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¡Si no quieres contestar todas mis preguntas no puedes entrar a mi país! Tienes que ir a inspección secundaria, o si no te regresas a México…


Cruce fronterizo de Tijuana a San Isidro. Foto Culturadoor.

Por Edgar Cota-Torres
—Especial para Culturadoor.com—

Todavía recuerdo bien ese día, creo que nunca se me va a olvidar… Era el invierno de 1998. Todo parecía un día normal de viaje. Estaba regresando de un viaje a la Ciudad de México y me sentía muy orgulloso por todas las maravillas que había redescubierto en esa metrópolis: pirámides, museos, todo tipo de comida mexicana, qué delicia, ha sí, también redescubrí a los tales chilangos, la gente de la Ciudad de México. Pero lo que me hizo sentir todavía más orgulloso es que aunque nací en Los Ángeles, nadie notaba que no era “un verdadero mexicano, o un mexicano ilegal”. Bueno, pues casi sí era mexicano, porque mi madre viajó a Estados Unidos sólo para que yo naciera en gringolandía, después de una semana regresamos a Mexicali, Baja California, con todo y mi ciudadanía gringa. Además mi madre tuvo la grandiosa idea de registrarme en Mexicali como si hubiera nacido allá, todo marchó de maravilla con mi ciudadanía mexicana hasta hace unos años, pero esa, es otra historia. Ahora que pensándola bien, haber nacido en Estados Unidos, “el país más poderoso del mundo”, el 31 de enero y haber renacido en México unos días después, debe de haberse sentido chilo, o chido como dicen mis compatriotas del D.F. Podría escribir varias cuartillas sobres las implicaciones de “haber nacido” en dos países en días cercanos pero presiento que ésta ya no sería una breve historia.

Bueno, continuando con mi retorno de la Ciudad de México al aeropuerto de Tijuana y al cruce fronterizo a pie entre Tijuana y San Ysidro, las cosas marchaban con toda normalidad, con la excepción de cargar una maleta demasiado grande y unas cuantas bolsas, bastante coloridas, llenas de recuerditos mexicanos. Presentí que cruzar la frontera con todo este equipaje me complicaría un poco el trámite que durante mis años de High School era cotidiano ya que cruzaba con mi mochila todas las mañanas para estudiar al Otro Lado, o sea a Los United States. Seguramente he cruzado la frontera entre ambos países miles de veces, pero esa es otra historia, y sí también es bastante extensa…

Conforme me aproximaba al migra, el Border Agent, tenía un mal presentimiento sobre el tipo, el bato que habría de cuestionar mi ciudadanía, pensé en cambiarme a otra línea pero eso implicaría esperar veinte minutos más y con todo lo que cargaba, estoy seguro que parecería una persona sospechosa. No tenía otra alternativa, de manera que me quedé en esa cola. Por fin… llegó mi turno, el tipo se me queda viendo con cara de pocos amigos, irónicamente, ahora me sentía orgulloso de mi ciudadanía estadounidense, de ser de Los Ángeles aunque los únicos lugares que conozco de esta ciudad y sus alrededores son Disney Land and Magic Mountain. Yo dije:

—US citizen (en ese entonces no sabía que la /z/ en citizen se debe de pronunciar como una /s/ mexicana), seguramente eso fue lo que me metió en apuros. Además de las preguntas básicas y el parafraseo de las mismas preguntas básicas, el migra hizo un comentario que nuca olvidaré:

Después de contestar la tercera pregunta del migra, me sentí bastante enojado, el migra se percató de mi enojo de inmediato y dijo:

—If you do not want to answer all my questions you cannot come into my country! You are going to have to go to secondary inspection, otherwise you go back to Mexico.

En español sería algo así como”¡Si no quieres contestar todas mis preguntas no puedes entrar a mi país! Tienes que ir a inspección secundaria, o si no te regresas a México.” Qué cabrón, dije entre mí, no sé que tipo de acento tenía pero era muy difícil de entender lo que estaba ladrando. De seguro que por mi acento sospechaba que yo no era un “Verdadero American”, oh sí, mi apariencia física tampoco me ayudó mucho que no parezco un típico mexicano o gringo…

Para no hacérsela más larga, una vez que los migra revisaron mi equipaje y se entretuvieron un poco con los recuerditos mexicanos, pude entrar a SU PAÍS. Esta experiencia me inspiró un poco a meditar en que a pesar de haber “nacido” en dos países, no era totalmente mexicano pero tampoco totalmente estadounidense, tal vez soy un Mexican-American un American-Mexican, un Mexamerican o el guión entre ambas palabras, una raza híbrida que conecta a ambos mundos…

Para culminar esta historia, lo que me molestó más fue que el migra era más o menos como yo, una de las llamadas “minorías”, él podría haber sido mi paisano en Estados Unidos, también parecía extranjero y no pronunciaba bien las palabras en inglés. Él podría haber sido filipino o quién sabe y yo podría haber sido hindú o de Pakistán. Sin embargo, él estuvo a punto de expulsarme de SU PAÍS que también es MÍO.

Desde ese día soy muy consciente de mi pronunciación de la /z/ en inglés e intento pronunciarla como /s/ mexicana cuando digo “US citizen” pero de vez en cuando los migras sospechan de mi nacionalidad y de mi lugar de origen.

Por si usted está pensando sobre mi clandestinidad, mi ciudadanía mexicana ilegal, hoy en día es legal tener dos ciudadanías en México. De manera que he aprovechado la oportunidad para meterme de lleno en la burocracia mexicana y reclamar, recuperar mi “nacimiento mexicano”, uno que sí sea legal no como el que mi madre inocentemente, y de muy buena fe me otorgó. Pero como les dije anteriormente, esa es otra historia…

Contacte a Edgar Cota-Torres, University of Colorado, Colorado Springs: ecota@uccs.edu


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