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Migrantes
¡ME LLEVA LA CHIQUITA!

Este texto forma parte del libro México de mis recuerdos y fue leído por el propio autor durante las jornadas
de motivación a la lectura, en diciempre pasado, en la
escuela Pedro de Gante de Nogales, Sonora.
Verá usted compadre, últimamente las cosas andan
de lo peor, ya lo dice el
dicho: Dios da la carga,
según la espalda. Yo creo
que mi espalda se ha de mirar muy
fuerte desde el cielo, porque Dios no
deja de lanzar escopetazos sobre mí.
No importa dónde ande o por dónde
me meta, pero siempre me salen mal
las cosas. De veras compadre: ¿qué
ha de dar San Sebastián cuando ni
calzones tiene? En mi casa, ya ve usted
cómo es la comadre, apenas me ve
y empieza a fregar, como que todos
nos desquitamos con lo que tenemos
más cerca ¿no? Mi vieja nada más se
la pasa diciéndome:
—Haces la misma falta que los perros
en la misa. Que ayunen los santos, que
no tienen tripas, es tu obligación traer
el pan diario de cada día. Nada más
esperas el bien de Dios envuelto en
una tortilla, ponte a trabajar, no seas
holgazán.
A veces me canso compadre.
No crea usted, además ya tengo ocho
monigotes que andan siempre chinguiñosos,
rotos y muy chamagosos. Y
pues hay que darles de comer.
Todos los días me paro en la
esquina de la Chandler avenida y la
Arizona avenida buscando trabajo.
¿Qué curioso hablan aquí de las calles
no? En lugar de decir la avenida 29,
dicen la 29 avenida. Al principio me
daba cosa y andaba corrigiendo a
medio mundo, oiga usted compadre,
no hay que negar la cruz de nuestra
parroquia. Al menos yo, vine de México,
y en México se habla español.
Aquí no estoy seguro todavía que se
habla, pero no es igual compadre, ya
usted se ha de haber dado cuenta.
En fin, ahí donde nos paramos,
es como un lugarcito donde la migra
no nos molesta. Un montón de compas
estamos esperando a que se pare una
troca con algún gringo que nos dé trabajo.
Hay veces en las que tenemos
que regresar a la casa sin un centavo,
y ya podrá usted imaginarse cómo va
a reaccionar la media naranja. Ya le
dije hace un ratito.
Hay veces, compadre, en las
que sí logramos conseguir trabajo,
pero una de dos, o no nos pagan al final
del día, o nos cobran por trabajar.
¿Sí me entiende? Es algo muy raro,
nos contratan para trabajar y luego
nos dicen que tenemos que pagar
nuestro propio seguro, que porque las
regulaciones del departamento laboral
de los Estados Unidos requiere
que cada trabajador tenga seguro
aunque no seamos legales dentro del
estado. Asunto que, al menos a mí,
me suena como ese dicho que dice: el
dinero Dios lo da, y los indios lo trabajan.
Y además, de vez en cuando
manda a la migra para que nos correteen.
Piensan que eso nos va a dar
miedo. ¡Ah compadre! A mí ya me ha
echado para México más de cuatro
veces y mire usted dónde estoy. Loúnico que consiguen es meternos una
corretisa que mejor ya no le cuento.
Gracias a Dios todavía estoy en forma,
la última vez no me agarraron.
Además, compadre, hay veces en las
que el oficial que me está siguiendo
es un gordo con panza de cervecero
igualita a la suya, bueno, dicho con el
debido respeto.
Luego, compadre, no puede
uno trabajar por varios días, ya sabe
cómo trabaja el asunto por aquí.
Después de un rato, ya estamos de
regreso.
Es curioso, un policía está
parado precisamente en la esquina
y todos nosotros, indocumentados, enfrente
de sus narices, y eso lo sabe
medio mundo: estamos en espera de
trabajo.
¡Nos necesitan compadre, yo
no sé por qué se hacen pendejos!
Válgame San Juan Bautista y San Judas Macabeo, no sé qué tengo en la vista que puros cabrones veo.
Dicho con el debido respeto
compadre, sin al ánimo de ofender. En
fin, ahí nos vemos mañana compadre.
Hoy no hubo chamba. A ver con qué
me sale la mujer al rato. Lo bueno es
que todavía me quedó un dinerito que
gané ayer, a lo mejor llevo a la familia
a comer a un Burger King. Nunca
ha ido compadre, yo sí, es un lugar de
mucho lujo y venden unas hamburguesas
que pa que le cuento.
¡Ay Diosito, todo se acaba,
Santa Rita, Santa Rita, lo que se da
no se quita, Dios da y quita, con su
sabiduría infinita, palo dado, ni Dios
lo quita! Ayúdame virgencita, que
mañana Dios venga a la cita. ¡Me lleva la chiquita!
Contacte a David A. Muñoz:
dmunoz7@cox.net
Este texto forma parte del libro México de mis recuerdos del propio autor.
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