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En septiembre de 1990 el ahora fallecido escritor Carlos Fuentes visita por primera vez el estado de Arizona y ofrece sendas conferencias en la Universidad Estatal de Arizona (ASU, siglas en inglés), ciudad de Tempe.  El autor de este texto, en aquel entonces estudiante de doctorado, Manuel Murrieta Saldívar, sostiene un encuentro y un diálogo en directo con el autor de Aura. Esta experiencia memorable del recorrido de Fuentes por el suroeste norteamericano cobra vida de nuevo en esta crónica y Culturadoor.com la publica a manera de homenaje al mejor novelista mexicano fallecido el pasado 15 de mayo.

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Se dejó estrecharlas manos, saludar y sonreír, tomarse algunas fotos y, casi sin sentirlo, ante el ya inminente acoso de los otros, nos fuimos alejando irremediablemente hasta la noche siguiente cuando sólo pude verlo de lejos, enfundado ahora en un smoking azul oscuro acompañado por su afrancesada esposa, rodeado de la cúpula política y universitaria de Arizona que en ceremonia especial le entregaban reconocimientos, le rendían tributo, honores,aplausos, respeto, admiración, caviar, champagne, entrevistas, guardias de seguridad, gafetes de exclusividad, flashes, cámaras, todo, así, completamente inalcanzable en esa distancia de lujo y de recuerdos…

CRÓNICA RETRO

Imágenes archivo de Culturadoor.com

Por Manuel Murrieta Saldívar

manuelmurrieta@orbispress.com

Día de publicación: 17-Mayo-2012

Mientras las carteleras anuncian y comentan la película basada en una de sus últimas novelas,Carlos Fuentes entra triunfante al valle de Phoenix vía Arizona State University (ASU) que durante cuatro días de septiembre lo recibe, lo luce, lo pasea y lo mima con un estipendio de cuarenta mil dólares porque él “es luz en tiempos de oscuridad” y uno de los más importantes pensadores del mundo occidental, según reza la prensa, los folletos de presentación y los comentarios de eruditos y organizadores de esta fiesta de letras inolvidable. Habla inglés pero no es un gringo y desde las sienes proyecta unas sofisticadas canas pero tampoco es un viejo. Además de luz y pensamiento, es también el escritor mexicano trilingüe considerado como un “puente”entre dos culturas todavía en conflicto divididas por la”cicatriz” geográfica, política e histórica del río Bravo como él mismo interpretó en una de sus charlas. Es el analista que explica la realidad latinoamericana a un público anglosajón que termina por comprender la necesidad de disminuir prejuicios y acudir a la flexibilidad ante la contundencia y lógica de los argumentos fuentianos.Y, en su intento por acortar las distancias de percepción entre los hispanoamericanos y los temerosos vecinos del norte, Fuentes, en su primera visita a Arizona en la que también recorrió el Cañón del Colorado—”semeja el origen o el fin de la vida en la Tierra”—les dice, les explica, les reclama que el rol de los Estados Unidos en América Latina ya no es tan importante como en el pasado”debido a que ahora existen diferentes centros de poder en el mundo: el principal compañero comercial de Argentina es hoy la Unión Soviética”, ejemplifica. Ante el derrumbamiento de fronteras de todo tipo, “quizá las que permanezcan ahora sean tan sólo las psicológicas”, sorprendentemente dice, tienen “ustedes la oportunidad de vivir en una sociedad bilingüe o multilingüe que es una gran ventaja que no debe ser sacrificada”, advierte criticando el tradicional monolingüismo y etnocentrismo norteamericano que Fuentes también les ayuda a superar. Con delicadeza, exdiplomático al fin, ahora retirado porque “muchos pueden ser embajadores pero sólo yo puedo escribir mis libros”, en la conferencia titulada Ampliando perspectivas: una revisión sobre el canon de la cultura occidental, retoma la idea y sin tanto eufemismo vuelve a sugerirles no apartarse, no pretender ser los poseedores de la verdad, la lengua o la democracia absoluta y les recuerda que “aislarse es morir” y que en el transcurso de la historia las civilizaciones han subsistido conviviendo.

