Introducción
Alejandro Méndez Limón, nació el 4 de octubre de 1907 en el mineral de Cananea, Sonora. Fue hijo del general Fructuoso Méndez y de Gertrudis Limón. Tuvo un hermano, Matías. Su padre se unió a las fuerzas de Álvaro Obregón con sus voluntarios yaquis en 1912, invitando a Lino Morales, capitán de los Fieles de Huírivis, a sumarse al movimiento maderista que lucharía contra Pascual Orozco en Chihuahua. Juntos combatieron en las batallas de Ortiz y Santa María cerca de Guaymas en julio de 1913, bajo el acuerdo que pedirían a cambio la restitución del territorio yaqui. En 1915, Fructuoso Méndez, ahora aliado con el general Manuel M. Diéguez, vuelve a plantearle a Obregón la entrega del patrimonio yaqui, pero éste no entiende y se niega otra vez.
Amigo también de Ignacio Mori, los dos secundan en 1919 la pacificación de Yaqui emprendida por el gobernador Adolfo de la Huerta, al que Fructuoso Méndez iba a jurarle imperecedera lealtad. En abril de 1920 sostiene pláticas en la sierra del Yaqui, en un lugar del cañón del Huapari, cerca de estación Ortiz, con los ocho pueblos para convencerlos de su adición al Plan de Agua Prieta. Otra vez recibieron de Adolfo de la Huerta la promesa de que les entregarían sus tierras. Los guerreros-coyotes lo escoltaron hasta la presidencia de la República del 24 de mayo al 1ro de diciembre de 1920, y protegieron el puerto de Guaymas ante el posible desembarco de las tropas carrancistas. En diciembre de 1923 Fructuoso Méndez se subleva contra Obregón apoyando a Adolfo de la Huerta, y para evitar que se reuniera con la tribu yaqui en Sonora, es encarcelado en Tlatelolco y se le aplica la ley fuga el 9 de diciembre de 1923. Había dejado desamparada a su esposa Gertrudis y sus pequeños hijos Matías y Alejandro, en una casa rentada en Hermosillo.
Fructuoso Méndez trabajó en la mina de Cananea y fue compañero de Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón. Representaron a los mineros en la huelga de 1906 ante las cuatro “C”, Cananea Consolidated Cooper Company. Los gringos lo llamaban Frank Méndez, cuando fueron encarcelados por ser los dirigentes de los trabajadores. Era Villista, y por esa filiación Obregón lo metió en las bodegas de un barco surto en Guaymas, junto con otros treinta y cinco generales, y los remitió a la prisión de Escobedo en Guadalajara en 1918. Alejandrito y su hermano Matías anduvieron en trenes militares, así crecieron, en tanto su madre Gertrudis asistía como soldadera a su esposo Fructuoso. Al quedar viuda, su madre los llevó a vender menudo a Cananea y posteriormente regresaron a sus tierras situadas a orillas del río Yaqui muy cerca de San José Bacum.

Monumento que honra a los primero colonos del Valle del Yaqui, en la Plaza Los Pioneros, en Ciudad Obregón.
Alejandro Méndez, entre balazos y en la escuela Cruz Gálvez de Hermosillo
Al asesinato de Fructuoso Méndez sobrevino el ataque de los federales a la casa familiar de El Retiro en Hermosillo. El joven Alejandro los vió cómo atravesaban la cerca de madera en el intento de asaltarlos, cogió la pistola de su padre y disparó dos tiros, en ese momento comenzó la balacera. Su madre también disparaba con un máuser, hirieron a ocho de la tropa. Afuera, el comandante de la policía municipal les gritaba que se rindieran, que era asunto de federales. Salieron con las manos en alto mientras ellos saqueaban la casa, doña Gertrudis les dijo a sus dos muchachos: “tengo el presentimiento que mataron a su padre, han venido en busca de pruebas”. Los metieron a la hilera de federales llevándoselos presos al Cuartel Catorce. Había amanecido y la gente empezó a reunirse, los niños de las escuelas salieron a verlos desfilar rumbo a su prisión. A los tres días los remitieron a la Penitenciaria, y otra vez fueron acompañados por cientos de chamacos que los seguían. Allí estuvieron los cuarenta días que duró la rebelión delahuertista. En vísperas del día de la virgen de Guadalupe, les pasaron a la celda un periódico que en el encabezado informaba: “en una escaramuza perdió la vida el general Fructuoso Méndez”.
