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Soy mexicano, aunque me digan chicano

ENTREVISTA de Manuel Murrieta Saldívar

El doctor David Alberto Muñoz recién presentó el nuevo libro de cuentos México de mis recuerdos en Phoenix, Arizona y en la VI Feria del Libro de Hermosillo, donde fue muy bien recibido tanto por la crítica hispana de Estados Unidos y el público mexicano. El doctor Manuel de Jesús Hernández-G, del Departament of Languages and Literaturas de la Universidad Estatal de Arizona, afirma que la nueva obra se debe considerar en el contexto de los tres previos libros de Muñoz: Calzadas humanas (1998), una colección de cuentos; Mexicalipsis: Éxodo hacia la frontera (2000), una colección de ensayos breves; y México: Identidades sin fronteras, o Poniatowska y Zeta Acosta: La búsqueda de una identidad posmoderna y el desafío al discurso hegemónico nacional (2001), una breve disertación sobre el surgimiento, en su respectivo país, de una identidad posmoderna entre los mexicanos tanto como los chicanos. A base de una consciente inclusión de textos cuyo espacio monocultural—o un México defeño y rural o el sudoeste estadunidense—nos llama la atención a hechos ocurridos a ambos lados de la frontera, estas primeras tres obras presentan un sujeto binacionalmente dividido.

Por este motivo, el doctor Manuel Murrieta le hizo la siguiente entrevista:

MM: Doctor Muñoz, ¿qué quisiste transmitir a los lectores con México de mis recuerdos que ya está circulando y fue muy bien recibido, tanto en su presentación en Phoenix, como en la Feria del libro en Hermosillo?

DAM: El propósito es comentar por medio de la ficción, la experiencia del emigrante que no es chicano y que quizás ha dejado un poquito sus raíces mexicanas; nos hemos incrustado en una nueva cultura distinta a la de los años veintes o treintas del siglo pasado. Ahora existen ya profesionistas mexicanos en el mundo anglosajón, escritores que describen otras temáticas, ya no de jornaleros necesariamente. Más que nada, ése es el propósito con mi nuevo libro, comunicar las experiencias nuevas, creo que los emigrantes estamos creando una nueva cultura, “la cultura del emigrante”.

MM: ¿Quiénes esperas que sean los lectores? Muchas veces uno produce un libro y encuentra resonancia en distintos sectores que jamás se imaginó. Idealmente, ¿este libro está dirigido hacia quiénes?

DAM: Primeramente sería para los emigrados que viven del lado norteamericano de la frontera, los empresarios en pequeño, las familias establecidas, los estudiantes de universidad, los que sacan posgrados e incluso los jornaleros. Pero también, hay otro público en mente, el lector de México. Me explico: Estados Unidos tiene una característica muy curiosa, todo mundo lo crítica, el imperialismo yanqui, etcétera. Pero también, muchos quieren ingresar a este país. Entonces al escuchar en México a las voces de mexicanos que venimos, es como buscar una unión. A través de lo literario humanístico, el mexicano de México, con el emigrante que está viviendo aquí, se une con este libro. Yo llegué a Estados Unidos hace más de 28 años, y creo que mi voz todavía tiene resonancia mexicana, porque a pesar de tanto tiempo aquí, no he renunciado a mi cultura, a mi lengua, ni a mi manera de expresarme.

MM: ¿Y qué les plantea tu libro a los lectores latinoamericanos en general, a los que hablan español en el mundo?

