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Como tal, Manuel Murrieta-Saldívar, autor de “La grandeza del azar: eurocrónicas desde París”, no necesita poseer a la capital francesa para lograr una autodefinición propia, solamente desea observarla y captarla. Su propósito no es conseguir la validación de la metrópoli porque el autor no la requiere.

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Por Mía Lilly
—California State University, campus Stanislaus —

*Ponencia presentada en la conferencia de “The Mid-Atlantic Council of Latin American Studies”, John Hopkins University, Baltimore, Maryland, USA, marzo de 2010. Este ensayo es también el prólogo de la 2da edición, ya en circulación, producida por Editorial Orbis Press (marzo 2010).

Ninguna otra ciudad ha proveído una destinación literaria tan consistente para Hispanoamérica que París. Esta ciudad ha sido invocada por escritores e intelectuales igual como metáfora de un amplio espectro de deseos y de diversas imágenes, como la vida de bohemia, el prestigio social, calles sensuales parisinas y la política revolucionaria (Schwartz, 1). Por mucho años, la cultura urbana, latinoamericana, designó a París como el centro cultural idealizado, hegemónico de la modernidad europea (Schwartz, 1). La mitificación de la gran urbe llegó a ser tan extensa, que el contacto con la ciudad misma se hizo problemático para muchos escritores (Jones, 14). Sin embargo, durante esta época, ningún autor realmente exploró a este problema, prefiriendo reproducir nociones bastantemente estandarizadas de los encantos o peligros de la metrópoli sin cuestionar su modelo (Jones, 15). No fue hasta mediados del siglo XX que los literatos latinoamericanos comenzaron a contestar abiertamente e insistentemente la complejidad que acompañaba al deseo de representar a un lugar que se había convertido tan común en el arte y en la literatura (Jones, 15). El estatus privilegiado de París y su imagen de jerarquía social y cultural se sometió al escrutinio.

Siguiendo los pasos de varios escritores latinoamericanos que habitaron a París, como Rubén Darío, Amado Nervo, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, el periodista, escritor y editor mexicano, Manuel Murrieta Saldívar, se traslada a la capital francesa, encaminado por el azar, en su quinto libro. Murrieta, quien ha sido galardonado con el Premio Estatal de Periodismo por Crónica en Prensa y ha tomado primer lugar en tres ocasiones en el Concurso del Libro Sonorense, explora la imagen de la ciudad concebida en Latinoamérica y cuestiona esa creación, descontruyéndola en un terreno literario, lingüístico y social. La desconstrucción consiste en exponer cómo se ha formado esta urbe a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas, mostrando que lo axiomático dista de serlo. En otras palabras, “la desconstrucción revisa y disuelve el canon en una negación absoluta de significado” (Ribadeniera, 1). El propósito de este ensayo es demostrar cómo Murrieta retoma el París letrado de sus antecesores y lo desconstruye a través de la crónica, presentando una novísima visión de la ciudad en La grandeza del azar: eurocrónicas desde París, publicada en 2006 en su primera edición y ahora en su segunda edición (2010).

Contraportada, 2da edición.

La grandeza del azar cuenta la historia del viaje azaroso de Murrieta desde Hermosillo, México hasta París, Francia, de donde continúa a España, Italia y Holanda. Como testimonio, el París que Murrieta presenta no es el de Cortázar ni de Fuentes; no es una ciudad donde personajes se enredan dentro de un laberinto de alegorías sobre la alienación y la búsqueda de la identidad, ni un mundo en donde los metros se utilizan como medios de transporte a esferas fantásticas (Schwartz, 31). El París de Murrieta es real, basado en experiencias concretas y datos históricos. Por ejemplo, en “Una torre que no sirve para nada,” el relato sobre la Torre Eiffel se mezcla con hechos.

A principios del siglo XX la Eiffel no sólo se aprovechó para experimentar con las primeras transmisiones inalámbricas sino que, una vez probada su eficacia y utilidad, se instalaron antenas y aparatos para la transmisión permanente de ondas de radio…la torre estaba salvada y lo demás es historia: desde ahí se interceptaron mensajes en clave que culminaron en la detención de la célebre espía Matta Hari o ayudaron a liberar a París de los alemanes durante la II guerra mundial (Murrieta, 39).

Los hechos históricos no sólo se utilizan para enriquecer al testimonio sino que también son elementos importantes para el cronista. La crónica, como género periodístico, agrupa comentarios sobre una serie de hechos de la actualidad, apoyados de testigos estantes (Definición ABC). De esta forma, el autor utiliza datos esenciales a lo largo de su obra.

Igual que varios de sus predecesores, Murrieta se encuentra un poco desilusionado con París. Referencias literarias, folletos turísticos, fotos de la Torre Eiffel y películas francesas habían creado una capital francesa “leída” y mitificada en su mente.

