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Y tengo que repetir lo obvio, porque algunos lo han olvidado: Esta Tierra ES Nuestra Tierra. Entre inseguridad, ansiedad y temor, hay que admitir el miedo, y lo que teme uno. Ya sabe, me aterroriza pensar que seamos las siguientes víctimas de estos hombres tan extraños. ¿Cuál será nuestro futuro? ¿Habrá futuro para nosotros? ¿Cómo nos defenderemos? ¿Qué se puede hacer para que nuestro pueblo sobreviva, para que supere esta crisis? ¿Cómo detenemos la invasión de estos salvajes desalmados? Le pido al Todopoderoso con mis rezos.

CUENTO

Imágenes Internet

Por Arturo Ramírez

arthur.ramirez@att.net

—Exclusiva de Culturadoor.com, desde Austin, Texas

Día de publicación: 18- Marzo- 2012

Carta de uno de nuestros compatriotas tejanos, escrita en 1824, encontrada y transcrita por Arturo Ramírez.

Mi Muy Estimado Compadre,

Estoy muy preocupado y por eso le escribo esta carta, no sin un misterioso terror que más y más me deprime. Le pido que, por favor, me aconseje. La cosa es que he notado repentinamente cómo más y más extranjeros siguen invadiendo nuestra tierra. Sé que permitimos que entraran algunos. Pero todo se va volviendo caótico.

La realidad es que se va amontonando gente de otra cultura, no la nuestra. Hablan su propia lengua—que francamente desconozco, pero sé que es inglés. Son sonidos muy feos. Todo esto más y más hace que me sienta un poco más enrevesado cada día. Se trata, compadre, le digo, de estos extraños que provocan—y no quiero exagerar—cierto asombro por lo distinto y diferente que son. No sé qué disgusto irradia de ellos.

No sabemos qué hacer. Es una plena invasión, le digo. Uno los ve por todas partes. Se van amontonando, le digo. Por un pequeño descuido, nos vamos hacia un abismo. Sabe, estos extranjeros siguen con su propia lengua, aunque prometieron hablar la nuestra. Es aterrador escuchar su lengua por diestra y siniestra. No sabemos qué hacer. Cuando despierto por la mañana escucho las bellas aves y a la vez los toscos sonidos de su lengua. Es más, no les importa a estos descarados invasores tan aprovechados y arrogantes.

Sí, compadre, esta ola es avasalladora. ¿Qué nos aconseja? ¿Cómo se puede detener ola tras ola de invasores? Por favor, ¿cuáles son sus consejos para que nosotros podamos regresar a una vida pacífica, normal, como la que teníamos y vivíamos antes?

Fíjese, compadre, estos ilegales no respetan las leyes nuestras en lo más mínimo. Y, sabe, los pocos que vinieron primero, eso mismo prometieron—hablar nuestra lengua y practicar nuestras leyes. Francamente, es claro que ni siquiera nos respetan a nosotros como seres humanos, sino que nos siguen acosando descaradamente. Ahora ya casi nos están rodeando por todas partes. Y siguen viniendo más y más de ellos, mudándose a nuestra tierra. Yo creo que les gusta aquí así como a nosotros. Bueno, que es más, es una plena invasión, me repito. De parte de nosotros el terror crece y crece. Tengo que contarle que todo va de mal en peor. Lo que le cuento va más allá de mi inquietud. Todo mundo piensa como yo—aterrado y asustado. Pero seguimos pensando qué es lo que podemos hacer.

Primero, sí, todo esto iba creciendo poco a poco. Pero ahora, la merita verdad, se trata de una ola avasalladora. Díos mío, ¿cómo comenzó todo esto? ¿Por qué? Creo que Dios se olvidó de nosotros. Le digo, compadre, están por aquí y por allá. Hay tantos; se trata de un tumulto de enormes hormigas insensatas. Francamente hay tantos de estos hombres fuereños que siguen amontándose casi uno sobre otro y no solamente nos están desplazando.

