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Me llevo conmigo la imagen de un México hundido en la melancolía, profundamente lastimado por sus gobernantes, herido por su propia gente; tal vez sea yo el melancólico, o tal vez juntos, yo y tú, ciudad de mis recuerdos…

Mi nueva cita con el destino

Por David Alberto Muñoz

Ciudad de México.- Se cierra el ciclo. Dejo la ciudad que me vio nacer. Dejo mis memorias, mis amores, mis anhelos. Se ha cumplido el tiempo, un corto lapso que ya quedó grabado en mi mente. En ocasiones pienso que la vida es simplemente un recuerdo. Cada vez que nos juntamos los seres humanos, nuestra plática parece originarse en las remembranzas de un ayer que no deseamos olvidar. Nos perdemos entre los pasadizos del existir; nos extraviamos en la avenida del sentir y la vida parece convertirse en una simple memoria. Me llevo conmigo la imagen de un México hundido en la melancolía, profundamente lastimado por sus gobernantes, herido por su propia gente; tal vez sea yo el melancólico, o tal vez juntos, yo y tú, ciudad de mis recuerdos, hemos tenido una aventura entre los trolebuses y el metro, entre tus volcanes y algunos perros callejeros, entre el zócalo y el mercado sobre ruedas.

Dentro de tus cabarets se puede escuchar el romancero capitalino; las guitarras adornan elegantemente a todas las parejas que buscan resguardo de la lluvia. Las luces alumbran el escenario y pintan los rostros de vergüenza, desafío y esperanza. Las congas te llevan al ritmo de la noche, con ese sutil deseo de bailar y beberse la vida misma. Así, embriagado de emoción y sentimiento, me despido de mi ciudad, de mi Méxicalipsis, de todo aquello que fui, viví, sentí y no deseo olvidar. Taciturno, intenté penetrar en cada una de tus esquinas. Caminé sin rumbo fijo infinidad de veces, viendo a través de las ventanas de cada uno de tus hogares. Me introduje en tus instituciones, saludé a la bandera y canté el Himno Nacional. Quise ver y sentir a tu gente, tus mujeres; desee mamar de la misma leche con la que alimentas a todo un pueblo deseoso de tranquilidad. Al estar contigo, disfruté de tus caricias, éstas, en ocasiones se muestran cansadas, cada ciudadano muestra el yugo de tus amoríos; esa insistencia por caminar a cien kilómetros por hora; ese orgasmo que nunca llega; ese sol cubierto por las altas nubes de humo que impiden ver con claridad el azul del cielo. Eres una amante a la distancia, una inquietud que desmiembra el mismo manto de la Virgen. Te mueves a tu gusto, despiertas la fuerza del volcán “Don Goyo” con tu simple respirar y tus curvas mantienen el anhelo de miles y miles de hombres y mujeres, buscando trabajo o intentando vender algún producto mientras un semáforo cambia de rojo a verde. Produjiste en mí el deseo de permanecer dentro de tu vientre, bajo tu embrujo, detrás de tu supuesta imagen de ciudad poblada, de metrópoli enfrascada en una constante lucha por sobrevivir. Tus crímenes, tus abusos y robos, los pude olvidar al mirarte desnuda por las noches, gimiendo el dolor de un lago sediento de selva urbana. Ahí, cuando pariste a tus hijos ilícitos y los abandonaste a su suerte, me di cuenta de lo que realmente eres, una ciudad con cuerpo de mujer, y una mentalidad cruda, seca y libre.

Me despido de ti, ciudad de mi niñez, no sin antes amenazarte con mi pronto regreso. Bailaré contigo aquel bolero romántico que nunca me dejaste escuchar. Beberemos una copa más durante uno de tus atardeceres. Y quizás, me permitas caminar tomado de tu mano mientras me platicas cómo Texcoco continúa tragándose tu mismo suelo. En medio de azulejos tomados por manos hábiles, me mostraste tu fuerza, un ímpetu agobiante, sensual y quizás, a veces, una agotada manera de amar.

Tú eres San Juan de Letrán, la Glorieta de los Hongos, Mariano Escobedo, Ejército Nacional, Fraccionamiento Las Américas, Parque España, El Barón Rojo, Colonia Anáhuac, Vips, El Nivel, Paseo de la Reforma, Avenida Insurgentes, representas mi pasado, te perfilas calladamente girando tus muñecas, mientras tus labios besan los cuerpos de tanta gente que vive encerrada dentro de ti.
El ciclo se cierra y tengo que partir, pero mientras tenga vida tendré el recuerdo y la esperanza de regresar y plantar otra cosecha, otra época de esta relación que a veces parece ser indebida, entre mi ciudad y yo.

David Alberto Muñoz, doctor en filosofía; director y profesor del departamento de Filosofía y Estudios Religiosos en el Colegio Comunitario de Chandler-Gilbert, Arizona. Tel. (480) 732-7173.
E-mail: david.munoz@cgcmail.maricopa.edu


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  2. Ago 30, 2010: CULTURAdoor » » Culturadoor 43
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