El gobierno los mandó a la escuela para huérfanos de la Revolución Cruz Gálvez. Alejandrito recibió enseñanza en los talleres y contabilidad de los profesores José J. Meléndrez, Rosalío Moreno, Ángel Amante y Heriberto Aja de civismo práctico, materia en la que aprendían a formar partidos políticos, elecciones y trabajos de administración municipal. Entre sus condiscípulos destacaban Luis encinas y Guillermo Ibarra. Muy niño acudía a los actos políticos donde se gritaban vivas a Carranza, Obregón, Calles, o de la Huerta. Estuvo presente en la marcha triunfal de los constitucionalistas a fines de 1915 en Guaymas. Sobresalían su padre y los jefes de la tribu yaqui: Mori, Matus, Espinoza, Sibalaui y Rivera, al frente de la columna que era ovacionada por los porteños. En Hermosillo también fueron aclamados, no cabían en la calle Zaragoza hasta palacio de gobierno. Las filas de tropa, soldaderas y pueblo eran precedidas por las bandas de guerra carrancistas y la de Hermosillo que no olvidaba sus marchas porfiristas.
La cuenta del banco les fue embargada, hicieron lo mismo con la casa de Hermosillo. Alejandro recordaba en la celda de la Penitenciaría las extinguidas palabras de su padre en la estación de ferrocarril: “hijo, cuando regrese voy a venir de civil, esta es la última despedida. Nos vamos a ir a vivir a Cajeme”.
- Papá, pero si Cajeme es una llanada sacatosa, no hay ni gente, puras partidas de burros salvajes.
- Sí hijos, pero dentro de unos años va a ser la capital política y económica del estado de Sonora, su corazón. Su porvenir es muy grande, será un gran pueblo.
Fructuoso Méndez vio cincuenta años adelante, pero el sueño de que Alejandro estudiara ingeniero agrónomo en Ciudad Juárez se había quedado atrás.
A Cajeme con 12 pesos
Vendió una pistola de su padre en 50 pesos, dejó 30 a su madre, pagó 8 pesos del boleto del tren y con el resto llegó a la terminal por la noche sin conocer a nadie. En un vagón abandonado y solitario durmió por algunos días. Había chinames dispersos en una sola calle, la del ferrocarril. Por último, con los veinte centavos que le quedaban compró en un furgón de plátano un racimo “ya pasadito”. Por la mañana, al dar la vuelta en un jacal, encontró a una señora tirando agua sucia del lavado de los trastes, era doña Margarita Rábago que había trabajado en su casa de Hermosillo en labores de cocinera, viuda de un soldado de su padre. Asistía a carpinteros ,albañiles, mecánicos, mayordomos y peones del Molino Sonorense. La mujer le tendió los brazos llorando por lo que había sucedido y le ofreció un catre de yute y comida mientras encontraba ocupación. Fue albañil, velador, peón, hasta que un día doña margarita lo recomendó con el mayordomo que no sabía cómo ordenar una cartera de raya, “Alejandrito tiene escuela, puede ayudarlo”. “Tráigame una cartera limpia y me dicta porque sólo usted sabe lo que escribió ahí”. El mayordomo le llevó la cartera bien arreglada al gerente, mister Marcy, que al observarla pidió que le presentaran al chamaco tan aplicado y talentoso. Con el sombrero en la mano le fue diciendo al inglés: “estudié en la Cruz Gálvez, en el Colegio de Sonora, en la Comercial H. Aja de Hermosillo, aquí traigo mis papeles y estas bandas de primer lugar”. “¿Usted sabe telégrafo y contabilidad?”, “sí señor, y también comercial, libro de almacén, libro de caja, libro de diario, hacer inventarios y balances”. Desde ese momento fue nombrado rayador y tomador de tiempo, de ganar 1.25 a 5 pesos diarios en el Molino de Arroz Sonorense, a los 16 años de edad. Al año de haber llegado de peón se convirtió en el gerente del molino, apenas un mocoso.