América para los latinoamericanos

Su diplomacia académica funciona. Tiene a la audiencia prendida, el recinto abarrotado, escaleras, pasillos,paredes inclusive, huele a debate, a pluralismo inteligente, admiración reflejada en interminables preguntas, deja hablar el tiempo que sea a la audiencia, no acapara porque, recuerda a Voltaire, “sea lo que sea todos tenemos derecho a expresamos”. Estudiantes y profesores anglos en su mayoría, críticos y especialistas en estudios  latinoamericanos, también presencia hispana con argentinos,chilenos, bolivianos, chicanos, mexicanos, las clases y las actividades del departamento de lenguas y literatura suspendidas, todos ahí todos escuchamos pasmados las respuestas convincentes y profundas, “en su inglés que domina como un nativo”, de un Carlos Fuentes sosteniendo un pequeño micrófono en el botón de otra camisa blanca más formal, pantalón de gabardina oscuro,cara brillante por los reflectores y el leve sudor, mostacho bien cuidado, zapatos negros que se mueven en el “stage”, manos expresivas en movimiento, mirada alerta, boca políglota que ahora, seguridad de la experiencia y la erudición, solicita “another question, please”. Triunfante, el público se entrega: “aquí en América tenemos el problema de diferenciar lo que es latino e hispano, ¿podría aclararnos profesor Fuentes?”, salta la pregunta de la estudiante y la mente del autor de La región más transparente ya tiene la respuesta que se remonta a Platón, a Sócrates pararefrescarle, en principio, que la discusión sobre la relatividad del significado de los conceptos data por lo menos desde los griegos, que latino e hispano pueden o no representar lo mismo dependiendo del tiempo o lugar pero luego Fuentes, audazmente, les voltea el esquema y plantea que “nosotros” tenemos el mismo problema para nombrar a su país. Un silencio expectante aderezado de incredulidadse pasea en la atmósfera cuando agrega que el vocablo “Estados Unidos” “no nos dice mucho, también existen Estados Unidos Mexicanos, Venezolanos o Brasileños”. El problema se complica —continúa— cuando agregan “de América” porque para nosotros este nombre comprende desde Alaska hasta la Patagonia. Y el osado Fuentes casi se atreve a pronunciar que es muy probable que carezcan de un adecuado significante; y la calma poco a poco se convierte en hilaridad aceptable al proponerles suavemente, como en broma, que esta nación podría adoptar el nombre de “Vespucio”. “Another question, please”.  En algún momento y espacio hubo de surgir el inaplazable tópico del consumo de drogas cuya visión norteamericana es la de la víctima. Simplemente bastó con señalar que esta práctica no es nueva para el tiempo presente sino que “ha venido acompañando a la humanidad desde sus mismos orígenes”.  Sin jactancia,contó la anécdota de que ha estado en ceremonias de consumo de drogas entre indígenas mexicanos y las comparó con el uso que se les da dentro de los modernos apartamentos de las clases medias “donde no hay ningún rito, no tienen ningún significado”. Sin proponer abiertamente la legalización pero mostrando favoritismo por esta medida, más bien recomendó acciones preventivas y tratamientos tal y como sucede con el alcoholismo. Y no paraba, Fuentes una vez más les trajo una nueva perspectiva cuando manejó que “ustedes pueden declarar la guerra a las drogas en Colombia pero es muy distinto hacerla contra su propia gente y dentro de sus ciudades que también necesitan auxilio”.

El Nóbel a Jorge Luis Borges

El ganador del premio “Cervantes” de España en 1987 habló también por supuesto de su literatura. Nueve de sus novelas han sido traducidas al inglés y se pueden ver—y comprar—en las librerías universitarias y de los “shoping centers”. Su método de trabajo incluye escribir diariamente de ocho de la mañana a dos de la tarde y ubica su voz, su palabra, en los niveles experimentales más que producir libros que simplemente le aseguren éxito tras éxito. “Cada obra es como una botella con un mensaje escondido”, declara. Sobre su trilingüismo revela que por lo general prefiere dar conferencias y entrevistas en inglés, que escribe “estrictamente” en español y que el francés lo usa para redactar notas de”agradecimiento”, sin embargo, defiende, “todos mis sueños ocurren solamente en español”. De pronto, un experto en literatura argentina plantea el debate sobre el otorgamiento de los premios Nóbel y desprende una especie de decepción porque Jorge Luis Borges no fue galardonado. Fuentes escucha y mira atento y al empezar a hablar revela la identidad del cuestionador como para advertirle que se trata de otro crítico al cual ya se ha desayunado pero que sin embargo siguen siendo buenos o viejos amigos,¿serían? Le advierte que rara vez se “escribe para ganar premios”; lo remite a la academia sueca para despejar la incógnita de la negativa del Nóbel a Borges, “yo nos oy el adecuado para responderle”. Le dice, no obstante, que cada obra y autor crean, aunque a veces no resulta,su propio público lector en algún dado momento y sociedad, ejemplifica con el naturalismo francés del siglo XIX que ahora es muy popular en Moscú; y termina comentando, y de aquí la ansiedad del Nóbel a Borges, que los argentinos están como necesitados de reconocimientos internacionales, “de que se les nombre, cada esquina deBuenos Aires urge que se mencione porque lo que pasa es que en Argentina sólo hay pampas, todo está plano, a diferencia de México, plagado de exhuberancia, de pirámides, de mestizaje, de indígenas, los argentinos están siempre a la espera de ser creados, recreados, nombrados”. Después el auditorio quedó estupefacto unos segundos, incrédulo, máxime algunos “ches” de impávidos rostros, luego sonrisas de aceptación mientras que alguien escuchaba el mensaje con estupor como concluyendo en definitiva que es un verdadero placer escuchar las defensas de Fuentes en el país de Vespucio que, intermitentemente,va abriendo su inteligencia para comprender otras nuevas y frescas visiones de la realidad e identidad latinoamericanas.


