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PRESENCIA

¿Te das cuenta? Las vocales dominan la vida, sin vocales no existiríamos.

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

Día de publicación: 1-Marzo-2008

Estoy cansado. A veces la vida te cansa. Como que no tengo fuerza en los brazos; mis piernas se me doblan. Escucho el respirar de mi allegado, y siento un inmenso pesar sobre mi nuca. Sacudo mi cabeza intentando descargar ese sentir. Los ojos se me cierran. Siento que me pierdo en el sueño. Percibo una gota de sudor sobre mi frente. Suspiro largo y tendido. ¿Qué se sentirá dejar de respirar? Ya me ha pasado algunas veces pero siempre regreso.

Las palabras de mi prójimo suenan como botellas rotas frente a la acera de mi casa, mientras algunos niños juegan con una pelota de fútbol que encontraron en el patio de atrás de la casa de la gordita…es mi vecina; siempre me he preguntado que hará esa mujer. Es joven relativamente. Cuando la conocimos estaba muy gorda. De pronto bajó mucho de peso. Hemos llegado a pensar que a lo mejor se hizo una operación de esas que se hace la gente hoy en día. Se mira muy bien. Creo que hasta he tenido pensamientos sucios. Perdón, la gente dice que eso no se debe de decir.

¿Cómo?

¿Quiénes somos nosotros?

No sé, nada más estoy hablando.

A veces las palabras nada más brotan de la nada. Se imprimen en la piel como sudor lúgubre. Esas ocasiones cuando te encuentras solo, con tu propia presencia, sin poder escapar de ti mismo. Cuando el sonido de los grillos te atemoriza provocando temblor en tus entrañas, y tus propios familiares te escupen aquellas palabras que nunca deseaste escuchar.

—¡Darío! ¡Darío! ¿Ya te viste desnudo?

Nunca antes pensé en el poder de las vocales. Siempre me había escondido detrás de los acentos escribiendo simplemente los sonidos que llegaban a mi mente. Cierto día descubrí que sin vocales no hay sonido. ¡No! No puede haber movimiento en el lenguaje sin una vocal seduciendo a una consonante aunque sea de las más difíciles.

¿Me entiendes?

A, E, I, O, U, ¿cómo decíamos en la escuela? Sí, el burro sabe más que tú. ¿Qué culpa tiene el pobre burro? ¿Por qué siempre hemos pensado que el asno es un pendejo? Nada más porque se nos ocurrió. Ya ni la chingan los humanos, bueno, ya ni la chingamos, nos sentimos dioses dormidos en los laureles de nuestra propia creación.

Yo estoy hablando de otra cosa. A lo que me refiero es a la destreza de crear resonancias que tienen significado. Cacofonías que sólo logran alcanzar el alma humana. Fíjate bien, con simples susurros que salen de tu boca puedes enunciar las más íntimas emociones:

—¡Te quiero con todo mi corazón!

—¡No quiero volver a verte en mi vida!

—¡En la madre!

¿Qué curioso no? Puedes destruir a tu pareja, o llevarla al monte de la transfiguración; las amistades se pueden ir a la chingada, o tal vez se pueden afianzar con mucha fuerza; las miradas de los demás te pueden fulminar cuando escuchas esas cadencias que son explosiones brotadas de lo que tú eres, tu alma, tu espíritu, tu ser, como quieras llamarle, lo que te hace ser tú y no otra cosa. ¿Sí me explico?

No te burles.

Ya aterricé otra vez.

Creo que hemos descubierto la forma de cuestionar nuestras propias palabras. Y no es necesariamente un signo de interrogación. Estoy hablando de crear dudas en la mente, en el corazón, en el espíritu. De provocar laberintos, huecos, lagunas mentales donde nos perdemos, y muchas veces no podemos salir. No, al contrario, ahogados en pensamiento sobrevivimos solamente porque tenemos la habilidad de expresar ruidos que reflejan nuestra frustración, nuestra alegría, nuestra incapacidad de comprensión, nuestra vida.

Somos como animales, nunca has pensado. Obsérvanos cuidadosamente.

Si estamos contentos decimos: ¡A!

Cuando la sorpresa llega enunciamos: ¡E!

Si la ironía nos domina formulamos: ¿I?

Si la ternura nos domina expresamos: ¡O!

Y cuando no sabemos qué hacer simplemente enunciamos: ¡U!

¿Te das cuenta? Las vocales dominan la vida, sin vocales no existiríamos. Estuviésemos totalmente perdidos detrás de la nada, produciendo eufonías sin sentido.

La belleza no esta en el lenguaje, más bien está en las vocales…

A Acuérdate que estás vivo

E Eco de tu propia voz

I Insomnio de tu presencia

O Omnipotencia de tu propio ser

U Uso obligatorio

Estoy cansado. A veces la vida te cansa. …pero aún así, todavía tengo palabras que decir.

A, E, I. O. U, estoy vivo igual que tú.

© David Alberto Muñoz, Ph.D.
Faculty Philosophy & Religious Studies
Chandler-Gilbert Community College
2626 East Pecos Road
Chandler, Arizona 85225-2499
(480) 732-7173
david.munoz@cgcmail.maricopa.edu


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