Trajo a su madre y hermano a vivir a Buenavista, a orillas del río Yaqui. En 1926 el pueblo fue atacado por los indios, ya habían asaltado al general Obregón en Vícam y se replegaban a la sierra. Trini Minjares, el comisario, armó una partida de voluntarios a la que Alejandro Méndez se incorporó. Después la familia se trasladó a San José de Bácum a recuperar sus tierras y no fueran invadidas al amparo de la Ley de Tierras Ociosas. Ahí recibieron nuevas amenazas de los yaquis para que abandonaran sus tierras, Manuel Montijo, heredero de Francisco Montijo, socio en tierras de Carlos Conant, le entregó una carta poder para que lo representara y muchos fueron a sus tierras a sembrar; abrieron un pozo, entre ellos José Rojo, Ramón Rojo y Michito Corral. Un día, llegó una partida de yaquis a caballo y los encañonaron amenazándolos con desistir al sembrado. “El ayuntamiento nos mandó a trabajar esta tierra porque no tenemos en qué ocuparnos”, les informó Alejandro Méndez. Los indios respondieron “nosotros nada que ver con ayuntamiento, los vamos a sacar a chingadazos si siguen por aquí para el domingo”. Fueron a exponer el asunto a Gabriel Olea, presidente municipal de Bácum y les ordenó “háganles frente, prepárense para ese día y póngale duro”. Ese domingo los aguardaron dentro de los jonucos alrededor de la noria, bajo la mira de sus escopetas recortadas. Mamá Gertrudis estaba armada esperando la balacera. Cuando entraron al patio les apuntron, Alejandro les gritó: “ya los tenemos encañonados, intenten cualquier cosa y no sale vivo ninguno”. Doña Gertrudis salió del jonuco y los indios moviendo la cabeza de un lado a otro se fueron del lugar. Vestían pantalones y chaqueta de mezclilla, camisola vaquera, un pañuelo rojo al cuello, huaraches de tres puntadas y un bule con agua.

Danza del Venado, símbolo de la región
De Cajeme a Ciudad Obregón
En 1925 llegaron a la oficina de Alejandro Méndez sus condiscípulos GuillermoIbarra, Luisito Encinas y Agustín Gutiérrez. Traían la comisión de formar comités a favor del general Fausto Topete, el candidato a gobernador favorito del general Álvaro Obregón. Alejandro fue nombrado presidente de la propaganda topetista en Cajeme. El sábado de gloria en los poblados de Cócorit y Esperanza “quemaron a Elías” (Francisco S. Elías) el candidato de Plutarco Elías Calles, presidente de la República. Llegaron las elecciones y el ganador fue Topete, apoyado por la gente de Pascual Ayón en el Valle del Yaqui. A continuación fue votada la Ley 16 del 29 de diciembre de 1927 que creaba el municipio de Cajeme, y hubo fiesta en el Valle del Yaqui de conmemoración por el decreto. El general Topete ordenó que Alejandro Méndez fuera el primer regidor del primer ayuntamiento, y les pidió a Nacho Ruiz, Nacho Mondaca, Joaquín Ibarra, Pancho Rodríguez y Carlos Misquez que le ayudaran al muchacho de veinte años que iba a dejar su trabajo en el molino arrocero. En la primera sesión del uno de enero de 1928 , se tomó el acuerdo de nombrarlo síndico procurador y presidente de la Comisión de Hacienda, Educación y Policía de la inicial administración.
