En la víspera, y aún en pleno Mundial de Alemania 2006, la FIFA se ha visto sacudida por una serie de acusaciones de corrupción en contra de árbitros, directivos y directores técnicos en activo de diversas nacionalidades. Este ambiente viene a revivir las sospechas de algunos países que han sufrido la mano negra de las decisiones arbitrales en partidos importantes mundialistas, lo que a la postre han sembrado la suspicacia de la afición internacional. Un ejemplo: el penal que cobró Edgardo Codesal contra Argentina en la final de Italia 90. En su momento, Andreas Brehme, ejecutor del penal y autor del único gol de aquel partido que definió la Copa, afirmó que la presunta falta de Roberto Sensini contra Rudi Vöeller ¡no existió!
Es triste admitirlo, pero tras el escándalo por dopaje en contra de Maradona, Argentina perdió la fortaleza moral para impugnar aquella final.
Recientemente, el periódico italiano Corriere Della Sera publicó unas conversaciones telefónicas que confirmarían la obtención de designaciones arbitrales favorables por parte de funcionarios del Milán, en lo que ha resultado un escándalo de proporciones mayúsculas previo a la inauguración del Mundial. En el escándalo se involucraron también el mítico Pierluigi Collina (considerado el mejor árbitro del mundo) y a Gennaro Mazzei, designador de árbitros asistentes en la liga itálica. Algunos comentaristas italianos suponen que el mero hecho del escándalo descarta a la escuadra azzurri como candidata al título.

Pierluigi Collina
En enero de 2005, la FIFA se vio obligada a aceptar la culpabilidad del árbitro Robert Hoyzer en la manipulación de resultados en partidos de la Liga alemana. “Los árbitros son los responsables de la imparcialidad, el juego limpio y el buen desarrollo de los partidos”, dijo parcamente el presidente de la FIFA Joseph S. Blatter, al aceptar que “un joven y prometedor árbitro” haya incurrido en actos de corrupción.
Por su parte, la manipulación de los casos de dopaje, así como las circunstancias extrafutbolísticas (el insomnio y malestar de Ronaldo en el Mundial de Francia, por ejemplo), son asuntos que están fuera del alcance de los medios informativos y de la propia afición internacional. Lo que no se puede negar es que el Código Ético, aprobado el 6 de octubre de 2004 por las federaciones nacionales afiliadas a FIFA y sus árbitros, suele considerarse como mullido y perfumado papel higiénico por parte de los grandes intereses económicos detrás del fútbol profesional y la propia FIFA.
Algunas preguntas capciosas: ¿Quién avala las licitaciones de contratos hiper millonarios de las compañías transnacionales como Budweiser, Nike, Adidas, etcétera, que patrocinan la fiesta mundialista? ¿Por qué acepta la FIFA que el deporte que hermana al mundo, transmita el rol completo de juegos únicamente a través de la llamada televisión de paga? ¿Cuánto pagaron los dueños de Sky para obtener la primicia de la transmisión del rol completo de los juegos el Mundial de Alemania 2006?
Otro elemento: la compañía Bayer (que produce las aspirinas que consumimos) es una transnacional de la industria farmacéutica (propietaria del Bayern Munich, el Bayern Leverkeussen, entre otros) que realizó convenios de investigación sobre plásticos sintéticos para fabricar el balón adidas Teamgeist, oficial de Alemania 2006. Gran negocio, ¿no? Hace unos años, la compañía Pfizer, subsidiaria de Bayer, cobró fama por la elaboración de la píldora Viagra, antídoto contra la disfunción eréctil. ¿Recuerdan al famoso futbolista que la promocionaba (“Yo lo haría”)?: era nada menos que el Rey Pelé. Por su fuera poco, Bayer se ha venido desempeñando como el principal surtidor de sustancias químicas antidoping de la FIFA y de otras ramas del deporte organizado, lo que despierta no pocas suspicacias.
Desenredar esta telaraña tejida de negocios y fútbol nos llevaría varias entregas, así que mejor aquí la dejamos, no sin antes subrayar, después de ver este rompecabezas, que mi olfato me sugiere dos pronósticos: 1) Brasil no será campeón del Mundial. 2) Franz Beckenbauer, presidente por muchos años del (¡¡adivinaron!!) Bayern Munich, será el próximo presidente de FIFA.
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