DAM: El planteamiento, considero, es sencillo: descubrir que al ingresar a una nueva cultura haces raíces en ella, creas una nueva identidad. Pero también hay implicaciones de tipo político. Te puedo señalar el cuento titulado “Carta de un emigrante”, donde el personaje habla con un familiar de su México querido y le dice “yo sé que tengo mucho que no te escribo, pero me acuerdo de ti, no te olvides de nosotros paisano, porque nos sentimos todavía de nuestra etnia”. Y en la “Carta al presidente Bush”, un hispano expresa su desacuerdo con sus políticas, cree que por el hecho de ser de un grupo minoritario se le discrimina cuando en verdad somos los forjadores de estas tierras. Entonces, muestro una temática social, cultural, política, económica, donde hay un avance del emigrante, es como decir que ya no somos los trabajadores que sólo pizcamos fresas o lechuga y que nuestra cultura hispana puede cambiar eventualmente este país. Y lo puede hacer precisamente porque tomamos lo mejor de la cultura mexicana y de la anglosajona. Por ejemplo, mira, el anglosajón se encierra en su cultura de la legalidad, la ley al punto, la coma, todo tiene que ser legal en tanto que el hispano, el mexicano, somos el otro extremo, el “ahí se va”, el “mañana”, el “ay, ándale, hazme el favor porque soy yo”. Entonces creo que lo que los hispanos estamos descubriendo en Estados Unidos, es el valor de la legalidad, de saber apreciar las leyes, de no ignorarlas. Se da entonces un balance porque desafortunadamente lo que existe en nuestros países es la impunidad, la corrupción. Y aquí, en Estados Unidos, en medio de las injusticias que se cometen contra nosotros, estamos aprendiendo a valorar lo bueno que ofrece y adquirimos de los anglosajones.

MM: ¿Cómo puedes sintetizar la estructura del libro? ¿De qué se compone?

DAM: Son seis capítulos con unos veinte cuentos. Inicia con “Remembranzas” que básicamente son recuerdos, como todo mundo los tiene, en mi caso sobre mi México de antaño: la tiendita a donde iba todos los días, los caminos para llegar a la escuela o al trabajo. Es un México que quizás ya no existe, folclórico, su música, su tequila, sus tacos, es recordar de dónde venimos. En otro capítulo el migrante empieza a ver las dificultades que experimentamos en Estados Unidos y planteo que, queramos o no, los hispanos, los mexicanos, nos empezamos a aculturizar, a mezclar con la cultura chicana, hablar inglés, mezclar los idiomas, crear una nueva forma de expresión, pero ya luchando con las batallas que han luchado los chicanos desde hace mucho tiempo. Uno de los cuentos finales, le da título al libro, se llama “México de mis recuerdos”, donde un grupo de personas se van al “happy hour” todos los viernes. Es muy común ir al “happy hour” con los cuates por algunas horas y entonces aparece “el Miguel” que habla inglés como Moctezuma, no se le entiende lo que dice, menos cuando está borracho, pero intenta hablar el inglés. Está “el Mike” que habla inglés a la perfección tratando de ligarse a una gringa. Al final de toda la tarde, nos encontramos reunidos alrededor de un carro, recordando a México como no queriendo dejar la identidad que nuestros padres nos crearon, pero que es un México que sólo está en mis recuerdos, porque ya no vivo allá y mi realidad es otra.

MM: ¿Cuál sería la mayor dificultad que te representó escribir este libro?

DAM: Para mí fue el lenguaje. Hay cuentos donde intento mezclar y trato de ser tan fiel a la palabra, no a la palabra de acuerdo con la real academia española, sino a la palabra que habla el ciudadano, expresiones como el “ir pa’trás”, que a mí como me chocaba porque es una “pochada”, como diríamos en México. El mezclar eso de “vamos a ver una movie”, eso fue lo que se me consideró más un reto. Pero yo acepto estos coloquialismos porque los estoy viviendo, puedo mantener mi idioma, puedo mantener mis expresiones lo más puras posibles, pero a veces tenemos que ser sinceros, hay gente que no entiende cuando sale uno con palabras muy académicas, muy adornadas, para que me entiendan les tengo que decir “oye, vete pa’trás”, “oye ¿ya viste la movie esta?”. El lenguaje está en constante cambio.

MM: Eres autor de obras en inglés y en español, ¿qué aporta este nuevo libro a tu propia trayectoria literaria?

DAM: Este es el libro digamos más “achicanado” que he escrito, es mi transformación completa en el sentido cultural. Y quiero hacer hincapié en que, cuando voy a México me presentan como escritor chicano, ya no me aceptan como mexicano, aunque diga que lo soy. Y aquí no voy a dejar de ser un “wetback”, aunque soy ciudadano norteamericano. Entonces, la aportación es el reconocimiento del valor existente dentro de la cultura chicana, pero una no vista a través de los ojos de un chicano, sino de un emigrante que llegó, que vivió y experimentó la discriminación, que no sabía hablar inglés cuando llegó, esa es la visión, creo que es la aportación.