Por radio de onda corta, el mismo 17 de julio de 1928, Ignacio Mondaca, el presidente municipal de Cajeme, recibió la noticia del asesinato del general Obregón en la ciudad de México, y leyó el telegrama luctuoso enviado por el gobernador Topete, pidiendo que se alistara una comisión especial para ir a Culiacán a recibir el cuerpo embalsamado del presidente reelecto. Alejandro Méndez fue nombrado jefe delegado y encabezó la recepción de cajemense acompañando el féretro hasta Huatabampo. El 28 de julio Cajeme es nombrado ciudad Obregón en memoria del extinto general y en diciembre el Congreso de la Unión lo declara Benemérito de la Patria. Al año siguiente los obregonistas proclamaron el Plan de Hermosillo cuyo pretexto era averiguar si el clero o Plutarco Elías Calles eran responsables de su muerte. El movimiento fue llamado “Renovador” en el que el gobierno de Sonora, encabezado por el general Topete, desconocía los poderes de la Unión. El general Benito Bernal, acudió a ciudad Obregón a sesionar con el ayuntamiento solicitando su adhesión. En esta reunión, Alejandro Méndez fue nombrado proveedor de los renovadores para enviar a las tropas embarques de harina, sardinas, cigarros, cobijas, café, azúcar y dinero que pedían por telégrafo. La mercancía la exigía a los chinos de la ciudad mediante una petición “por las buenas”. Con seis soldados, dos cabos y un sargento los chinos comerciantes lograban ablandarse abriendo sus almacenes.
De Navojoa llegó un telegrama del general Topete a la presidencia municipal: “Mándenme a donde me encuentre, los fondos recabados en esa tesorería municipal, un juego de llantas, dos sacos de pan de barra y dos cajas de whisky” . Nacho Mondaca le entrega a Alejandro el despacho diciéndole: “esto es tuyo, tú eres el proveedor, esto no es asunto de la presidencia municipal, el dinero está en la caja fuerte”. El proveedor va con Byerly y le saca el juego de llantas; con Becerril que estrenaba panadería, y con Mike Ordich, el húngaro de la calle Sonora, a quien le exige mediante el mismo sistema el whisky para el general Topete. En la calle, Alejandro se encontró a Manuel Portugal y Manuel González y los invita a salir con él rumbo a Masiaca, también se les unió José Luis Pérez R. , jefe de redacción de la Gaceta del Pacífico, que tenía que escribir a como diera lugar un reportaje de los “renovadores”. Llegaron bajo una tenaz balacera de los aviones cardenistas que los perseguían, y el dinero se lo entregaron al hermano del general Topete en Navojoa.
Todo el ayuntamiento fue a esconderse al Campo Nueve que sembraba de arroz el sueco Olaf Dalhquist, pero los descubrió el gobiernista Flavio Bórquez que prometió llevarlos con el general Plutarco Elías Calles que arribó con todo y aviones a ciudad Obregón derrotando a los “renovadores”. Alejandro Méndez e Ignacio Mondaca llegaron al edificio Byerly donde rasuraban a Calles en una peluquería de la planta baja:
- Mi general, aquí le traigo a los miembros del Ayuntamiento de Cajeme – le informó Flavio Bórquez.
- ¿Ah, sí? – respondió Calles sin mirarlos, para luego preguntarles. – ¿Ustedes por qué se fueron, qué delito tenían, por qué dejaron al pueblo sin autoridades?
Calles los sermoneó, y porque habían huido como delincuentes los destituyó nombrando a Dolores Cuevas como nuevo presidente municipal. “Para una mayor tranquilidad del pueblo, estaría bien que se fueran una temporadita del pueblo. Capitan, que esta gente sea vigilada para que cumplan”. Se los advertía el secretario de Guerra y Marina del gobierno de la República. La tropa arrasó con la Gaceta del Pacífico y a José Luis Pérez lo mandaron fusilar, pero Juan de Dios Bojórquez intervino a su favor y el general Calles le perdonó la vida. Mientras, Alejandro subía al tren rumbo a Nogales, para después llegar al mineral de Cananea donde laboró por cinco meses viviendo en casa de sus abuelos paternos en el barrio de La Campana. A su regreso del Valle del Yaqui, en la estación ferroviaria se encontró a Jerónimo González quien sonriente lo previno: “ahora sí conocerás a tus verdaderos amigos, nadie te va a hablar por renovador”. Dolores Cuevas, el presidente municipal , había sido secretario de su padre Fructuoso Méndez en la Revolución y convivido con ellos en los trenes militares donde vivían, cuando lo miró soltó la risa diciéndole apenas: “no te hagas notar, del trabajo a la casa”.
