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PRESENCIA

…choferes enajenados buscando en quien descargar su ira, quienes con su tal vez muy comprensible enojo, gritan maldición y media, convencidos de tener la razón…

Por David Alberto Muñoz

Día de publicación: 06-Mayo-2008

Phoenix, AZ.- La ciudad traspira un aroma de frustración. De los mismos edificios que adornan el centro de esta capital desértica, caen gotas de acero inoxidable que como agua de mar parecen inundar las calles y avenidas con una mentalidad seca. Vapores disfrazados de rocío emanan de las alcantarillas maltratando las mismas entrañas de una urbe construida en medio del desierto. Mientras que en mi misma vecindad, se venden más de cuatro casas cuyos dueños, con eso de la crisis económica, andan viendo de que manera saldrán del inconveniente.

Veo un atardecer a distancia. Su belleza impacta mis sentimientos; deseo poder tener mi cámara para tomarle una foto, porque quizás, detrás de los carros frente a mí, procuro vislumbrar una naturaleza plena, sencilla, compleja a la vez, un ente que golpea mi rostro con aires de dama ofendida, para finalmente descansar sobre mi lecho con mucha serenidad.

Los negocios gritan al igual que los ciudadanos presentes.

—¡Estamos vivos!

—¡No se paran ni las moscas a comprar nada!

—Si las cosas no mejoran nos va a llevar la chiquita.

Los homeless no pueden dejar de estar parados en las esquinas pidiendo dinero. Con actitud prepotente exigen sostén financiero. Su mirada cambia de acuerdo con la reacción que provocan. Parecen decir:

—¡Me tienes que ayudar!

—¡Yo soy veterano, peleé en Vietnam!

—¡Yo soy yo, y todo el mundo me debe reverencia! Bueno, si es su voluntad…

—Why lie I just want a beer!

Lentamente la noche invade el poblado lleno de víboras de cascabel, cactus, alacranes, lagartijas y resequedad; como una sonaja tocada por un niño, el valle del sol permanece detrás del mito de Sheriff Arpaio, con indocumentados buscando trabajo frente a un Home Depot, con chóferes enajenados buscando en quien descargar su ira, quienes con su tal vez muy comprensible enojo, gritan maldición y media, convencidos de tener la razón, lugar en el cual todos descansamos. La mitología contemporánea pertenece a las madres solteras que están perdiendo sus casas, a los hombres que tuvieron que tomar custodia total de sus hijos, para un viernes por la noche, llevar a pasear a sus retoños. Los profesores de colegio terminando el semestre, cansados de tener que seguir asistiendo a otra junta en la cual se discutirá de qué vamos hablar en la próxima reunión.

Los rieles del tranvía prometido descansan en medio del centro. Rumores hay que dicen que se encogieron con las temperaturas frías del pasado invierno. Ahora la ciudad tendrá que invertir otros chorrocientos millones para repararlos. ¿Por qué mejor no hicieron un metro debajo de la tierra como lo hacen la mayoría de las ciudades modernas?

Los mismos bares se te antojan estar algo solitarios. Aunque eso sí, para pistear siempre hay dinero. En medio de toda una resección monetaria, existen individuos incapaces de no ingerir bebidas embriagantes, o quizás, ya convertidos en leyendas urbanas, tocan la guitarra en algún grupo de rock pretendiendo ser miembro de Los Rolling Stones.

Uno que otro niño juega por las calles del distrito de Gendlale, portando la pobreza como símbolo peculiar de su inocencia, mientras en las escuelas primarias despiden a los maestros de arte, música y educación física, porque los votantes decidieron no darles más fondos para cumplir con su labor que por lo menos antes era muy noble, pero ahora, es un desperdicio de los impuestos de los contribuyentes.

Los días están preciosos, puedes caminar por los parques sin sentir ese calor del mismo infierno. Una agradable brisa sopla de oeste a este cruzando por las mismas paredes de los techos edificados por manos humanas para refugiarse del castigo natural del desierto.

Así, de esta forma, el valle palpita con cierta rapidez. Ha encontrado un tiempo perdido que nunca permanece. Un día despiertas descubriendo que ya tienes canas en las sienes. La rodilla de tu pierna izquierda te duele más de la cuenta. Tus estudiantes se casaron hace cinco años y ya tienen más de tres hijos. Las amigas de tu hija de pronto se te figuran ser mujercitas en potencia, y estás dispuesto a comprar una arma de fuego para protegerlas contra todos los zopilotes que desde hace ya un buen rato andan merodeando para ver donde caen.

Es una metrópoli, vestida de pensamientos, en espera de su destino, enferma porque trae dentro de sus propias venas un sabor a sufrimiento, a comedia y farsa, un peculiar humor negro escrito de pluma y mano por los personajes que habitan el planeta.

Ciudad, husmeo tu aliento
Tu desperdicio somos nosotros
Por las noches te maquillas
Pretendes ser la amante ideal
Con esos senos perfectos
Que la otra noche permitiste acariciar

Tu suburbio es letra sin significado
Alegorías oxidadas en un baúl
Aldea mostrando detalles grabados
Dibujados con lápiz sin nada de luz

Ciudad, mamo tu leche desesperado
Porque no existe ningún otro lugar
Eres mi vicio, alimento y medicina
Tomada cada cuatro horas por receta
Después de cada alimento con agua
Siempre intentando respirar

Pueblo, distrito o localidad
Te conviertes de pronto en mi realidad
Tu naturaleza es cáncer con mal
Y yo soy parte del mismo lugar

Eres simplemente otra ciudad…

© David Alberto Muñoz, Ph.D.
Faculty Philosophy & Religious Studies
Chandler-Gilbert Community College
2626 East Pecos Road
Chandler, Arizona 85225-2499
(480) 732-7173
david.munoz@cgcmail.maricopa.edu


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