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Es a través de estos procesos de la sociedad organizada que se desarrolla una parte fundamental de la democracia, la rendición de cuentas por una sociedad indignada hacia un gobierno represor. Es por eso que los estudios de Memoria son una herramienta que sirve para poner en evidencia el actuar del viejo régimen, e informar a las nuevas generaciones del peligro que corren si retoman el antiguo camino. Pero también es una forma de exigir justicia y detener la impunidad. Por lo tanto, la producción académica, social y política de la memoria es esencial en la constucción de un nuevo régimen político.

ARTÍCULO

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Imágenes del archivo de Culturadoor.com

 

Por Daniel Ceceña Aispuro.

Universität zu Köln, Philosophische Fakultät

daniel.cecenaa@gmail.com

—Exclusiva de Culturadoor.com, desde Colonia, Alemania—

Día de publicación: 22- Enero- 2016

En los últimos ocho años, México ha sufrido una crisis de desaparecidos y violación de derechos humanos como ninguna otra en su historia reciente. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública, para abril del 2015 existen en el país 25,955 personas reportadas como desaparecidas; para 2012, se calculaba que había más de 60,000 muertos por la guerra contra el narcotráfico. A éste enorme número se tendría que agregar la cantidad de aquellas personas que no han sido reportadas, ya sea por miedo o por desconocer la situación actual del familiar, y de aquellas desplazadas por la violencia. La sociedad civil en México está a la merced de grupos delincuenciales, gobiernos autoritarios y otros grupos de poder.

En el contexto de la guerra contra el narcotráfico es fácil atribuir la autoría de las desapariciones al crimen organizado, pero decir eso sería simplificar la situación mexicana y desconocer completamente las características de las instituciones gubernamentales. Éstas crean un clima de total impunidad, idóneo para la violación sistemática de derechos humanos. En algunos casos incluso es el Estado mismo el autor, como lo supimos del caso de Ayotzinapa (donde aún siguen desaparecidos 42 estudiantes) en donde la participación del Estado lo convierte en desaparición forzada. Aunque no ha sido el único, en los últimos días se ha revelado información acerca del actuar de las fuerzas federales a lo largo del territorio mexicano.

Lo acontecido en Ayotzinapa es particularmente emblemático debido a que los estudiantes pertenecían a la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos. Esta institución, formada durante los años de la educación socialista en México, ha servido como semillero de movimientos sociales. Allí se han formado líderes guerrilleros como Lucio Cabañas Barrientos, el cual murió a manos del ejército mexicano en la llamada “guerra sucia”, al igual que muchos de sus compañeros. Un suceso poco recordado pero que dejó a 374 desaparecidos. Sin embargo, es probable que las víctimas sean muchas más, ya que no todas son reconocidas por el Estado.

Muchos años han pasado desde que México transitó por la guerra sucia. El país vivió años de apertura política que dieron paso a que el PRI perdiera el control de la Ciudad de México, su mayoría en el congreso y en el año 2000, la presidencia de la República. Siguieron los años de la alternancia política, se miraba hacia el futuro con esperanza de un cambio general, se prometió acabar con la corrupción y perseguir a los culpables de los crímenes cometidos durante el priismo. Tras seis años de ningún cambio, llegó el segundo gobierno de la alternancia y trajo consigo la guerra contra el narcotráfico. Además vino acompañado por un aumento en la cantidad de escándalos políticos, corrupción rampante y represión política y social. Pero, a diferencia de lo ocurrido en la época del priismo más represor, los acontecimientos se publicaron en la prensa nacional, y en menor medida incluso en las regionales, con relativa libertad de prensa.

En el 2012, el PRI regresó a la presidencia, envuelto en un aura de reformismo y con una nueva imagen. Se presentaba como un nuevo partido, joven e incluyente, el cual había escuchado a la sociedad y cambiado sus viejas prácticas (aunque el actuar de la gran parte del partido en los estados y municipios contradijeran esta postura), el nuevo PRI. Rápidamente se vio lo contrario: casos cómo Tlalaya, Ayotzinapa, Apatzingan, la casa blanca, entre otras, trajeron a la memoria los momentos más obscuros de los gobiernos priistas del pasado y pusieron en cuestión la capacidad de la incipiente democracia mexicana.

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¿Qué paso en la alternancia? ¿Por qué la impunidad, corrupción y violencia también fueron características de los gobiernos de oposición? ¿Por qué vemos de nuevo violaciónes a los derechos humanos? ¿Qué no había pasado ya el tiempo de los desaparecidos? ¿Existe una democracia funcional en México? ¿Con qué herramientas podemos enfrentar un retroceso en las instancias democráticas? ¿podemos usar las experiencias vividas en otros países?