Pero decidió irse al mar con Cecilio Félix, regresando a losdías con los cajones petroleros llenos de pargos, curbinas, lisas, de almejas y ostiones. Fueron a pregonar su producto por los callejones de la ciudad y nadie les compraba nada. La gente del Yaqui no conocía el mar ni estaba acostumbrada a cocinar pescado, así que decidieron irse a Esperanza a la colonia de americanos de la compañía Richardson, que las mujeres limpiaron el carcachón que manejaban. Ya no fueron a los callejones donde vivían los serranos de Tesopaco, Batacosa y Nuri. Era la temporada de crisis económica del 29-33 y no había trabajo, llegaban al Valle cientos de repatriados de Estados Unidos que en caravanas cargadas de mobiliario iban vendiendo de Guaymas a ciudad Obregón. Alejandro, por fin, decidió volver a sus tierras en San José de Bácum a orillas del río.

Descendientes de los fundadores en el moderno Valle del Yaqui
Agricultura en el Yaqui
Abandonados por veinte años, encontraron sus terrenos enmontados, los canales llenos de asolve y las cercas por los suelos cubiertas de maleza; de los mezquites hicieron carboneras y pidieron salir a los invasores como Guadalupe Zazueta que no aceptó razones. Mamá Gertrudis, mostraba su felicidad viviendo en el campo, a orillas del río Yaqui un coloso de vida en estas tierras, la vegetación y los animales abundaban para la casa por todo su caudal. Cantidades enormes de peces sacaban con el anzuelo, bagre, mojarra, robalos, cauques o langostinos del yaqui. Con esta abundancia de aguas y pesca nadie iba hacia el mar. Trajeron tiros de mula, deshierbaron, sembraron y a los meses tenían los primeros elotes, ejotes de frijol yurimuri y calabacitas; pero, el desenlace común sucedió una madrugada en que los rodearon los yaquis pidiéndoles dejar las tierras en sus manos. “Permiso de quien estar aquí”, “sembramos por hambre” contestó Alejandro, y les informó que era de Tórim, hijo del “Güero” Méndez... hasta que hablaron entre ellos, en la lengua, y depusieron las armas. Uno de ellos le avisó que el domingo habría un conti (asamblea) en Lencho a la que debía asistir para obtener el permiso, ya que era amigo de los indios.
Ya instalados en las tierras desmontadas, con agua del río regaban una vez al año el frijol riata de medio metro de largo, hermoso, con tres se alimentaba una familia. Vendían el grano a Las Novedades de los Sánchez, a los Meza de Plano Oriente. No había casas que diera crédito y si lo conseguía Alejandro pagaba a condición de tres por uno fuera semilla o dinero. Si prestaban un saco de semilla tenía que devolver tres. Así trabajaban muchos como la viuda Olea, Benjamín Castelo y otros. Unos intereses del 200 por ciento tenía que agradecer aunque a veces perdiera la siembra, al año siguiente se tenía que pagar el doble.
Antes de irse a refugiar a Cananea en 1929, Alejandro Méndez había sido presidente del primer comité del Partido de la Revolución Mexicana en Cajeme, y ya siendo gobernador del estado Rodolfo Elías Calles (1ro de septiembre de 1931 a 1ro de septiembre de 1935) entró de nuevo al ayuntamiento presidido por Manuel Escamilla, como cuarto regidor y síndico municipal. Recibía solicitudes y entregaba lotes a los pobladores inmigrantes que iban llegando a la ciudad atraídos por su desarrollo agrícola. Su hermano Matías era un líder campesino que andaba solicitando tierras al gobierno para cientos de futuros ejidatarios, y exigía la expropiación de las tierras de extranjeros y de la Compañía Richardson propietaria en concesión de miles de hectáreas. Matías Méndez, Rafael, el Buqui, Contreras, Gil Rico, Retamoza y otros líderes fueron expulsados del Estado por el gobierno de Rodolfo Elías Calles; Alejandro Méndez tuvo que enfrentarse a “Rodolfito” en defensa de sus amigos los representantes campesinos y de su hermano. Todo el ayuntamiento los apoyó oponiéndose al gobernador. La judicial materialmente fue a tirarlos a Nayarit donde asesinaron a Gil Rico; Matías, disfrazado, subió a un tren de carga y regresó tres días después, igual el Buqui Contreras. Se trataba de una lucha sin reservas, declarada entre agricultores privados contra los sindicatos agrarios, el reparto de tierras y la inminente expropiación de parte del gobierno cardenista.