Mi París, construido en el cultivo de las letras, libros de texto, películas de arte y comerciales, más las noticias que llegaron a mi terruño en Hermosillo, es el de todos, el de muchos: un París embrujador e inquietante, tierno y acogedor que aún no logro encontrar allá afuera y que supongo está ahí, esperándome (Murrieta, 12).

Este material había implantado un collage de alusiones literarias y aspiraciones dentro del autor. Sin embargo, al estar físicamente en la urbe parisina, su expectativa del sitio mercadeado, utópico que había sido inculcado en él debe ser ajustada a lo que realmente experimenta. El desencanto comienza cuando se da cuenta que París es más materialista de lo que se imaginaba al no poder encontrar un apartamento de precio razonable para alquilar: “Nunca supuse que París mostrara cierta agresividad al estilo de Norteamérica, sociedad que uno ya aprendió a sortear con alguna frialdad” (Murrieta, 14). En “Hablando Franco,” se le atribuye una presencia personificada y anti-heroica a la gran urbe. El aparte presenta a París como un participante silencioso en un diálogo con el cronista. La ciudad parisina es una fuerza persistente con la cual el autor debe reconciliarse estética y políticamente.

…deberías saber, París, que no haces lo suficiente por los que venimos únicamente a disfrutarte y aprender de ti. Todo lo invaluable que posees deberías de ponerlo más a nuestro alcance porque no sólo a ti te pertenece. ¡Y es que cobras hasta para subir al Arco del Triunfo o mirar la tumba de Napoleón! (Murrieta, 33).

Por lo tanto, la fraternidad e igualdad que él asocia con el país no resulta ser una realidad.

Como se aludió previamente, la intertextualidad ejerce un papel sumamente importante en La grandeza del azar. Murrieta la utiliza en un intento de reconciliar la versión anticipada de París, basada en lecturas y en su propia imaginación, con su situación actual.

Desde la esquina con la avenida Raspail, hasta más o menos la estación del metro “Montparnasse Bienvenues,” se localiza una serie de establecimientos, entre ellos los famosos cafés literarios como La Rotonde, Le Select, La Dome y La Coupole…En busca de inspiración, relax o como centro de trabajo, a ellos acudieron, no yo, sino una infinidad de consagrados entre los que destacan James Joyce, Ionesco o Jean Paul Sastre…Con tristeza azul, a la francesa, noto que algunos de estos recintos se han norteamericanizado tanto, como La Couple donde acudía Henry Miller, que el cronista en busca de folklore sufre una especie de decepción (Murrieta, 78).

La ciudad de la luz no resulta a la altura de su creación literaria y su dominio como centro de fecundidad y estimulación artística se ha acabado.

¿Y qué fue de La Boheme?…a juzgar por lo que aparece ahora frente a mí, es un bar que acabó como centro de reunión para convivencias moderadas…es decir, parecen utilizar toda esa parafernalia para desanimar al desaliñado artista que ose solicitar un trago a cambio de un poema o un cuadro posimpresionista. De bohemia quedaría sólo el nombre y su historia para atraer turistas (Murrieta, 77).

Ahora todo lo que permanece son los vestigios del París literario—el Moulin Rouge con sus precios que “espantan…aunque incluyan champaña” y los pintores del sector Montmarte que “eternizan al turista, a lápiz, a tinta o al oleo” (Murrieta, 76-77). En síntesis, la ciudad de la vida de bohemia se ha convertido en un eje capitalista.

Inicialmente, el carácter capitalista, norteamericano de París resulta sorprendente para el cronista. Sin embargo, este carácter pronto revela algo más profundo. El dominio cultural que se le atribuía a la capital francesa en la literatura sólo permitía una imagen: París como epicentro de donde nace y se extiende la cultura.

¿Viajarán ahí las gentes que cuidan y alimentan a las cigüeñas que vuelan desde ti, ocupadísimas, hacia las maternidades del mundo? – por cierto, aún no las he visto, ¿dónde las tendrás? (Murrieta, 32).

Murrieta descubre que no sólo lo parisino sale a impregnar a otras sociedades sino que también lo extranjero penetra a la ciudad. Es por esta razón que la urbe exhibe atributos norteamericanos. En “La vida en azul”, uno ve cómo la música estadounidense, al igual que en Hermosillo, México, es un notable cultivo en las estaciones de radio francesas.

Quizás, pero ante la insistencia cierta vez hasta interpreté que los franceses también creían que escuchar artistas norteamericanos era una manera de ser contemporáneos, como lo hacíamos nosotros por aquellas décadas en el norte mexicano (Murrieta, 65).

