Poemas de Manuel Murrieta Saldívar

Tu Nombre

Siempre quise guardar tu nombre
pero no pude
porque se escabulló en el aire
del descuido
y la distancia

incontenible

tu nombre

quería conservarlo
traerlo por ejemplo colgado en el llavero
en un anillo
y en la agenda del día
como un pendiente
como una prisa eterna
que acompañara
los pasos con que vivo

tener tu nombre a diario

mencionarlo
sentir cada letra rozando mi garganta
intempestivo
desde mis dientes hasta el mundo

tu nombre
¿cómo era?

hasta lo tuve estampado en documentos terrestres
y celestes
brillando estelarmente en recámaras nocturnas
aquí

y allá como una insignia

volaba en papalotes y en dedicatorias
bautizando niñas
surgiendo en los aviones
estrenando avenidas
y líneas telefónicas

reía solitario en una barda

también quise palpar
tu nombre
descubrirlo
analizar su evolución lingüística
—la creación del origen
el sabor de sus pasos
los confusos ruidos del anonimato

tu nombre

evaporando mi lamento
sonido convertido en fantasías
que nunca agotaban significaciones
—el símbolo sin tiempo
sin lugares
sin desgastes
ni siquiera cuando otros lo invocaran
muy lejos
muy lejos de mis labios

no quise que fuera la soledad de un relámpago

una simple palabra en el archivo del Mundo
tu nombre
moribundo
que no creí podía ser violado
transitado
cambiado
agotado en otro sustituto al principio inexistente

la espera que no cesa
un nombre simplemente
que desaparece

era tu nombre
ese tu nombre
tu nombre
que nunca dije que podría olvidarlo

y que ahora no lo escribo porque no lo recuerdo...


Inventando

Vengo sediento tras la gota única
que derrama la nube,
como la última semilla
en busca del abono, así ando

Resplandor que agoniza en un eclipse

Miro el cielo vacío de azul,
ausentes las estrellas,
y nado en el océano al instante de la evaporación

Liberado entonces por la ansiedad de vida,
presiento cada vez otra de tus señales

Un agua mineral enjuaga al corazón

Respiro, pues, el aire anónimo,
palpitan, uno a uno,
los inicios de mis poros
y el gesto de luz que existe en cada sombra
es suficiente para ocultar mi ceguedad

Pero no llegas
no te apareces
sólo me palpas y te devuelves
te asomas y te vas

Araño las afueras de tus muslos
esculco lo que sobra de tu cuerpo
ni siquiera tus átomos me tocan
sólo tu lengua juega con el aire
pero tu boca nunca me despeina

¡No puedo esconder el sol con uno de tus senos!

es mejor inventarte en cada espera…


Los Astros en el cactus

Amplios, en las elevaciones,
los astros arrullan las calles desde los precipicios del cielo,

bajan escaleras de calor,
huelen la vida que emana de los techos
cometas, aerolitos,
planetas que suspiran a la sombra de los atardeceres,

los astros del desierto,
collares únicos que portan abanicos de apenas dos colores,
ilusos de frescura,

yo siento que te hablan sin importar la hora
¿no miras que te sonríen enormes,
con esa frente negra, y colas y rayos y estelas como leche?

los astros del desierto son mi luna,
no existe piedra que los imite
ni agua que los atrape,

arenas de la altura,
madrugada tras madrugada me rotan en la mano
licuando el viento cuando caen hechos día,

los astros,

gases inundados de latidos, secos entre el cactus y el monte,

los miro desde abajo, pobre de mí,
ahí están aparentemente estables
con un chorro de billones de tiempo y de destiempo como cama

apenas si me ven, soy insecto de lluvia,
siempre yo lejano, siempre yo abajo,
donde oscilan las pelotas de los niños
donde voy por frutas al supermercado
donde me carcome un retiro del banco
mientras las placas teutónicas se expanden
sin saber de dioses ni de especies ni de seres atacándose…

solitario de mí,
los astros, dunas de galaxias,
arriba como bólidos desconocen la suerte,
parece que me aman y te aman
vigilando nuestra estancia aunque no se den cuenta,

directa y sin reflejos son la vida, ellos inventan otras vidas
y nosotros un vello de conciencia para saber que existen,

esas luces, allá, en las excavaciones verticales,
algas de la intemperie que esperan la huida de algún sol,
me exigen asomarme y que los beba como sueños,

si, ahí están gratuitos todavía,
sin muros
sin códigos de barra,
los astros ahí,
a la salida,
volando el desierto, volando en despoblado
como si fueran la plata de una mina sin cueva,
ahí, tranquilos, eternamente atentos a cualquier inteligencia,
al más chiquito amor,
enamorando siempre
a la espera de tu ojos
como madres infinitas alimentando a un hijo...


© Manuel Murrieta Saldívar
Director y Editor General
Editorial Orbis Press www.orbispress.com
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