En 1932, Alejandro Méndez formaba parte de la Comisión de Educación decretada por el gobierno de Rodolfo Elías Calles, que obligaba a los propietarios de los campos agrícolas a poner escuelas y maestros para los hijos de sus trabajadores. Los profesores rurales llegaron a Hermosillo y Alejandro los fue colocando por todo el Valle supervisando que las escuelas fueran construidas. Le auxiliaban Ricardo León y Jesús Larrocha. Como síndico abrió el barrio obrero, unas manzanas alrededor de la plaza de la ciudad, en lotes pequeños para peticionarios de escasos recursos, a 40 pesos cada uno y a 60 las esquinas con enganche de tres pesos, en el entendido que se dotaba a los pobres de la ciudad. Para titular solares, Alejandro verificaba el pago correspondiente a la Compañía Náinari, propietaria del 50 por ciento de la Richardson. El señor Álvarez, gerente de la compañía, le presentaba los recibos pagados y procedía a su escrituración. Muy cercana la fecha del reparto agrario en el yaqui (31 de octubre de 1937 en que Lázaro Cárdenas entrega a 13 ejidos colectivos 17 mil 400 hectáreas de riego y 36 mil de agostadero, además 17 mil hectáreas de riego y 450 mil de pastizales a la tribu yaqui), Alejandro levantaba el censo ejidal en el río Yaqui. Las brigadas de ingenieros arribaron al yaqui protegidos por fuerzas federales y del ayuntamiento. Más tarde recibió el primer nombramiento de inspector del Banco Ejidal, para otorgar créditos a los ejidos más grandes como el Yaqui, Quetcheueca, Campo Nuevo y 16. Su primer gerente, Enrique Betanzos, había sido amigo de su padre el general Fructuoso Méndez, en Tórim. Con los ingenieros Crisóforo Elizondo y De La Garza abrieron canales irrigadores en tierras yaquis, como El Bule y El Conant, tambien las compuertas que están en Tierra Blanca, para que el agua del río entrara a los sembradíos. Alejandro tenía que hacer cuentas de los días trabajados, la inversión y las utilidades en los ejidos defendiendo el sistema colectivo en el Yaqui. Ingenieros, técnicos de contabilidad, agrónomos y líderes asesoraban a los nuevos campesinos agraristas.
Alejandro Méndez fue presidente municipal de Bácum de 1959 a 1961, formó su planilla con un regidor por cada ejido en la demarcación, el que fuera más popular de la comunidad. Con la ampliación del Canal Bajo hasta Navojoa se abrieron más tierras a la siembra, Aquellos tractores de llantas de fierro que Alejandro manejaba en un infierno de calor y sequía, a la espera del agua por los canales, aquella mulada para abrir surco, emparejar y tablonear el terreno, se iban quedando atrás por la modernización del campo. La experiencia colectiva también llegaba a su fin enfrentando a los ejidos y corrompiéndolos aún más. Las madrugadas de cacería de patos veían su horizonte próximo, allá por el Campo Nueve donde Alejandro les disparaba para ahumarlos después. Las travesías al mar de La Luna, de Alejandro y el Popelin Cota, iban a quedarse en el recuerdo así las hartadas de Tori asado con orégano y pimienta. Valle acariciado por la sierra y el mar, en el que mucha gente con fe, voluntad y coraje abrió las tierras y canales para la siembra. Felicidad de campo a orillas del río. Alejandro Méndez hizo de la tierra un patrimonio para sus hijos, que sembró tanto como prolongar su vida campesina.
*Este texto se presento en el XX Simposio de la Sociedad Sonorense de Historia el pasado mes de noviembre en Hermosillo, Sonora, México en la mesa “Personajes en la historia del noroeste mexicano, periodo post-revolucionario”
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