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Recuerdo muy bien cuando era niño, cuando alguno de mis compañeros me lastimaba y mostraba algún reflejo de sufrimiento o lágrimas, mi abuelo me decía: “¡aguántese como un macho!”. Desde entonces trataba de afrontar las situaciones con valor, de mentirme a mí mismo, no importara cuál fuese el caso, y si en algún momento demostraba una debilidad o no hacía lo que él decía, entonces le salía la expresión: “¡no sea cobarde, no se raje!”

CREACIONES ESCOLARES/SPANISH WORKSHOP


Fotos archivo

Por Damián Fragano

Trabajo para el curso “Literatura y civilización de Latinoamérica-II ”
California State University-Stanislaus

Día de publicación: 4-Julio-2008

¡Aguántese!, ¿pues qué no es macho? Es la expresión que muchas veces se escucha cuando uno no afronta una situación con valentía. Desde niños, en la cultura mexicana nuestros padres nos enseñan a afrontar ciertas situaciones con valor, un valor que no debe enseñar ningún punto de debilidad ante el otro, así sea un hombre o una mujer. Uno, como niño no tiene el derecho a llorar, sufrir, quejarse o huir porque si se hace eso en algún momento dado, se es considerado lo opuesto de ser macho y, por su puesto, se le defrauda al padre o a la sociedad mexicana que nos rodea.

No existe salida alguna de no afrontar toda situación con valor porque la representación del macho ya está tan arraigada, tan aguda y tan grande en la cultura, que no se puede fracasar. Si en un momento dado, los mexicanos fracasamos, mejor ocultamos ese fracaso, esa derrota, esa pena, ese sentimiento, esa lágrima dentro de nosotros y nos la tragamos en la soledad antes de que alguien nos vea y nos expongamos a ser humillados al dar nuestra otra cara del macho que en general los mexicanos llevamos dentro. Así, de esta forma se analizará en este trabajo el tema del machismo que la autora Niní Trevit de Álvarez expone en su obra El Valemadrismo del Mexicano y de lo que simboliza el ser macho en la tradición mexicana.

El ser macho, dice Trevit, en esta tradición mexicana acarrea aparentes denominaciones hacia el hombre y hace que éste muestre el lado falso de su persona, “manifiesta dos personalidades, una real y otra ficticia, confundiéndolas frecuentemente” (26). Es decir, alguien que en realidad no es, pero sin embargo lo tiene que demostrar.

Autores como Samuel Ramos coinciden de la siguiente manera: “se ha derivado un concepto muy empobrecido del hombre, es en efecto, un ser sin contenido sustancial, trata de llenar su vacío con el único valor que está a su alcance: el del macho. Éste concepto popular del hombre se ha convertido en un prejuicio funesto para todo mexicano”. (Ramos 55). He incluso, no sólo lo queremos demostrar de una forma propia, sino que también queremos demostrar que nuestro “machismo” es nuestra mejor virtud ante el exterior o lo extranjero: “Cuando éste se compara con el hombre civilizado extranjero y resalta su nulidad, se consuela del siguiente modo: un europeo –dice- tiene la ciencia, el arte, la técnica, etc., etc.; aquí no tenemos nada de esto, pero… somos muy hombres.” (Ramos 55). Es así que desde que somos niños, nos inculcan que nuestra mejor virtud es la de ser macho ante los demás.


Samuel Ramos, filósofo mexicano.

Recuerdo muy bien cuando era niño, cualquiera que fuera el caso, cuando alguno de mis compañeros me lastimaba, he incluso yo mismo lo hacía, y mostraba algún reflejo de sufrimiento o lágrimas, mi abuelo me decía: ¡aguántese como un macho! Desde entonces trataba de afrontar las situaciones con valor, de mentirme a mí mismo, no importara cuál fuese el caso, y si en algún momento demostraba una debilidad o no hacía lo que él decía, entonces le salía la expresión: ¡no sea cobarde, no se raje! “El ideal de la “hombría” consiste en no “rajarse” nunca. Los que se “abren” son cobardes” (Paz 51).

Para el mexicano, no hay opción de mostrarse débil, de mostrar sus sentimientos, de llorar porque si lo hace se abre, se raja, y ya no es “hombre”, “el abrirse es una debilidad o una traición. El mexicano puede doblarse, humillarse, “agacharse”, pero no “rajarse”” (Paz 51). Es por eso que los mexicanos deberíamos ser más honestos con nosotros mismos y en vez de rajarnos, decir lo que en verdad sentimos, así como lo muestra Trevit en su obra: “cuando dijéramos “no” realmente sea eso. Y cuando digamos “si”, estuviéramos convencidos de ello” (61). Este fenómeno de la falta de honestidad hacia sí mismo acarrea que no podamos decir la verdad ante una pregunta por falta de valor, y todo para que uno ¡no se raje!