MM: ¿Dónde o cómo localizas a tus personajes?

DAM: En las calles, en los bares, en las estaciones de autobús. De la región suroeste de California, Arizona, Sonora, Baja California, porque es el área donde se realiza más la cultura del emigrante, a mi me gusta escuchar a la gente, salir a tomar un café, una copa, simplemente escuchar, porque al hacerlo uno entiende las experiencias de los demás. Y como escritor, mi labor, considero, es escribir vida y, si es ficción, basada en la realidad, una persona va a leer “ah, mira, este don Paco se parece a mi abuelo”, o “mi papá era igualito a Pepe”. Mis personajes vienen de la vida real, vienen de lo que vivo, de lo que veo, de lo que escucho y obviamente, ya con las herramientas que nos proporciona la literatura, intento proyectarlo de una manera artística y creativa.

MM: El doctor Manuel Hernández, de Arizona State University, en entrevista para Culturadoor (# 46), te ubicó junto con Jorge Ramos, periodista de Univisión, como parte de la nueva generación que refresca la literatura chicana. ¿Coincides con esta opinión?

DAM: Primero tengo que agradecer al doctor que me haya mencionado, el hecho de que considere que mi trabajo ya es una aportación, es hasta un elogio. Creo que nuestra literatura no es netamente chicana, este discurso tiene muchas particularidades, está el obrero de Miguel Méndez, el pocho de José Antonio Villarreal con sus temáticas de opresión. Lo mío es un poco distinto porque, como ya mencioné, me refiero a mexicanos que la están haciendo en este país a niveles empresariales y profesionales. Estoy de acuerdo en que estamos refrescando al vocabulario chicano, pero sin embargo me gusta pensar que sigo siendo mexicano, mi identidad está muy bien anclada ahí. Sí reconozco mi aculturación, incluso ha cambiado mi forma de expresarme, mi modo de vida, pero me gusta al menos sentir que soy mexicano, que nací en el sector de Miguel Ángel de Quevedo de la Ciudad de México. Y aunque a veces ya no logro entrar en mi propia cultura, mi identidad está anclada ahí, para bien o para mal.

MM: Pero eres ciudadano de Estados Unidos y de origen mexicano, ¿por qué no te consideras chicano?

DAM: Entiendo la experiencia chicana, pero mi identidad no está entre México y la bandera de Estados Unidos. Soy ciudadano de este país, pago mis impuestos, pero para mí la patria es sentimiento, pasión, calor, como el simple hecho de escuchar el Himno Nacional Mexicano, recordar que llevaba la bandera o daba órdenes a la escolta los lunes en la primaria. Eso me sigue emocionando, se me salen las lágrimas, ¿por qué motivo? En realidad no lo sé, es una pasión, algo que nos inculcaron mucho. Y ahora llega el momento en que me dicen “eres chicano”, bueno, está bien, no problem, soy chicano, soy mexicano, hasta chino si quieren. Pero primero soy escritor tratando de proyectar todas esas experiencias que se conjugan por azares del destino, por suerte o por voluntad divina. Si yo me hubiera quedado en México hubiera sido otro, hubiera conocido la frontera de Estados Unidos pero sin echar raíces, y sí, le confieso, estoy agradecido con Estados Unidos porque me dio una profesión, una educación. Sin embargo, también critico los poderes políticos, aunque sería hipócrita si me basara sólo en la postura de “pues chale con los gringos”. No, no llego a tanto, como lo hacen muchos chicanos que considero radicales; en ese punto, pues, no soy “anti”, me gusta escuchar los discursos, algo así como siguiendo el pasaje bíblico del apóstol Pablo cuando señala “examinarlo todo y retener lo bueno”. Hay cosas muy buenas en la cultura anglo, en la cultura chicana y obviamente en la cultura mexicana.

MM: Tienes formación académica de teólogo, de filósofo, pero también has estado en grupos cristianos. ¿Cómo influye esta formación en tu libro?

