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¿Quién se crée que es? ¡Con el nopal en
la frente y diciéndole a mi hijo mojado!
Wetback!
POR TANIA TORRES
“Wetback. Wetback", me dijo. "You and your family are all wetbacks".
Ya me tenía cansado. Todos los días en el recreo se la pasaba
llamándome mojado. Yo sabía que lo era. Que había llegado
a los Estados Unidos junto con mis padres cuando yo sólo tenía
ocho años.
De repende voltié y ¡paz!, le di un puñetazo en la mera
nariz, así como Julio César Chávez se los daba a sus rivales
en el ring en las peleas que mi apá miraba por la tele.
"Fight!", todos los niños gritaron con emoción y corrieron
hacia nosotros.
Jessie se cubrió la cara. La sangre le brotaba de la nariz y le corría
entre sus manos.
"¡Wow, le saqué sangre!", pensé entre mí con
una sonrisa en la cara.
"Kids, please move aside. Come on kids, move aside", dijo Mrs. Laikin
al retirar a los niños a un lado del círculo que habían
hecho alrededor de nosotros.
"What's going on here boys?" nos preguntó.
"Oh my goodness! Jessie are you o.k?" le dijo a ese menso al ver que
las lágrimas se le salían de los ojos como las meras viejas.
"George, are you responsible for this? Go to the principal's office and
you Jessie, come with me. I'll take you to the nurse's office", nos dijo.
Lo agarró de la mano y se lo llevó mientras a mí no me
quedaba de otra que ir a ver a Mr. Washington.
"Ijuela, y ahora qué me va a decir mi amá. Pero que conste
que esta vez no fue mi culpa", pensé.
Cuando llegué a mi casa mi hermana María ya se había adelantado,
como siempre, y le había dicho a mi mamá todo lo que había
pasado.
"Jorge, ven acá", gritó mi amá desde la cocina.
Entré a la cocina y allí estaban las dos. Me daban ganas de agarrar
a mi hermana de las trenzas y darle una buena jaloneada.
"¡Chismosa!", le dije a mi hermana. "Nomás que te
descuides y te pongo una como se la puse a Jessie."
"¿Que pasó en la escuela?" me preguntó mi amá.
"Nada", le contesté. "Que me pelié en el recreo",
le dije. "Aquí está esta nota. Se la manda el principal".
Me retiré de la cocina y me fui a mi cuarto. De todos modos, con estas
paredes de papel, fácil que podría eschuchar los gritos de mi
mamá. Ya sabía la que me esperaba.
"María, léeme lo que dice aquí", oí a mi
mamá decirle a María.
Siempre la ponían a ella a leer las cartas que traía el cartero.
Y cuando mis papás necesitaban que alguién les tradujera, se
la llevaban a donde iban. Aparte de ser chismosa era también inteligente.
A mí nunca me pedían que les ayudara con nada. Como reprobé el
third grade por no saber hablar inglés, qué esperanzas que yo
les sirviera para algo, sólo para darles dolores de cabeza.
"Dice que mañana tiene que ir a ver al señor Washington a
las ocho de la mañana", le dijo María.
"Y, ¿dices que le sacó la sangre?" le preguntó mi
mamá.
"Si, toda la camiseta blanca la tenía llena de sangre".
"Bueno", le contestó mi mamá. "Ven, vamos ir a hablarle
a la señora para decirle que mañana voy a llegar un poco tarde
a trabajar. ¡Qué carajo! y mañana me toca planchar",
oí también a mi mamá decir.
"Pero esta vez no me importa tener que ir a hablar con el mister Washington.
A ese niño, el tal Jessie Cárdenas, ya era tiempo que Jorge lo
pusiera en su lugar. ¿Quién se crée que és? ¡Con
el nopal en la frente y diciendole a mi hijo mojado!"
Tania Torres: estudiante de la clase de
español impartida por el Dr. Manuel de Jesus Hernández,
Arizona State University-Tempe.
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