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¿Has escuchado la cascada puliendo en ese instante la piedra
a la que canta el cuervo y los ojos del viento?

Por Manuel Murrieta Saldívar
—Fotos y versos—

—Exclusiva de Culturadoor.com—

Día de publicación: 16-Junio-2008

Era el aire con su velo de agua
nadando en precipicios,
sábana de amor cubriendo mi esqueleto…

Escápate,
huye de donde estés,
de prisa,
ahora
que sólo quedan los resquicios de la última nevada…

Era la nube revolviendo el pasto
entre coleópteros
y hormigas,
arrastrando risas y máquinas
penetrando las alturas y el origen de cascadas.

¿Has sido rodeado por estruendos naturales
que duran gotas de siglos y superan
a cualquier ruido humano?

Y todo sostenido por años luna fértiles,
derivados en pinos y alamedas
meciéndose en el lago cansado de ser plácido.

…que ya aparecen los primeros pinares resecos por el humo
y lo pardo del bosque
oradado por túneles
y rayas amarillas
sin saber si
podremos regresarlo de nuevo a su estado original.

Era el sonar del tiempo
cobijado en sombras cristalinas,
mecánicos paseos y faunas en astillas.

Ven por favor a las montañas,
huye del pavimento y corónate en la piedra
esculpida por la nieve
y la luz, ahí,
donde hace círculos y da vueltas con un nuevo
impulso por el mundo, el viento.

Era el turno del sol en una sola tarde,
entera,
uniendo pájaros nacidos de las ramas,
de lagunas e islas miniatura.

Era yo solo,
rescatado por nevados moribundos
y los últimos afluentes
que le quedan a la Tierra,
desesperada por sacudirse ya
esa carga de partículas humanas
que no la dejan girar,
lechosa y fresca,
como en aquel primer instante
que decidió desprenderse del tumultuoso vientre planetario…

¿Has escuchado la cascada puliendo
en ese instante la piedra
a la que canta el cuervo y los ojos del viento?

Era el cuerpo del diluvio atrapado
en un río autóctono de piedra,
a cada ciclo de nieve apenas siendo atestiguado por mis manos.

Acuéstate en el agua clara,
sonríele al césped a fuerzas natural
y pregúntate por el destino
de los seres prehistóricos que antes depositaron
sus ojos en el mismo pedregal.

Si a horizontes voy,
estoy atestiguando el por qué decidí
espantar a las prisiones,
enterrar el asfalto,
para posarme
en esta luminosidad
que cae sobre el agua como vuelo solar.

Nuestros cuerpos te convocan,
inmaculado oxígeno
que calma
y nos une sin razones
al agua vertical,
a la raíz,
a esta brisa virgen
que nos hace parir
el orgullo
verdadero de ser seres humanos
enteros y completos vibrando en los restos del planeta que aun nos cuida…


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