Sudamérica tiene una larga historia de gobiernos autoritarios y dictaduras militares sumamente violentos, donde el caso de desaparecidos y violaciones a los derechos humanos tiene un papel primordial en el debate público actual. Para las respectivas comunidades nacionales la demanda social “¡Nunca Más!” tiene un papel fundamental en las formas de crear democracia y verse a sí mismos como nación. Hoy en día ésta antigua consigna todavía forma parte de un sentido de lucha política y social.

Las sociedades de estos países han lidiado con los problemas del pasado de formas muy particulares: mientras Argentina ha optado por hacer juicios contra la dictadura militar Uruguay, a través de un referéndum, decidió dejar atrás los hechos violentos y dar paso a una nueva etapa democrática. Chile, por su parte, aún lucha con sus viejos victimarios en un proceso aún abierto. Así podemos tomar distintos ejemplos a lo largo del continente. A pesar de que cada uno tiene una forma diferente, todos comparten un reconocimiento y rememoramiento a las víctimas de los regímenes dictatoriales, ya fueran los actores políticos, sociales o, en algunos casos, religiosos. El tener presente a las víctimas a través de memoriales, monumentos, testimonios rescatados de las víctimas, la recuperación de archivos del terror, películas, obras de teatro o representaciones artísticas representa el acto de rememorizar a aquellos que ya no están entre nosotros, pero la lucha sigue presente.

Es a través de estos procesos de la sociedad organizada que se desarrolla una parte fundamental de la democracia, la rendición de cuentas por una sociedad indignada hacia un gobierno represor. Es por eso que los estudios de Memoria son una herramienta que sirve para poner en evidencia el actuar del viejo régimen, e informar a las nuevas generaciones del peligro que corren si retoman el antiguo camino. Pero también es una forma de exigir justicia y detener la impunidad. Por lo tanto, la producción académica, social y política de la memoria es esencial en la constucción de un nuevo régimen político.

Establecer debates de Memoria a lo largo del país, enfocados en aquellos periodos represivos, con frecuencia implica una necesidad de construir órdenes verdaderamente democráticos. El diálogo no sólo debe ser entendido en un sentido nacional, sino también en el regional, donde las fuerzas de la represión tomaron carácter de gobiernos estatales, cuya impunidad explica las características actuales de dichos poderes locales. Se busca que en estos órdenes democráticos los derechos humanos estén garantizados para toda la población, independientemente de su clase, género, orientación ideológica, religión o etnicidad.

En este sentido, la importancia de retomar la memoria en el debate nacional mexicano repercute directamente sobre la capacidad de las instituciones y la sociedad civil a la hora de fomentar una democracia, frenar la impunidad y abordar el tema de los derechos humanos. También implica reconocer el carácter social y colectivo de la memoria, al crear espacios de cohesión familiar, social y nacional. Memoria y comunidad están ligadas en su intento de preservar el pasado y recordar a aquellos que no tuvieron miedo.

A través de la producción de Memoria por la comunidad durante estos debates, es que se plantean las preguntas y se buscan respuestas con las que se intenta comprender la situación actual. Son preguntas del tipo ¿Cómo esas desapariciones fueron posibles dentro de un país democrático? ¿Cómo es posible que sigan ocurriendo? ¿Cómo es puede ser que se sigan repitiendo las actitudes del pasado?

Es necesario analizar y comprender los problemas de impunidad y rendición de cuentas, violencia, etc, ya que, a pesar de parecer nuevo, es producto de un proceso histórico inacabado. Por lo tanto, éstos no son males de un sólo partido, sino el común denominador de la política mexicana.

Las desapariciones en México son uno de tantos síntomas que aflijen al país desde hace décadas y los cuales no nos dejan avanzar ni vivir en una sociedad en paz. La recuperación del pasado por medio de la Memoria, y poner a ésta en uso, es una herramienta que tenemos como sociedad civil ante la actitud de los gobernantes. Existen, obviamente, muchos factores que hacen diferente la situación actual a aquella de las épocas más obscuras del priismo; la movilización organizada de la sociedad civil es la principal. Hoy sabemos de la gran cantidad de violaciones a los derechos humanos, desapariciones, violencia e imputnidad, por grupos organizados de la sociedad civil, así como algunos espacios de la prensa nacional.

En México, no podemos construir un futuro democrático sin mirar hacia el pasado. El hecho de que la memoria en el país siga abierta y el Estado sin reparar los daños ocasionados a las víctimas durante los últimos cuarenta años, es una luz verde que permite a los actores políticos de todos los niveles actuar de una forma irresponsable y dañina. La impunidad reinante es la moneda de cambio que genera una continuación de estos males. Es por esto que los estudios de Memoria son elementales para la construcción de una democracia.

Es especialmente importante que se actúe ya, porque México enfrenta un futuro que se presenta muy incierto, que despierta miedos, frustración y, más importante, una apatía hacia la democracia. Recuperemos la memoria que nos ha robado este país, ya que las luchas de ayer son los derechos de hoy, y las luchas de hoy los derechos de mañana.

 

 


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