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ESCRIVIVIENDO

Por Manuel Murrieta Saldivar

Todo ser humano se pregunta sobre el significado de la vida, busca información y esparcimiento. Todos nos preguntamos: ¿para qué vivo?¿, ¿De dónde venimos?¿Qué pasa a mi alrededor? En la búsqueda de respuestas se escogen diferentes opciones de acuerdo al nivel educativo, a la sensibilidad y ética de la persona así como a las oportunidades que brinda el medio social. Mientras unos se satisfacen con respuestas inmediatas, superficiales o se entretienen con lo sencillo, otros profundizan, buscan evidencias y establecen un estilo de vida en el que adquirir conocimiento y refinar los gustos es constante. Unos tienden a responder sus preguntas existenciales con el primer guía espiritual que los convence, en la publicación que encuentran a su paso o en los programas de televisión o radio que sintonizan con facilidad. Así satisfacen su necesidad intelectual, informativa y espiritual y forman una visión de la vida que llena sus expectativas; así también encuentran un poco de consuelo, felicidad, orientación y diversión. Otras personas, en cambio, no se conforman con lo que ofrecen los medios de comunicación convencionales y van descubriendo otras opciones. Es un poco más complicado pero profundizan en sus respuestas sobre el objeto de vivir y ahondan en su disfrute general. Estas personas comprueban que si se acude a fuentes más complejas se obtienen argumentos sólidos, verosímiles y comprobables. No se quedan con la inmediatez de los medios de comunicación sino que consultan varias fuentes autorizadas para forjarse una idea amplia de la realidad Y se entretienen observando espectáculos no tan de moda y que responden o les hagan cuestionar asuntos de la vida social y personal que los influye. También prefieren, por ejemplo, estudiar el funcionamiento del cerebro, comprender el sistema económico social donde habitan y cómo les influye, indagan teorías sobre el origen de la vida y la creación del universo. Les interesa más la biografía de Albert Einstein que la de Enrique Iglesias, gozan de un poema de Octavio Paz que una canción de rimas fáciles y mensajes frívolos. Prefieren leer uno o dos reportajes sobre el caso de López Obrador, del conflicto árabe-israelí, que conformarse con las noticias que reciben tergiversadas por los intereses en conflicto. Es verdad, las vidas de estas personas parecen más difíciles, de lucha y contención por no someterse tanto a los dictados de la moda. Pero, a cambio, hallan opciones más sensatas y vitales para responder a los por qués de la existencia; disponen de mayores oportunidades para gozar de su cuerpo, el intelecto y de su espíritu. Su capital es más intelectual y espiritual que económico y los lleva a una vida variada, merecedora de una felicidad integral y completa. Por todo esto surge una sencilla sugerencia: mientras más se amplía en la búsqueda de alternativas para responder a los fenómenos existenciales, sociopolíticos y a la necesidad de esparcimiento, la vida es diversa, creativa y, por lo tanto, más disfrutable. Y se toman decisiones informadas e inteligentes. Quienes se quedan con unas cuantas opciones, su existencia tiende a ser pobre, manejan pocas respuestas, viven en realidades y mundos reducidos y no desarrollan una curiosidad para saber de sí mismos y de sus semejantes. Y, lo más triste, son fácilmente manipulados por los intereses y las luchas de todo tipo de poder. Una vida así está condenada a repetir los mismos clichés, opiniones o gustos muchos de los cuales ni siquiera fueron creados por la persona en sí, sino que fueron impuestos por lo que flota en el medio y quienes lo controlan.

Correo electrónico: editor @culturadoor.com


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