunas en bienes y dinero; ahora mismo son prepotentes en alto grado, mimados. Entonces, simplemente, sería justo que las autoridades mexicanas actuales los obliguen a devolver el 50% de lo que se llevaron a otros países o bien invirtieron en ricas propiedades nacionales; cosa quizá difícilísima, pero esencialmente justa.

Ese mismo dinero es el que buscan los indocumentados, irónicamente, a riesgo de morir en tránsito, ir a la cárcel, y cuántas más desgracias inesperadas. Ellos saben de la muerte más que bien, pero no tienen otra alternativa a mano, aparte de cruzar el infierno en busca de proteínas, para salvar a los suyos de la hambruna.

Se supone lo obvio. El trabajo pésimamente pagado a millones de indocumentados ha propiciado en el transcurso de un siglo y medio, a esta nación estadounidense, todo un desarrollo económico enorme, a la vista y conocimiento de todo mundo, incluso autoridades de todo rango. Entonces, ¿por qué con parte de esos dineros mal habidos, moralmente, entre ambos países, no se establecen industrias en las fronteras mexicanas? combinándose los dos países así, en noble y justísima actitud, para que a la vez de resolver fenómeno tan trágico, produzcan riqueza y empleos.

Señores presidentes actuales, de México y de los Estados Unidos: Los coyotes menores a cuyos hombros se ha echado de manera absoluta toda la culpa del caos migratorio, son sólo delincuentes menores, escudos, chivos expiatorios. Sí ustedes no tienen voluntad y lógica para arreglar todo este lío, figurarán desafortunadamente como campeones mundiales Violadores Consuetudinarios de los Derechos Humanos Digamos que toda esta tragedia fronteriza migratoria es uno de esos yerros históricos inadvertidos, por complejos y arcaicos, hipocresía aparte.

Dos hombres, presidentes de países altamente merecedores de elevados conceptos y reconocimientos positivos, deben actuar hoy por hoy a consciencia, acorde a sus constantes, repetidísimas aseveraciones, a favor de la Justicia, la Libertad y la Democracia.

¡Hágase la voluntad de Dios en favor de las víctimas fronterizas y en contra de hambrunas anticristianas!.

No estaría por demás comentar, que tanto individual como colectivamente vivimos sujetos a complejidades.

En Estados Unidos, como en México o la nación que sea, la población en números superiores es amiga de la paz y el mutuo respeto. Son los menos, entre millones de habitantes, los que lo quieren todo para sí; si es preciso, de manera violenta. La furia y la humanidad, son alojo de cerebros enfermos. “Bienaventurados los pacificadores”.

Mas, aquellos que rezan a Dios y a la vez matan o hambrean, donde quiera que existan, venden el alma al diablo mayor y a sus legiones integradas con demonios dantescos. Sembrar la miseria o sólo contemplarla, sin la más mínima compasión, es en daño universal. Suele decirse “del dolor ajeno todos y cada uno somos y hemos venido siendo culpables”.

Rectores nacionales del mundo todo: Justicia debemos, más que la sola compasión a aquellos seres humanos que cargan en hombros su hambruna espectacular o perecen rígidos en abandono.

En toda nación donde se dé la muerte por efecto de la miseria, genocidios e indiferencia oficial, no cabe ningún concepto sublime de entraña política, simbólicamente; tales: religión, democracia, comunismo, monarquía, etc., etc. Ninguno de estos escudos dados o por darse, supera al sello auténtico fincado en una realidad definible como, “el poder por el poder”. El resto es: Demagogia, palabrería hueca…

El autor es profesor emérito de literatura hispana en la University of Arizona, Tucson.

Contacte a Miguel Méndez: peregrinommm@aol.com


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  2. Oct 10, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 53
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