DAM: No creo que nadie pueda negar su herencia, es decir, toda mi educación. Mi doctorado es en filosofía de religión, tengo una maestría en teología, entonces es imposible deshacerse de eso. La influencia más grande que tiene sobre mí es básicamente mi creencia en Dios, creo que existe un poder superior al ser humano, es un ser no limitado por los dogmas religiosos, ni protestantes, ni judíos, ni católicos, ni hindúes, ni del Islam. Si creo que existe un Dios y el hispano es muy creyente. En los cuentos surge la Virgen de Guadalupe, se ven protestantes que viven la experiencia de la migración. Entonces tener fe, por ponerlo de manera sencilla, es algo que viene de mi educación teológica pero también soy filósofo, enseño lógica, el racionalismo del siglo XVIII, el empirismo del siglo XVII. Con todo esto, y cuando mi mente no puede pensar, me refugio en mi fe de niño y vivo muy feliz, no cuestiono nada, cargo baterías y ahora sí, a seguir cuestionando, a seguir luchando por conseguir la verdad la cual, por supuesto, no creo que sea absoluta. Ya lo dijo el filósofo Kierkegaard, la verdad es subjetiva, la verdad está sujeta al individuo.

MM: Finalmente, ¿qué les dices a los lectores? Tu obra es del tipo bifrontera, no fronteriza, es decir, refleja la situación de ambos lados de la línea. Los lectores de esta zona son así, bifronterizos en constante cruce y comunicación, viajando, enviando dinero, llamando por teléfono, viendo televisión. ¿Cómo los interesas para que se acerquen a tu obra?

DAM: Creo que hace falta mucho intercambio cultural. Tenemos que bajar las barreras, pero no necesariamente esa barda física que divide, sino la frontera cultural, el “cinismo cultural” donde el lector dice “bueno, yo soy chicano, yo voy a leer puros escritores chicanos, voy a leer nada más a Saúl Cuevas o a Miguel Méndez”. Y luego el de México va a decir “yo nada más voy a leer a Juan Villoro, a Carlos Fuentes o a Rosina Conde”, no. Tiene que existir un intercambio, un interés de ambos lados por conocer las experiencias de cada visión. Y luego se realiza la literatura, pero ya no bajo los ojos del chicano, del mexicano, del intelectual o de la gente popular, sino más bien del individuo. Creo que en esencia eso es la literatura, compartir e ir entendiendo más a fondo las preguntas de ¿quiénes somos? ¿qué nos está pasando? Pero si nos encerramos en nuestros cubículos, en nuestro círculo, “no, nomás nosotros los de la real academia española”, “los chicanos aquí nomás”, “no pues aquí sólo los mexicanos”, “los salvadoreños”, “no, nada más gringos”. Es indispensable un intercambio cultural y creo también que existe mucha discriminación e indiferencia entre los grupos. Y a todos los lectores les digo pues hay que leer, hay que leer todo lo que caiga en nuestras manos, porque al entender esas experiencias vamos a poder comunicar nuestra visión del mundo de una manera mucho más clara.

Contacte a David A. Muñoz: dmunoz7@cox.net
Contacte a Manuel Murrieta: editor@culturadoor.com
Para adquirir México de mis recuerdos y otras obras del autor llame:
En Phoenix, Arizona: 602-264-5011
En Hermosillo, México: 662-285-1080.
En Internet: www.orbispress.com



3 Comentarios a “David Alberto Muñoz, doctor en filosofía y escritor hispano”

  1. Por: Efrén Díaz C. en Sep 23, 2011

    Interesante entrevista Manuel, coincido con el Dr. Muñoz en que no es necesario encerrarnos en enfoques de soy mexicano, no leo a chicanos o viceversa; es imporatnte para mi que tengo familiares cercanos en los EU, no despreciar lo anglosajón sólo por serlo, como tampoco negar nuestra mexicanidad cuando andemos en el “otro lado”, para “barreras” ya basta… es mejor la aceptación de lo que somos, de lo que amamos.
    saludos
    Efrén Día Cubillas
    efren7898@prodigy.net.mx

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