CULTURADOOR RETRO
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La leyenda señala que el actor Brad Pitt trabajó en este Pollo Loco de Hollywood. Archivo/Internet

El Pollo Loco en pleno Melrose Place

Por Manuel Murrieta Saldívar

Día de publicación electrónica: 13-Mayo-2008

En las zonas fronterizas los puntos de diferenciación son también puntos comunes. La frontera de México y Estados Unidos, además de "zona de combate", se convierte cada vez más en "zona de contacto" donde las distancias simbólicas respecto del "Otro" se diluyen. Se producen interinfluencias: por una parte, la cultura anglosajona se fue más allá del marco de la frontera y, por otra parte, la cultura mexicana, y con ella su variante norteña, sube más al norte gracias principalmente a las migraciones. Así, la frontera con Estados Unidos se extiende prácticamente por todo México a grado tal que en materia de cultura y economía se puede hablar de que todos los mexicanos somos fronterizos.

Las oleadas migratorias superaron nacionalismos oficiales y las clásicas "identidades nacionales" que se dan dentro del territorio mexicano. Las migraciones mexicanas ampliaron su presencia más hacia el centro de la Unión Americana y penetran en el mundo anglosajón. Se registra una especie de “mexicanización” de lo norteamericano, fenómeno aún poco estudiado, producto no de ninguna política oficial sino más bien de la fidelidad de los migrantes a sus distintas prácticas culturales: gustos gastronómicos y musicales, estilos religiosos y leyendas colectivas con las que se identifican y disipan el olvido y la nostalgia. Los migrantes mexicanos hacen--hacemos--que la zona y cultura de frontera se reconozca y se incruste de hecho en el llamado “melting pot”. Ejemplos sobran: la salsa mexicana se reconoce como alimento completo en la dieta escolar de las escuelas públicas norteamericanas. La cadena El Pollo Loco, de receta sinaloense, abre sucursales en pleno Melrose Place de Hollywood. La última producción de los Beach Boys es con sonido de mariachi y cada julio en el centro de Los Angeles se adora al Santo Niño de Atocha.

La influencia de la cultura de frontera en ambos lados, es decir, la mexicanización hacia el norte y americanización hacia el sur, ha venido abarcando cada vez más territorio dentro de cada uno de los países respectivos. Cabe la pregunta de que si todo México se convertirá en zona fronteriza y, como consecuencia, la cultura norteña, la chicana fronteriza, penetrará por todo el país: la música norteña, también llamada Tex-mex, antes restringida a la franja que va desde Nuevo León y Texas hasta las Californias, penetra por todo México como lo muestran los Tigres del Norte, la fallecida cantante Selena o el grupo La Mafia que salieron de sus nichos regionales. Asimismo, se registra una considerable presencia de la cultura chicana debido al impacto de un sector ilustrado en la literatura, la pintura y la actuación encabezados por los cineastas Luis Valdez y Robert Rodríguez. En Sonora la presencia de la literatura chicana es fuerte con la obra de Miguel Méndez y la poesía hispana arizonenze antologada en el videopomerio A Sol pleno que produjo Inés Martínez de Castro del Colegio de Sonora.


Nogales frontera. Archivo

En la liberación de fronteras y mercados libres, los fronterizos, con su biculturalidad y habla bilingüe, no sólo preservan su lengua española sino que son hábiles intermediarios para la protección de su herencia mexicana y fungir de enlace comercial entre ambos mundos. Los migrantes forman "diásporas culturales" en distintas partes de Estados Unidos conservando fuertes vínculos con las patrias y matrias nativas estableciendo circuitos regulares de comunicación. La concepción que cree que la línea divide de golpe a dos culturas opuestas se desmorona y ahora la frontera tiende a confundirse, a diluirse: los itinerarios de los emigrantes son difusos, variados y no se limitan, como era la tradición, a los puntos y ciudades de la zona típicamente fronteriza. Aprovechando los rápidos medios de comunicación–El servicio Crucero, SIN CAMBIAR DE AUTOBÚS EN NOGALES, lleva y trae sonorenses por todo Arizona y California tres veces al día--el acceso a cadenas radiales y de tv, el incremento de publicaciones en español y hasta el “Internet”, permiten que los mexicanos se trasladen a cualquier punto laboral y que mantengan su cultura. Se amplía así la presencia mexicana fuera de los márgenes fronterizos y ya existen grandes contingentes de compatriotas en regiones tan remotas como Chicago, Alaska, Iowa y New Jersey. La línea que separaba al norte del sur se expandió, mezclando lo que alguna vez fueron culturas diferentes. Se produce un ensanchamiento real e irreversible que gesta una tercera región en la que se enfatizan lazos comunes en ambos lados que la distingue del resto de los dos países. Estas interinfluencias son tan evidentes que se habla desde hace años de un nuevo territorio en la literatura de ficción y en las ciencias sociales. Ya en 1979 el investigador Joel Garreau, en su obra Nine Nations, vio surgir un “tercer país” llamado Mexamérica, retomado después por el escritor Carlos Fuentes en su novela Cristóbal Nonato. Mexamérica sería una especie de “nación” dentro de una nación que se extiende desde San Francisco y Sacramento hasta Austin y Houston, y hacia el sur por Hermosillo, Chihuahua y Monterrey. Se reconoce así que esta nueva región cultural está conformando sus propios valores lejos de las metrópolis y que la América anglosajona no sólo ha impactado a México y al mundo sino que también ha sufrido en gran medida la influencia de lo mexicano y chicano. Siempre se ha podido medir la huella de los Estados Unidos en México y la parte anglosajona ha sido reacia en reconocer el verdadero alcance de México al norte del río Bravo. Ahora habría que sopesar la huella de la cultura mexicana que ya no se limita a su área tradicional de frontera sino que es más profunda de lo que se ha querido admitir.

 

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