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DESDE MÉXICO

El Telecé era una leyenda en el ámbito del hampa en Culiacán. Sus hazañas se comentaban con discreción en los pasillos de las corporaciones policíacas. Aún cuando el gatillero fue siempre precavido para mantenerse en el anonimato, su apodo se filtraba dando pie a interrogaciones indiscretas…

Por Marco Antonio Garibaldi
Desde Sinaloa especial para CULTURADOOR
(Fragmento de Novela)

Capítulo I

Asesino a sueldo, con más de veinte años en el oficio, el Telecé ya era una leyenda en el ámbito del hampa en Culiacán. Sus hazañas se comentaban con discreción en los pasillos de las corporaciones policíacas. Aún cuando el gatillero fue siempre precavido para mantenerse en el anonimato, su apodo se filtraba dando pie a interrogaciones indiscretas. Así lo entendían Mariano Higuera, Jefe de la Judicial y el soplón Guango Sauceda, al ser entrevistados por el nuevo agente del Ministerio Público, Arcadio Mojardín. La reunión tenía lugar en un privado del restaurante El Asturiano. Créame licenciado, se cuentan de él muchas versiones. Le aseguro, sin temor a equivocarme, que se trata de un hombre muy valiente. No confunda el valor, con el proceder del atrabancado que ignora las consecuencias de sus actos. Licenciado, si le parece mejor entonces llamémosle arrojo; lo cierto es que este hombre tiene fama de invencible. Comandante, convengo que la chusma hambrienta de milagros y harta de santos timoratos invente el culto de Malverde, pero usted es hombre de armas, no me salga con hombres invencibles. En ningún momento estoy confundiendo la magnesia con la gimnasia, sólo trato de explicarle que hablamos de un perro de caza implacable, cuando va por su presa nada lo detiene. Este hombre no hace milagros ni ayuda a los pobres, de él no espere un vaso de agua, lo más que podrá darle es un balazo. Una leyenda comandante –regresó el sarcasmo el agente del Ministerio Público–. Y tu Sauceda, ¿qué piensas? Licenciado, ni en cantinas ni en billares lo conocen, tampoco en los tiraderos de perico. Les pregunté al Húngaro, la Vira y la Pía, y no saben nada de él. Recuerden que laguna sin salida, tiene resumidero. Búsquenle, alguna querencia debe tener.

Habían ordenado paella, la especialidad del lugar; hasta ellos llegaba el aroma de las especias al acitronarse. Sauceda, sin cuidar las apariencias, se deleitaba aspirando los olores que desde la cocina se esparcían. ¿Dices que anda solo? Así es licenciado, no tiene ni un sólo amigo, ni siquiera un conocido que nos permita ubicarlo. Pues le diré que hoy en día, para trabajar solo, hay que ser muy hombre o muy pendejo. Este último, solito se mata. Los que tienen güevos de sobra y quieren trabajar libres son malos ejemplos, no convienen a ninguna organización. Mojardín pidió vino blanco para acompañar la comida. Les trajeron dos botellas de Cháteau Domecq. Al licenciado Mojardín le resultaba imposible imaginarse a un hombre con una voluntad formada en la soledad, el silencio y la abstinencia extrema.

2

Amante de las caminatas nocturnas, al amparo de las sombras, el Telecé salía a recorrer las calles de la ciudad hasta el amanecer con su pistola escuadra fajada y suficiente dotación de parque. Era capaz de alcanzar una inmovilidad similar a la de un fakir, y pasar semanas sin salir a la calle con dietas frugales. Su único vicio era su afición por recorrer los antros de la zona de tolerancia. Desde las sombras observaba detenidamente a las prostitutas atender a los clientes, fichar la copa, bailar la pieza a peso e ir al cuarto. Se pasaba las horas llevando un registro mental de cuánto sucedía. Jamás se daba a notar. Un día llegó a trabajar al antro El Siboney una joven morena de figura y facciones atractivas. Desde que la descubrió quedó prendado de ella; parecía tallada en ébano oscuro, de muslos largos, piel tersa y brillante. Él lamía con su mirada toda su silueta. Al mostrar sus encantos sin recato alguno, le producía punzadas por debajo de la bragueta. La observaba tomar, incansable, cerveza tras cerveza y bailar con cuanto cliente la solicitaba para luego llevarlo al cuarto. Pareciera que la noche no era suficiente para extinguir el ansia de aquella mariposa. Nunca solicitó sus servicios ni intervino en los pleitos que se vio envuelta pese al ahogo que le ocasionaba verla rodar encima de las mesas luchando contra dos o tres damiselas. Aquella hembra como apareció un día se esfumó. Todavía pasados los años él creía verla en otros rostros.

3

Dices que tiene más de veinte años en este oficio. Así es licenciado, hay quienes cuentan que su primer crimen fue para robar una pistola, sacó borracho de uno de los bailes que organizaba Mingo en la escuela blanca a un sierreño que mató a garrotazos. Otros creen que su primer trabajo fue para la familia Bedoya, quien lo contrató para ejecutar al Loncho, el administrador del bule el Chantacler, en una carreta de mariscos frente al mercado Buelna. ¿Cuánto tiempo llevas de soplón Sauceda? Desde la secundaria, ¿verdad mi comandante? Cuando la quema de los cines, me manejaba cerquita del Rito; sabía los nombres de los cabecillas y dónde se escondían, gracias a mí agarraron al Gaytán y al Gori. Tú también tienes tu historia. ¿Cómo te consideras? ¿Osado o valiente? Si ese Telecé se entera que andas tras sus pasos, no le va a gustar. Qué pues mi licenciado, no me lo cabreé, el comandante Higuera salió en defensa de Sauceda. El licenciado Mojardín, olvidándose de toda regla de urbanidad, dejó el plato completamente limpio, ni un grano de arroz se veía, y dándose unas suaves palmadas en el estómago, les dijo a manera de despedida. Bueno, a’i los dejo. Ya saben, búsquenle. Pónganle creatividad, dijo señalándose la sien con el dedo índice. Están entrampados en la rutina; un tipo así como lo describen no se mezcla con los piojosos. Jamás lo van a encontrar en cantinas o billares, yo lo buscaría en lugares de caché. ¿De caché? Claro Sauceda, en Los Chinacos o en el Moroco. Dijo dando unas palmadas en la espalda del soplón al abandonar el lugar. ¿Qué le pasa a este licenciadito? Preguntó Sauceda. No le pongas cuidado, trabajaba de auxiliar en el despacho de Ibarra. ¿El penalista que apareció muerto en el río? Ese mero, se dice que fue el Telecé…

Contacte a Marco Antonio Garibalid, escritor mexicano, radica en Culiacán, Sinaloa. E-mail: guachimeta@hotmail.com


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  2. Oct 10, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 54
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