Día de publicación: 12-Mayo-2008
Llevo varias semanas cambiando de colores: de verde a amarillo pálido, pero me he quedado estancada en anaranjada en este árbol caducifolio de manzano. Soy fina, delgada, callada y delicada. Mi piel es tan suave como la de un niño, pero con el combate de las olas frías del señor gruñón, se me ha rizado. Soy la abuela más sana del mundo de los pájaros. Mi primer beso me dejó un dulce recuerdo. Nací rebelde. Soñadora, descubrí el mundo de desigualdad y la represión. Estoy en la mejor etapa de mi vida, las locuras de juventud quedaron en el pasado. Mis compañeras, me llamaban Misteriosa porque nunca les revelé el secreto para mantenerme fuerte y espectacularmente bella.
Vivo en un lugar remoto, en medio de la pobreza y de las injusticias humanas; vivo en el pueblo fronterizo llamado Inocencio Perfecto con una familia humilde que los 365 días del año cruzan fronteras en busca de un trabajo. El señor sol es testigo único de cómo son explotados, acosados y aterrorizados para que no denuncien los maltratos a los que son sometidos.
Me paso todo el día observando mis alrededores. Mis compañeros se han ido marchando con lentitud cuando viene una “troka” 4x4 con dos hombres de uniformes verdes y armados. Es verdad que lloro en los atardeceres al mirar cosas espantosas y ser testigo de escenas que no he debido mirar. Como la adolescente de dieciséis años que todas las tardes se sienta a llorar en la orilla del tronco. Perdió el recuerdo de su amor, de ese “hombre” al que le entregó su corazón, el que le arrebató su inocencia. Con lágrimas y los brazos cruzados no puede hacer nada para recuperarlo. Nerviosa y sin esperanza escribe cómo se siente en un diario de princesa encantada, mientras que yo la veo desde aquí arriba sin poder consolarla.
Es una noche de nostalgia y oscuridad, sin estrellas ni luna que ilumine mi rostro. Imploro que no sople el viento. No puedo dormir por temor a que no sobreviva y amanezca triste, abandonada y sola entre bichos. Los vientos chiflan con tanta fuerza, que me hacen pensar que el fin de mi corta vida se acerca. Aterrorizada y temblando me sostengo de la rama con mis pequeñas manitas con tanta fuerza como pueda.
Tiempo de silencio, ruido de lluvia, es lo que se avecina. Mi corazón lo presiente. Las bofeteadas del aire empiezan a maltratar mi cuerpo. Llorando, temblando, agotada y nerviosa mi alma se debilita…
Contacte a la autora: malu_huerta_cv@hotmail.com