Estos hombres son muy extraños. Dijeron, allá al iniciarse todo, que iban a respetar la santa iglesia católica y se iban a convertir. Vendrían hasta familias enteras. Dijeron que aprenderían nuestra lengua, pero no tienen ningún concepto de respeto. José, María y Jesús, sólo escuchamos sus blasfemias, no dignas para nuestras familias. Mucho más les interesa lo suyo, eso es, ser peleoneros y pistoleros y… siempre con su whiskey. Muchos son hombres solteros, y dicen que mandarán por sus familias pronto. Otros se arrejuntan hasta con nuestras mujeres, algunas ladinas, o encuentran sus mujeres en sus cantinas.

Parece que dominan no sólo por sus números, sino también por su carácter y con su arrogancia. Han traído unos hombres negros y sus familias también como esclavos, los que nosotros ya habíamos liberado, pero ellos no. Sabemos cómo hacen trabajar a los negros. Estos hombres malvados no parece que piensan que los negros son humanos. Es verdad, sabemos cuanto trabajan los negros. Fíjese, proveemos albergue aquí en Tejas para negros que son fugitivos de la esclavitud que sufren allá en tierras norteñas, esas tierras donde antes vivían los invasores, tales como, dicen, Tenesí y Carolina, como el nombre de una de mis comadres. Me duele contarle que nosotros a veces no nos hemos portado bien con estos pobres negros, esclavos, o no.

Pero estos extraños ilegales que le menciono parece hasta gustarles dedicarse a maltratar a sus esclavos –como si fueran bestias. Ay, compadre, el sufrimiento– los golpean, los hacen que persistan en lo imposible en el trabajo del campo—y con un mínimo de comida, ropa y vivienda. En otras palabras, compadre, estos invasores siguen haciendo lo suyo en nuestras bellas tierras de Tejas. Y a veces también se arrejuntan con la mujeres negras.

Y tengo que repetir lo obvio, porque algunos lo han olvidado: Esta Tierra ES Nuestra Tierra. Entre  inseguridad, ansiedad y temor, hay que admitir el miedo, y lo que teme uno. Ya sabe, me aterroriza pensar que seamos las siguientes víctimas de estos hombres tan extraños. ¿Cuál será nuestro futuro? ¿Habrá futuro para nosotros? ¿Cómo nos defenderemos? ¿Qué se puede hacer para que nuestro pueblo sobreviva, para que supere esta crisis? ¿Cómo detenemos la invasión de estos salvajes desalmados? Le pido al Todopoderoso con mis rezos.

Deseo hacer todo lo necesario para que nosotros mismos no seamos igualmente maltratados como los pobres seres que le menciono—o, aun, constituir otro grupo, desposeídos de toda humanidad. Sabemos muy bien de qué son capaces estos invasores desalmados. Compadre, como es claro, lo que más temo es que nos pisotean con sus botas, como si fuéramos grillos. Compadre, Ud. quizá tenga algunos conocimientos y nos pueda aconsejar. Fío en Ud. El exterior ya está en el interior, francamente. La realidad inmediata es desesperante, triste, pero aún hay tiempo, creo. ¿Qué hay que hacer en este momento? Tenemos que actuar cuanto antes. Se trata de nada menos que una crisis de proporciones enormes e inmediatas. En este momento de emergencia grito “¡Fuego!”. No hay duda que el bienestar y quizá la existencia aún de todos nosotros esté a riesgo. ¿Seguiremos existiendo?

Hace un momento escuché una acalorada discusión, palabrotas, gritos, ruidos caóticos y la descarga de una carabina. Compadre, es obvio todo, absolutamente todo, está en juego. Espero comunicación suya muy pronto, aunque le asegura su gentil amigo que la defensa propia es permitida.

Su Seguro Servidor y con Todo Respeto, Le Saluda Su Amigo Tejano.


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