También Trevit de Álvarez considera que el machismo es un reflejo de la falta del padre de familia, “‘El machismo’ es la manifestación de un complejo de inferioridad, de inseguridad respecto a la hombría, aumentado por la ausencia del padre en la familia” (Trevit 17). Muchas veces, desde niños, sufrimos complejos de inferioridad e inseguridad ya que con la ausencia del padre, estos complejos se agudizan y uno busca la forma de ocultarlo mediante la máscara del macho. La ausencia del padre nos afecta, pero uno como niño no lo quiere demostrar porque está expuesto a que los demás se burlen, y es mejor usar el recurso del macho, del que no le afecta nada, del que todo puede, y por lo tanto, resuelve todo tipo de situaciones por medio de la violencia. “Para el macho, no hay disparidad de pareceres, por insignificante que se le suponga, que no trate de resolver por medios violentos” (Luquin 76).

Así de esta manera, uno va creciendo con este falso renombre, que en vez de razonar y darse cuenta que ésta mal, uno empeora y con el paso del tiempo hasta se llega a comportar como un animal: “Hombres es en la acepción zoológica de la palabra, es decir, un macho que disfruta de toda la potencia animal. El mexicano, amante de ser fanfarrón, cree que esa potencia se demuestra con la valentía. ¡Si supiera que esa valentía es una cortina de humo!” (Ramos 56). Es una cortina de humo que en realidad no refleja lo que somos y no deja que demostremos nuestros sentimientos, por lo tanto, vivimos con una realidad falsa de nosotros mismos privándonos de una imagen verdadera.


Portada de la obra clásica de Paz

Finalmente, la causa de muchos comportamientos inexplicables como el machismo, explica Trevit, viene de herencia ya que “la recibimos genéticamente, es decir, de nuestros padres directamente y mediatamente de todos los ancestros” (100). Y más profundamente opina Octavio Paz en su libro El laberinto de la soledad, se remota a las circunstancias que los mexicanos sufrimos a través de la historia: “El carácter de los mexicanos es un producto de las circunstancias sociales imperantes en nuestro país; la historia de México, que es la historia de esas circunstancias, contiene la respuesta a todas las preguntas. (Paz 94). Él explica que por medio de estas “circunstancias imperantes en nuestro país,” es decir, circunstancias como la conquista, la colonización la indecencia, la extracción de tierras de los Estados Unidos, y el abuso actual por medio de los políticos, refleja de algún modo, como ya explicaba antes, la ausencia del padre, es decir, de la buena imagen que desafortunadamente careció nuestro México. Es así como “El mexicano, ser que históricamente vive en soledad y apartamiento, escoge el camino de la fantasía en el lenguaje que le es impuesto (Luquin 35).

A través del análisis de la obra “El Valemadrismo del Mexicano” sobre el “machismo” uno se puede dar cuenta de las razones de nuestro comportamiento, el desarrollo de éste y su herencia. Trevit da una solución del cómo podríamos nosotros los mexicanos poder evitar este sobrenombre que por siglos se nos ha asignado negativamente, pero para eso tenemos que dejar atrás nuestro pasado ya que nuestro México sufrió grandes abusos. Estos abusos fueron ejercidos con violencia, y que nuestro pueblo no pudo ni puede superar ya que desde el momento que los españoles llegaron a irrumpir la vida prehispánica, se propagó el abuso, el robo, el atraco. Abuso que trajo consigo grandes consecuencias que hasta la fecha a veces el mexicano no puede afrontar ni quiere recordar, pero desafortunadamente, este abuso está latente y no nos deja en paz. No nos queremos rajar, mejor lo tratamos de afrontar con nuestra máscara de macho que somos y que se nos ha heredado por cientos de años, pero en algún momento de nuestras vidas, esta máscara del macho cae y con ella cae esa cortina de humo que oculta los sentimientos verdaderos de esas derrotas, esas lágrimas que derramamos desde niños y que por fin deja ver al hombre sensible y emotivo que todos llevamos dentro.

Contacte al autor: damfrani@hotmail.com

Obras Citadas

  • Luquin, Eduardo. Análisis Espectral Del Mexicano. México, D.F: B. Costa-Amic editores, 1961.
  • Paz, Octavio. El Laberinto de la Soledad y Otras Obras. New York, New York: Penguin Putnam Inc. 1997.
  • Ramos, Samuel. El Perfil del Hombre y la Cultura en México. Cuarta edición. México, D. F: Espasa-Calpe Mexicana, S. A. 1968.
  • Trevit de Álvarez, Niní. El Valemadrismo del Mexicano. México, D. F: Panorama Editorial, S.A. de C.V. 1995.


1 Comentario a “La tradición mexicana del machismo”

  1. Por: Cristina Chávez Rocha en May 8, 2013

    Es un verdadero lujo contar con documentos tan sencillos, con una carga ideológica emancipadora. Agradezco profundamente que compartan con el público el análisis de nuestra idiosincrasia.

    Cristina Chávez Rocha
    cristycharo@hotmail.com

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