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PRESENCIA

La realidad se me fue de las manos.


UN CUENTO

Por David Alberto Muñoz

Nunca antes había pensado en robar.  Es más, a mí me criaron con la idea de que eso era pecado.  Desde que tengo uso de razón me acuerdo de la cintariza que me dieron por haberle quitado su juguete a Gelacio, el niño que vivía enfrente de mi casa.  El pobre nada más se puso a llorar.  A mí no me importó.  Creo que siempre he sido así, muy egoísta, como me decían siempre mis padres.  Pero yo no pienso así.  Me acuerdo una vez en que se me hizo fácil robarme una corbata para regálasela a mi papá de navidad.  Estaba pensando en él, ¿no?  Cuando iba a salir de la tienda me agarraron.  Lo peor no fue eso, sino la vergüenza cuando tuvieron que hablarle a mi mamá y decirle lo qué había hecho.  Pensé que me iba a pegar, pero no, se puso a llorar.

Eso pasó hace ya muchos años.  Ya ni me acuerdo…

Ahora las cosas son distintas.  Perdí mi trabajo hace ya casi seis años.  Tenía familia, lo perdimos todo, hasta la casita donde vivíamos, no era gran cosa pero…

Vivimos de milagro por mucho tiempo, gracias a la compasión de mucha gente la mera verdad.  Es muy difícil tragarte tu orgullo para recibir unas simples migajas para comprar comida para tus hijos.  ¡Y no lo digo para qué me tengan lastima!  Simplemente es la verdad.  Sobre todo cuando los demás se ensañan contigo.  ¡Sí, yo también lo hice, quizás era peor, pero mis palabras me las he tenido que tragar enteritas!

Todas las mañanas tengo que ir a buscar trabajo ahí donde están todos los ilegales.  Sí, ya sé que a muchos no les gusta que les digamos así, prefieren el término indocumentados.  Es lo mismo, no tienen papeles.

Pues ahí me tienen todos los días, en Home-Depot, todo mundo sabe que los que están ahí no tienen documentos.  Yo no entiendo porque todo mundo se hace pendejo.  Lo qué no saben es que algunas veces también hay uno que otro con “derechos” que se ve forzado a tener que acudir ahí.  Como yo, los beneficios que me daba el gobierno se me acabaron.  La última vez hasta me gritaron y de plano me dijeron:
—Don’t be lazy and get a job!

Yo no soy flojo, lo qué pasa es todo se me complicó.  De la noche a la mañana como que todo mundo estaba en contra mía, en el trabajo, mis amigos, hasta mi familia se puso nada más a criticarme que yo era esto y lo otro, y pues a mí me dio muina, la mera verdad.  Cuando todo mundo nada más te anda jodiendo pues te tienes que enojar ¿qué no?

Yo me creía la mamá de Chita como dicen por ahí.  Tenía buena chamba, carro del año, de vez en cuando me iba con los cuates a un Table Dance, mi vieja iba de compras casi todos los fines de semana, mis hijos hasta les compraban cosas a sus amiguitos porque sus papas no tenían.  Vivía muy bien…pero de repente no sé qué pasó…todo mundo se puso en contra mía.

Al principio yo nada más me reía, me creía un dios, todo se me resbalaba, como que mi seguridad estaba basada en mi dinero.  ¡Qué no era tanto!  Pero así me sentía…

De pronto, me corren del trabajo, mi mujer me deja por un hombre más joven, mis hijos se van de la casa culpándome a mí de todos sus males, mis amigos desaparecen, fue como una pesadilla en la que despiertas y ya no hay absolutamente nadie a tu alrededor, literalmente.  ¿Me explico?

Todas las pláticas se volvieron superficiales, nada parecía ser real.  Todos nos saludábamos por costumbre.

—Buenos días Antonio.

—Buenos días Ricardo, Zulema, Don Alfredo, señor, señorita, hijo…

La realidad se me fue de las manos.

Mi esposa me gritaba cada vez que llegaba a la casa, era una de pleitos constantes.  No había descanso, todo se volvió ridículo…

—¡Eres un irresponsable poco hombre!

Eso calienta ¿a poco no?

Mi patrón casi me saca a patadas:

—¡Te me largas ahorita mismo!  ¡Eres un idiota!

Todos se convirtieron en personajes antagónicos para conmigo.

Yo simplemente estaba muy enojado.  Con todo mundo.  ¡No se me hacía justo que todos estuviesen en mi contra!

—¡Váyanse todos la reverenda chingada!—decía—¡No necesito a nadie!

Yo no sé ni cómo, pero me quedé en la calle, con la pura ropa que traigo puesta…sin nadie…viejo…todo me parece tan irreal…la vida misma…todos me decían que la vida ya no me importaba…no…eso no es cierto, me importa mucho…pero a mí solamente me gustaría que me regresaran lo que me quitaron.

—Hey! Do you want work?

—No, lo que quiero es lo que me quitaron…

—Tú te lo quitaste solito.  Eres tu peor enemigo, date cuenta, tú te lo quitaste solito.

Nunca antes había pensado en robar…pero ahora sí, no para comer ni para sobrevivir…quiero robar lo que me quitaron…a lo mejor así recupero todo…estoy loco ¿verdad?

A mí me gustaría simplemente lo que me quitaron…

—How much do you want for a day’s work?

Yo nada más quiero lo que me quitaron…

© David Alberto Muñoz, Ph.D.
Faculty Philosophy & Religious Studies
Chandler-Gilbert Community College
2626 East Pecos Road
Chandler, Arizona 85225-2499
(480) 732-7173
david.munoz@cgcmail.maricopa.edu


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