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PRESENCIA

Por David Alberto Muñoz

No sé por qué le dijiste que se reunieran aquí. Tal vez siempre has querido impresionarlo. Después de todo es tu padre. Aunque la última vez que lo viste todo fue tan superficial. Se saludaron civilmente para que al final de cuentas terminaran hablando de política, del equipo mexicano de fútbol y las sinvergüenzadas que habías hecho en los últimos días.

Cada vez que lo miras es lo mismo. Has intentado hablar y decirle lo que realmente sientes, pero nunca has podido. Creo que nunca te va a entender. Ese es el problema de todos, queremos que nos comprendan pero al final de cuentas descubrimos que nadie verdaderamente puede hacerlo. Tal vez es simplemente tu orgullo lo que te ha detenido para charlar honestamente con él.

He llegado a pensar que todos los humanos estamos traumados. Unos por haber tenido familia, otros por no haberla tenido. Si tus padres hablan contigo te quejas de que son muy metiches, si no lo hacen, el lamento es que te dejaron crecer igualito que a un animal salvaje. Los seres humanos nunca están satisfechos. Siempre no la pasamos quejándonos de los demás. ¿Dime si no es cierto? Total, la historia es la misma de siempre, complejos de inferioridad o de prepotencia.

Mira nada más que lindas piernas la de la muchacha aquella. Sí, no te hagas, la que está sentada casi enfrente de ti tomando un café. ¿A poco no te dan ganas de ir y acariciárselas? En tu finita mente ya escribiste hasta la escena final de alguna película influenciada por la mente de Hollywood. Ya se conocieron, tuvieron intimidad, y hasta se separaron porque tenían los dos intereses diferentes.

Viste bien, claro, debes de recordar que estás en Scottsdale, por estos rumbos todo el mundo se jacta de ser la crema innata de la sociedad. ¿Nunca has pensado que mientras toda esta gente se pasea meneando la cadera y con rostro de pocos amigos, en algún lugar del mundo niños se mueren de hambre? Ya sonaste igual que tu madre. Te decía lo mismo cada vez que no querías comerte la comida. Te sentías tan culpable he intentabas comerte el último pedacito de carne o de frijoles que te quedaba en el plato.

Siempre he tenido la fantasía de conocer a alguien en un mall e irme con ella a la cama del hotel más cercano. Creo que hasta el dialogo he inventado en mi mente.

Ya volteó a mirarte. ¿Te diste cuenta? Por lo menos sonríe, o va a pensar que eres un depravado sexual de primera calidad. Por lo menos te rasuraste. ¡Cómo te gustan las mujeres! Una cosa sí te digo, no eres del otro lado.

Él se hubiese reído. Sí tu padre. ¿Te acuerdas cómo lo mirabas de chiquito preguntándote qué pensaba? Compraba litros de leche en alguna tiendita mientras viajabas con él por toda la república mexicana y se lo tomaba casi de un trago. Siempre lo mirabas con mucha admiración.

En cierta ocasión se enojo mucho contigo. El motivo realmente no importa, o tal vez sí. Yo qué sé. Pero casi te golpea. Eras todavía un adolescente en la época de la pubertad y le tenías mucho miedo. Todos los hijos le hemos temido a nuestro padre. Estaba muy fuerte en aquella época. Era cuando levantaba pesas. ¿Te acuerdas? Nada más te tembló el labio superior y casi te orinas del susto. Creo que lo que más te impresiono fue la forma en la que él regresó después de algunas horas para disculparse contigo. Nada más lo miraste con ojos de liebre asustada. No sabías ni qué onda.

Todos estamos traumados de una manera o de otra. Por más que digamos que no. Si nos prestaron atención porque no la dieron, si no, porque nunca nos hicieron caso. Si nos daban nuestras nalgadas de niños, porque nos zumbaban, si no por eso nos hicimos bien groseros. Si tienes el miembro grandote porque lo tienes, si no porque no. Si estudiaste en las mejores universidades por una cosa, si no por otra. ¡Total! Si me hubieras querido…

Creo que esa muchacha se parece a Rita. Sí, esa mujer que te introdujo a la vida sexual, no te hagas. Poco a poco fueron los dos cayendo en un estúpido juego que terminó en un encuentro físico, metidos los dos en el baño de abajo de tu casa, manoseándose mutuamente porque ni siquiera sabían cómo hacerle. Hasta risa me da. Todavía puedes sentir sus manos y su pecho desnudo demandadote que lo chuparas con pasión, con ganas.

No sé porque los humanos somos tan hipócritas, todos deseamos de la misma manera, todos tenemos heridas, todos escondemos cosas detrás del closet, pero eso sí, todos nos escandalizamos de lo que el otro hace.

¡Ah! Ya vas a empezar…sí, ya sé que tú no tienes ningún complejo, tú eres perfecto, sí, un perfecto hijo de la chin…

¿Te acuerdas cuándo tu padre te regaló aquel reloj caro que tanto dinero le costó? ¡Cómo no te vas acordar! Lo miraste con tanta sorpresa. Él, tembloroso se lo quitó de la muñeca, mientras que tú, nada más elevabas lo ojos al aire como si fueras un animal en celo.

Las cosas nunca son como uno las deseas. ¿A poco no te has dado cuenta? ¿O acaso piensas que Don Lupe es feliz? Nada más imagínate. Divorciado tres veces, con hijos por todos lados y su mujer hasta le pega. ¿Y qué me dices de Marta? Sí, Marta, la vieja de Rodrigo, muy buenota pero cargada de seis hijos uno tras otro, y por más bueno que tenga su cuerpo, todavía el condenado marido le pega todos los días y creo que a ella hasta le gusta.

Lo que quiero decir es que todos tenemos nuestros problemas, nuestros traumas, nuestras desilusiones, nuestras esperanzas, nuestras cosas. ¿Quién no ha hecho una tarugada? ¿Quién no necesita pedir perdón o perdonar a alguien? ¿A poco no tienes ganas de darle unos trancazos a aquel tipo que se metió en la línea del cine mientras salías con Minerva la muchacha más bonita de la cuadra? ¿O es que ya te sientes tan superior a todos que caminas por avenidas diferentes y no sientes responsabilidad para con otros?

Ahí viene tu padre… ¿Qué le vas a decir? ¿Le vas a reclamar o a lo mejor le vas a gritar en la cara? No, se me hace que simplemente te vas a lanzar en sus brazos como niño chiquito. ¿O lo vas a ignorar? No, ya ves, siempre es lo mismo. No sabes qué hacer…

—¡Papá!

—Hola muchacho.

—¿Papá?

—Dime mi hijito…

—No sé qué decir…

—No te apures…yo tampoco…el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra…

© David Alberto Muñoz


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