Fuentes y el cronista

Desde hacía semanas la noticia de la visita de CarlosFuentes a la universidad en Tempe me tenía conmovido aún a pesar de la tempestad de actividades académicas y docentes más las angustias permanentes del momento—¿nostalgia por la gente de Sonora? La preocupación inicial era cómo disponer del tiempo necesario para poder asistir a la mayor parte de sus presentaciones sin afectar la obligada rutina que uno tiene que resignarse a cumplir para asomarse al mundo. El detalle se resolvió solo porque, oh importancia de Fuentes, desde el día de su llegada las actividades en mi departamento académico fueron suspendidas para aprovecharlo a placer. De cualquier modo, iba a apelar a la irresponsabilidad de tal manera que el problema fue entonces cómo distribuir el tiempo teniendo tanto Fuentes a mi alrededor, mañana, tarde y noche, durante cuatro días memorables. En la víspera, pósters, volantes y folletos fuentísticos veía a granel a mi paso por pasillos, kioskos y aulas del campus mientras que en las oficinas de lengua y literatura ya se comentaba el trastocamiento de los horarios y quiénes, dado el caso, participarían en atender al escritor. Frank Salerno, un volátil profesor de español, me confesó en secreto que todo estaba dispuesto para que él fungiera como chofer en el recorrido de Fuentes por el valle de Phoenix donde quería convivir con chicanos y paladear comida mexicana. Le propuse que me contara a detalle y sirviera como intermediario para ver la intrépida posibilidad de escabullirme, legal o ilegalmente, al auto fuentiano. Pero en el marasmo y ajetreo de su llegada me olvidé de todo y lo único que dictaba mi conciencia y emoción era asistir temprano a su primera aparición pública que, ¿detalle de su compromiso hispano?, fue una plática informal con los estudiantes méxicoamericanos de la universidad. Admiré de inmediato su sencillez en el vestir que me inspiró confianza para hablarle como si fuéramos casi amigos o por lo menos paisanos.  Esa mañana vestía él la guayabera blanca y un mezclilla levemente deslavado por el uso. Desde el pódium movía sus manos y su cuerpo mientras respondía o solicitaba preguntas en español, eso sí, ahora todo en español. Tuve, no obstante, a pesar de estar henchido de felicidad, una leve decepción porque el recinto no estaba lleno a su capacidad, ¿desconocimiento de la importancia de Fuentes o responsabilidad hispana de no ausentarse de los deberes?, observación que obviamente descarté de inmediato para concentrarme en su voz o preparar mis potenciales preguntas. Alrededor había unas mesas de manteles largos brillantes que sostenían las frutas más frescas de la temporada, señal inequívoca de que habría una informalidad más informal de la que sucedía en ese instante y que yo ya esperaba con ansiedad para siquiera mirar de cerca el brillo de sus ojos. Cumplí con mi autodeber de hacerle una pregunta que versaba sobre su misión cultural en angloamérica cuya respuesta más o menos intuía pero creía indispensable se aireara frente a los estudiantes hispanos. Luego de los protocolos finales muy pocos se avalanzaron sobre él y fue entonces que vislumbré la sorprendente realidad de que no sólo miraría de cerca el brillo de su mirada sino que iba a ocurrir un encuentro más allá del tercer tipo. Con cautela fui acercándome y mi mente era una caldera de ideas y cuestionamientos que se volvían un caos por el influjo de la emoción. Sin embargo, logré concebir el socorrido recurso de solicitarle un autógrafo que lo estampó en mi programa de mano a falta de mejor material. Cuando preguntó mi nombre aproveché para anunciarle además mi origen mexicano-sonorense, mis estudios y enseñanzas en Tempe esperando su aprobación como buscando la motivación definitiva que me disparara a continuar por rumbos literarios y vivenciales aún desconocidos. Fue gratificante escuchar que los intelectuales latinoamericanos en Estados Unidos tienen—¿tenemos?—el deber de impulsar el desarrollo de una mentalidad más abierta entre los anglosajones para el logro de una convivencia de entendimiento, pacífica y de respeto. Me dijo también que nunca había estado en tierras sonorenses a las que algún día le gustaría visitar ya que, entendí, alguna rama de su árbol genealógico se extiende por “a´i” por la región de Alamos.  Repitió la recomendación de disciplina,trabajo y estudio, el saber retraerse en soledad, para el logro de una aceptable carrera literaria. Se dejó estrechar las manos, saludar y sonreír, tomarse algunas fotos y, casi sin sentirlo, ante el ya inminente acoso de los otros, nos fuimos alejando irremediablemente hasta la noche siguiente cuando sólo pude verlo de lejos, enfundado ahora en un smoking azul oscuro acompañado por su afrancesada esposa, rodeado de la cúpula política y universitaria de Arizona que en ceremonia especial le entregaban reconocimientos, le rendían tributo, honores, aplausos, respeto, admiración, caviar, champagne, entrevistas, guardias de seguridad, gafetes de exclusividad, flashes, cámaras, todo, así, completamente inalcanzable en esa distancia de lujo y de recuerdos…

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Del libro De viaje en Mexamérica, más información aquí:

http://www.orbispress.com/imagenes/realidad/deviajeenmexiamerica.htm


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