Aún más asombroso es que la ciudad de la luz, cultura que se aprecia por siempre estar al avante de la moda, continúa palpando música añeja, como graciosamente agrega Murrieta: “Fíjate, desde aquel entonces ya éramos cosmopolitas, sin salir del barrio y nosotros sin saberlo” (Murrieta, 68). Además, la metrópoli no sólo es afectada por las culturas hegemónicas como la de los Estados Unidos; culturas menos proliferadas también ejercen influencia, transformando varios de sus distritos.

…nadie nos dijo que la estación Tolbiac era el centro del barrio chino. Que salir hacia cualquier rumbo de la parada Gare du Nord era encontrarse con marroquíes y tunecinos ofreciendo cabrito casi como tacos al pastor…Y al otro extremo encontrarse con hindúes ofreciendo el aroma de canela y clavo… (Murrieta, 49).

París, entonces, es una ciudad ocupada por extranjeros, no una ciudad habitada por una población homogéneamente francesa como el cronista imaginaba: “Se me revela un París oculto que nadie me había contado ni había leído” (Murrieta, 172). De hecho, casi se podría decir que la presencia francesa es mínima sino inexistente en varias de las crónicas. La grandeza del azar presenta un plano fragmentado, dispersado, multivocal y cosmopolita.

Mapa del metro parisino

El París utópico de dominio cultural resulta ser ilusorio. Durante el Boom, las obras de los autores latinoamericanos expatriados insistían en exponer, invadir, explotar y dominar a la gran urbe en búsqueda de una identidad nacional propia (Schwartz, 7). Sin embargo, la realidad parisina era tan diversa y tan irreal que resultaba elusiva, victimizando a los personajes que intentaban poseerla (Jones, 114). La ciudad devoraba a estas figuras desterradas, consumiendo su salud, dignidad, cordura y ahorros (Schwartz, 23). Como novísima literatura, “los grandes metadiscursos como la obsesiva búsqueda de la identidad” no son una preocupación en La grandeza del azar (Garganigo, 671). Como tal, Murrieta no necesita poseer a la capital parisina para lograr una autodefinición propia, solamente desea observarla y captarla. Su propósito no es conseguir la validación de la metrópoli porque el autor no la requiere. Él es un cronista y París su proyecto, nada más y nada menos. Por consiguiente, el autor no termina destruido por la urbe.

Documentando sus reacciones al enfrentar la realidad de sus previas suposiciones, los relatos de Murrieta sirven como una guía turística, humorista y desmitificadora para los hispanos. El cronista, como escritor novísimo, abandona las estructuras complejas, características del Boom, por una forma accesible al lector, presentando su crónica en un estilo sencillo e informal, casi como una conversación entre amigos. Con una prosa ligera, llena de comentarios jocosos pero reveladores, Murrieta nos divierte y entretiene hasta la última página.

En conclusión, Murrieta descontruye a París a través de un testimonio cándido, tangible y creativo. Explorando el mito de la vida socialista, artística y de bohemia parisina, el cronista desmiente a la gran urbe que tanto fue apreciada por Gutiérrez Nájera y luego transformada en una zona fantástica por Julio Cortázar. En La grandeza del azar, la capital francesa se revela como una ciudad constituida de inmigrantes, con una cultura heterogénea como cualquier otra capital. Además, la metrópoli francesa no resulta esencial para la autodefinición ni para la experiencia artística del autor. Al contrario, es Murrieta quien termina definiendo y recobrando a la ciudad letrada que tanto ha persistido como un icono para muchos escritores latinoamericanos.

Obras Citadas
“Definición de crónica.”  Definición ABC.  10 Oct. 2008.  Web.  30 May 2009.
Garganigo, John F. et. al.  Huellas de las literaturas hispanoamericanas.  New Jersey: Prentice
 Hall, 2002.
Jones, Julie.  A Common Place: The Representation of Paris in Spanish American Fiction.?
 London: Associated University Presses, Inc., 1998.
Murrieta Saldívar, Manuel.  La grandeza del azar: eurocrónicas desde París.  México:
 Instituto Sonorense de Cultura, 2006.
Ribadeneira, Agustin.  “Definiciones.”  Deconstructivismo/Textos.  Red A4IU de blogs de
 arquitectura, 14 Feb. 2007.  Web.  30 May 2009.
Schwartz, Marcy E.  Writing Paris: Urban Topographies of Desire in Contemporary Latin
 American Fiction
 American Fiction.  Albany: State University of New York Press, 1999

Contacte a la autora:
zmlilly@yahoo.com

Más sobre La grandeza del azar en:
http://www.orbispress.com/imagenes/realidad/grandeza-azar.htm

Y en:
http://www.amazon.com/Manuel-Murrieta-Saldívar/e/B001JOYDEA/ref=ntt_athr_dp_pel_pop_1


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