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Ensayo
DEL FILME MARÍA
LLENA ERES DE GRACIA
Mula de Troya
EN TODO CASO, LA DESHUMANIZACIÓN
DEL VIENTRE, DE LA DIGESTIÓN, DEL EMBARAZO, NO DEJAN DE SER
DEGRADANTES.
Por María Dolores Bolívar
María, llena eres de gracia
(Maria full of grace) es un grito al vacío llamado "globalidad".
Su director, el sur californio
Joshua Marston, ha conseguido hacer conciencia en el "mainstream",
de ello da cuenta la nominación de Catalina Sandino para
el Oscar a la mejor actriz.
Pero reflexionemos acerca de
lo que deja la cinta, contra la densa niebla —¿corrupción?—que
permite que opere, a sus anchas, el comercio multimillonario ilegal
de drogas, personas, órganos, mercancías.
Subyace al libre tráfico
que supera con creces los dividendos nada más prometidos
por el libre comercio la más sobrecogedora pobreza. O así
parece a quienes no logramos percibir la bonanza que los economistas
creen ver en la globalidad. Ese tráfico, sostenido por la
condición "corrompible" de casi todos, ofrece datos
contundentes. En el negocio de flores, donde María Álvarez
y su amiga Blanca, desespinan rosas del alba al anochecer, el salario
es de 9 mil quinientos pesos colombianos por quincena—una
hora en Estados Unidos. De mulas, las chicas obtienen siete u ocho
mil dólares, mucho más de diez millones de pesos colombianos.
"¿Se da cuenta, María? Con eso puedo comprarle
una casa a mi familia…", dice Blanca, para justificar
su primer viaje.
El afán resistente
de la mula
Hoy por hoy, la fatalidad mortal
de las transnacionales y las maquiladoras—ligadas a la tragedia
múltiple de "las muertas de Juárez"—perpetúa
una realidad de mercados desiguales donde unos ofertan mano de obra
y materia prima a precios ínfimos, para que otros transformen
y consuman eso que se convierte en lujos deslumbrantes, como los
autos de más de cinco plazas o la droga que adquiere, al
otro lado, plusvalía inimaginable.
Junto a Marston, Sandino ve desarrollarse
lo que ya es un milagro visual insólito. La joven tímida,
seria—los colombianos dirían serísima—y
de pocas palabras; la chica que uno encuentra en cualquier punto
de Bogotá, más que mula, es caballito de Troya, que
introduce a la conciencia estadounidense, no las seis decenas de
pepas —paquetitos— depositadas en el estómago
de su personaje, sino una rebanada de aquel mundo sin esperanzas,
donde el horizonte es apenas la rendija entre un par de varillas
expuestas contra el cielo; donde no hay más seguridad que
el techo endeble que acoge a diez personas, como en el caso de su
novio en el libreto, Juan… igualitito que en aquella sórdida
realidad llevada por Oscar Lewis a Los hijos de Sánchez (1961)
o a Los Olvidados (1950), por Luis Buñuel. ¡Nada ha
cambiado!
Mi vida está pendiente
de una rosa porque es hermosa aunque tenga espinas
En el poblado de María
Álvarez vemos cualquier comunidad rural de menos de 10 mil
habitantes, en remota soledad y espantosa dependencia. Franklin
es el enchufe, el contacto maldito, el guía hacia "eso"
que vibra en Nueva York, con apenas "un camellito" de
por medio que se gana arriesgando nada menos que la vida o la libertad.
Sin Franklin, la vida es esa
rutina que inicia en el autobús, de madrugada, y termina
en el baile del único bar, con el alcohol de antídoto
de supervivencia.
Sin Franklin, la vida es ver
nacer hijos y repetir, como la hermana, la madre y la abuela "lo
que le toca".
En su cinismo aparente, Franklin
encarna los contrastes, todo o nada, condena o salvación.
Sólo que ni él ni las muchachas con quienes trata
son capaces de distinguir entre condena o salvación, todo
o nada.
No puede ser todo, no obstante
la nostalgia con que lo evoca, el pueblecito natal de Franklin,
Santa Rosa de Cabal, con tan sólo dos balnearios de aguas
termales, para ricos.
No puede ser todo, aunque la
madre de María insista en que es decente, pasar la vida limpiando
rosas con apenas lo indispensable para comer pan o auto recetarse
remedios y agüitas.
Mejor mula que puta
"No sé si la prefiero
mula que puta…", me dijo un compañero de trabajo
cuando le comenté que la película había calado
hondo. Quizás tenga razón y fuese más sórdido
el que la joven se diese a la prostitución.
What other choices were there?
Me preguntó un alumno. Y todos, en el diálogo, nos
lamentamos de las trágicas alternativas a la vista.
En todo caso, la deshumanización
del vientre, de la digestión, del embarazo, no dejan de ser
degradantes. María y Blanca lo constatan al ver a su amiga
Lucy, desechada a su muerte cual envase vacío que va a dar
al basurero.
En el reino de las metáforas
Aunque haya también caballos
mestizos nacidos en el continente americano y curtidos por las distancias
y la carga de sus vidas de reos animales, son las mulas el símbolo
de la conquista y de la sumisión que impone la pobreza.
La mula, cruce de burro con caballo,
es el híbrido, bastardo o bastarda del reino animal. El mulo,
alegoría de la resistencia, asumió en América
el femenino—mula—para significar terquedad. "¡Qué
mula!" —dicen de quien es mala entraña—,
"terco cual mula"—degradan la voluntad—, ¡No
era arisca la mula! se tilda al irreverente.
Ya lo adivina, no es casual que
se nombre mulas a los humanos que cargan en la cavidad oculta de
sus entrañas la mercancía prohibida del próspero
narco.
Mula fértil, llena
de gracia
En el reino animal las mulas
alcanzan una edad promedio de veinte años. Su vida de trabajo
es casi tan larga como el tiempo en que viven. Algunas empiezan
a trabajar a los tres años. En la zona andina o en las regiones
serranas de México, la mula sobrevive por la tenacidad que
le falta al caballo. Con gran estabilidad se sostiene entre los
peñascos y los desfiladeros. Su habilidad de carga no tiene
equivalente. Transporta 150 kilogramos de una sola vez y es capaz
de recorrer hasta cien kilómetros en un mismo viaje. Nunca
se pierde. Un último dato, las mulas son estériles.
En cada ejemplar de su especie concluye su genealogía, sometidas
a la diáspora ritual del camino que termina con su muerte.
Pero el final de la película
es una monedita al aire para las menos predecibles mulas humanas,
cruce de humano con humana. María se queda en Estados Unidos,
a donde entró de milagro, gracias al embarazo que la libró
de someterse a los rayos equis. Lo que nos lleva a un tema digno
de un futuro texto. ¿Es la migración, la única
tabla de salvación? Con esa interrogante nos quedamos.
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Contacte a María Dolores Bolívar:
mbolivar@san.rr.com
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